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AUN QUEDAN RAFAGAS DEL DIA DEL AMOR

Bueno, y ya pasó el día de las enamorados. Ese dichoso día de gloria para unos pocos y angustia para muchos, porque incluso los enamorados también presentan angustias y dudas ante lo que se espera de ellos el día del amor. Un día al año, un día en el que deben lucirse, ofrendar, recibir y donde se supone todo debería ser idílico, luego…


Hace miles de años que se habla y se escribe acerca del amor, y no cesará probablemente porque es algo único y de índole “humana”.


El desarrollo de la ciencia insiste en “animalizar” al humano, en obviar su diferencia con el resto, incluso pretende responder desde las neuronas al enigma del amor y los enamorados, enigma hasta para sus propios protagonistas.


Se le puede preguntar a alguien, ¿y qué te enamoró de zutanito/a?, y encontrarte con un: “ay, pues sus ojos, sus manos, su sonrisa, lo simpático/a, lo atento/a…,¡ay!, la verdad, no sé…, pero es que es tan...(y suspira)”. Y es que en realidad, no lo saben con certeza. Porque lo que resultó mágico es de índole inconsciente, la persona no sabe responder con exactitud, y aunque crea tenerlo claro, luego duda.


¿Cuándo no dudar en una relación?, el enamoramiento de pronto nos hace creer en la ilusión de que se ha encontrado a otro que “complemente”, pero al poco ya resulta evidente su imposibilidad. Porque si algo promete el amor es eso, imposibilidad, imposibilidad de complementarse, de igualarse, de fusionarse más allá del pensamiento. Sin embargo, amar es posible a pesar de su incompletud.


Aunque la modernidad pretende poder comercializar el amor, sus virtudes y ofrendas, sólo ofrece placebos, insolubles además, ante la fuerza del amor, de ese que cala hasta los huesos, que quita los sentidos pero que tampoco garantiza nada a pesar de su grandeza. De ahí que surjan estos antídotos para la vulnerabilidad que el amor ofrece a sus protagonistas, pero malamente se conforman, tendiendo a la búsqueda incesante de algo que colme esa sensación de separatidad y desarraigo que sólo el amor, a pesar de sus engaños puede dar. El deseo impulsa el motor, pero es el amor quien ofrenda, he allí una de sus diferencias.


Jaques Lacan inquieta con sus palabras en el seminario 20, llamado “Aún”, cuando alega que bienaventurados los enamorados ante fatal destino, cuando conceptualiza el amor como el encuentro entre dos exilios. Sin embargo se trata de eso, de dos extranjeros que a ratos, son capaces de colmarse…


El amor permite y evita en los sujetos su industrialización. Pero además, deviene seres valientes, sobre todo, valientes. Un amor quizás posible, guardado en la solapa puede ser muy romántico, pero también melancólico y paralizante. A pesar de sus vicisitudes, sin lugar a dudas, en el amor vale la pena correr a su encuentro, y a pesar de que ese sujeto en realidad sea “otro”, “quererle”.

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EL HUMOR O EL "JIJIJAJA"

El humor, lo cómico y el chiste han sido temas de estudios en todos los tiempos, incluso temas de interés para el psicoanálisis y al que Freud también dedicó estudio y posteriores escritos al respecto.
Hace un tiempo, estando en una entrevista donde conversábamos acerca de las dificultades que imperan en la actualidad y la mirada que se puede dar desde el psicoanálisis al respecto, me instigaban una y otra vez al humor y a chistes difíciles que hacían que lo conversado se volviera complicado e inentendible para el auditorio.

Aquello iba mucho más allá de la imagen que se suele tener de los psicoanalistas como neutros y sobrios, una cosa era sonreír y otra hacer parodia de lo difícil.


Insistían en que: “la gente lo que quiere es el jijijaja”. Fue una entrevista difícil pero a pesar de ello, salimos más o menos airosos de tan comprometidas y difíciles formas de comentar la actualidad, además intentando llevarlo a un terreno personal que en nada podrían arrojar veracidad o no al tema en cuestión.


Me quedé pensando varios días en ello y en aquella demanda como demanda contemporánea e insistente y un tanto macabra también.


El humor resulta como mecanismo inconsciente que permite una salida amable ante las dificultades entre el yo y el todo poderoso, figuras superyoicas, de autoridad, por mencionarlo de algún modo para que resulte entendible. En medio de una parodia se logra conquistar esa angustia y se ridiculiza, como una estrategia del lenguaje. Una herramienta de los efectos de la cultura en los sujetos que cuando sucede, resulta útil en la vida cotidiana y en especial en un proceso analítico, como también los lapsus y los fallidos.


El chiste sin embargo nos suele hacer reír por su relación con lo prohibido. Suelen ocultar algo de manera textual y funcionan más a nivel de metáfora. Cuando hay que explicar un chiste pierde todo su encanto, en el momento que hay que desvelar aquello oculto y sólo imaginado que hacía que tal comentario fuera jocoso.


Resulta también interesante como un medio a través del cual se dice aquello que no se atreve a decirse de otra manera.
Supongamos que se encuentran dos personas y una de ellas va totalmente vestida de negro y al saludarse con su conocido éste se le ocurre decirle en forma de chiste y con una sonrisa, que vaya color con el que se vistió hoy, que parece un “zamuro”, pero con la misma sonrisa continua su alegato para decir que el negro “también” es un color elegante.  Sin duda, encontró la forma de decirle “zamuro” y que no le gustaba nada como iba vestido, pero sin decirlo directamente. Si un tercero hubiera presenciado la escena quizás se hubiera sonreído y con suerte sus mismos protagonistas, también. Algún otro se hubiera irritado y no con falta de razón, a lo que seguro le hubieran alegado ¡falta de humor!


Lo cómico es diferente, tiene relación con la imagen, un ejemplo casi textual, la caída de alguien al andar suelen ocasionar risa, se le atribuye algo cómico, pero esa caída en realidad produce una angustia que se la ha compensado con la risa.
La risa es un rasgo humano, Nietzsche decía que “La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”.La risa además suele ser contagiosa. Pero hay que separarla del sarcasmo y la ironía que hablan de algo diferente, más bien de una impostura.


Es cierto que utilizar el humor como medida de alivio ante el sin sentido de la vida, en ocasiones puede ser útil, pero utilizar el “jijijaja” como medida de evasión ante esa realidad que impera y resulta dolorosa, sólo es un modo de permanecer en esa situación, de sumergirse más ante esa dificultad y no permitirse un espacio de pensamiento y elaboración subjetiva que permita que la risa y el humor puedan ser protagonistas de nuevo, pero desde la seriedad que compone el humor y no desde su propia parodia.


Todos habremos conocido esas personas que ríen alto, que gritan mucho para llamar la atención y tratan de mostrarle al mundo lo muy felices que son, y después tienen esas caídas depresivas que muchos habremos podido constatar, incapaces de enfrentarse a sus propias pérdidas y angustias.


El recurso del humor nos lo devuelve la infancia en su mayor exposición, os recuerdo la película “La vida es Bella”, escrita, protagonizada y dirigida por Roberto Benigni. El humor fue sin duda un recurso útil, que le permitió a aquella familia sobrevivir anímicamente ante la inclemencia de la barbarie humana.


Pero el humor es cosa seria y para tomárselo en serio también.


El humor es bienvenido, su justa medida es difícil de encontrar, al igual que en la música, lo que a uno le calma a otro le angustia, sin embargo, el humor como herramienta es deseable, pero que se convierta en un “jijijaja” que nada ofrece y todo evade, sólo es pulsión de muerte disfrazada de alegría. Humor sí, “jijijaja” ya veremos…

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"OTRO" NUEVO AÑO

Y comienza “otro” nuevo año según marca el calendario y parecen confirmar los efectos de las fechas decembrinas. Una vez pasado la efervescencia y esfuerzos de las Navidades, toca toparse con el nuevo comienzo, sin embargo no deja de ser eso, “otro” año, ajeno y sin garantías. Otra cosa será qué se hace con él.


Es común escuchar y observar las esperanzas depositadas en cada nuevo año, como si éste fuera a “traer” “no sé qué” de lo esperado, pero aunque sea “que traiga algo”, dicen algunos,  y ahí es donde el nuevo año se convierte simplemente en uno más, alejado de la posibilidad de “conseguir” más que de esperar.


Este decir popular ante las personas que atraviesan adversidades, tales como “debes pasar página”, “olvida tal cosa”, “piensa en positivo y verás que lo consigues”, obvian la contingencia de lo humano, su complejidad y su inconsciente. No existe el fin y el comienzo sino un proceso de continuidad, con lo cual el nuevo año será una continuidad de lo que se venía forjando y lo que se es capaz de conquistar y lograr. Pero una vez más es un trabajo único, que amerita esfuerzo y no una dádiva de cada año que comienza.


Pensar en aquello que se quiere alcanzar y poder arrancar para ir a su encuentro resulta mucho más rentable, que realizar una pequeña apuesta a ver si toca la lotería del éxito, del logro, del encuentro, porque el “deseo” no funciona así.


A veces escucho comentarios metafóricos como “sé que no lo conseguiré, pero moriré con dignidad”, o “morir matando”, o “aunque muera en el intento me lanzo”, todas estas frases, por mencionar algunas, llevan implícito el fracaso y la pérdida, el sujeto “lo sabe” y es fácil dejarse llevar por este camino de goce. Dicho así, ese sería un camino sólo para eso, para no poder. Y aunque parezca un sin sentido, así funciona a veces el inconsciente. Hay que tener cuidado con este tipo de afirmaciones, pues el inconsciente definitivamente no tiene buen humor y si hay algo es consecuencia del discurso. Entonces no se trataría ni de lanzarse al vacío, ni de esperar que el cosmos a través de la mente positiva obsequie una vida mejor en aras del yo ideal.


Lacan decía: “Sólo se siente culpable quien cedió en su deseo”, no sentirse culpable o arrepentido por haberse despojado del camino del deseo, es lo mejor que se puede intentar, a pesar del esfuerzo, de lo poco gratuito que contiene, de lo fallido a su encuentro, que sólo resultará en el mejor de los casos en una lanzadera “ad infinitum”.


El nuevo año, como cada día, trae la opción como oportunidad de elaborar las complejidades de los recorridos para poder realizar de manera activa una siguiente apuesta,  con sus nuevas complejidades, en lo esperable, un tanto menos mortíferas y más ligadas al acotado placer.

¡Feliz Año Nuevo!

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COMPLICADO SI, DIFICIL NO

Hay personas que creen que las relaciones son complicadas en general, luego hay otro grupo que alega que no es tan complicado, que cuando las cosas funcionan los problemas se disipan.


Hay un dicho popular aún más complejo que dicta: “Hablando se entiende la gente”, y así muchos sujetos se quedan pensando qué les pasa a ellos que en ocasiones, por mucho que se converse sólo parecen enredarse más las cosas.


Las relaciones son complejas “siempre”, por el simple hecho de que aquello que nos diferencia del resto de los animales nos suprime esa simplicidad puramente animal, es esa benevolencia y dificultad a la vez la que se le otorga a “lalengua”. En psicoanálisis las palabras nunca pueden definirse de manera genérica y es por ello que muchas veces en sesión se le invita al analizante a que alegue un poco más sobre aquello que menciona, a fin de poder abrir el paso al discurso particular de lo que para él/ella significa tal y cual cosa. Tal dificultad nos lleva a un camino de vacío e imposibilidad en cuanto a lo pleno.


Las personas buscan continuamente situaciones deseadas con las cuales en ocasiones sólo se coquetea y en otras parece que se logra, pues el deseo se muestra siempre insatisfecho en cuanto a su alcance imaginario, lo que permite que el proceso se relance una y otra y otra vez.
Vivir es complicado, contiene frustraciones constantes, momentos repetidos de dudas, desánimos, enfermedades, cambios que no se pudieron divisar, fallecimientos. Eso es lo que supone estar subido a la vida, y en medio de todo eso complicado, existe la  contracara, y se oye una melodía de Mozart, o se lee una poesía que emociona, se disfruta una película, surgen las risas ante las ocurrencias de los niños, se disfruta el sonido del mar y el viento de la tarde. Ya Freud nos recordó que en el paciente hay que eliminar la frustración innecesaria, pues con algo de ella habrá que lidiar en el empuje de la pulsión de vida.


La película que suelo mencionar El secreto de sus ojos”, de Ricardo Darín, tiene un final magistral. Tras más de veinte años de imposibilidad para él de poder permitirse iniciar una relación con la protagonista de la película, ella pues se casó, tuvo hijos, aunque siempre permaneció cerca de él,  hasta que al final de la película, por circunstancia que acontecen y le hacen a él poder elaborar algo particular, acude a verla y al mirarse ella entiende lo que ya venía a decirle y se adelanta dicéndole: “será complicado”, a lo que él responde “no importa”, y ahí se cierra la puerta para un intenso y mágico final. Lo complicado permite, lo difícil suprime.


Lo difícil tiene que ver con las situaciones que se tornan inalcanzables, donde el esfuerzo nunca será suficiente. El asunto es cuando se insiste en poder entenderse, lograr, acercarse a alguien, relación o situación que se torna difícil, pues probablemente lo que empuja allí poco tiene que ver con el yo voluntarioso.


En la actualidad, las relaciones cada vez están más difíciles porque en su ímpetu de que no sean complicadas, se convierten en imposibles. Hay un cántico utópico y contemporáneo que dice que sólo se debe consumir alegría y bienestar y que cuando las cosas se tornan complicadas mejor dejarlo porque hay más lugares donde asistir.
Pero la felicidad tangible suele ser modesta y  la imaginaria suele ir ligada al debería de ser, que nada quiere saber en cuanto a lidiar con los agujeros de la imperfección.


Cuando la gente se relaciona sin más, ponerse difícil es un método común de desapego y esquivo ante las complicaciones inherentes a las relaciones. Pero en casos extremos, llega a convertirse en un modo errado de vínculo, y es cuando el amor y el drama se entrelazan en las relaciones de maltrato por ejemplo, como un modo de sostener lo que de otra forma se diluye.


Hay más formas donde las cosas se pueden poner difíciles y tienen que ver con el miedo y la angustia, tan diferentes entre sí, porque el primero protege y el otro sólo tiene la función de boicot al deseo, en medio de artificios imaginarios de: que pasaría sí…, cómo quedaría sí…, quitan el sueño y alejan a los sujetos del encuentro.


El miedo y la angustia son libres, conviven en casi todos y hacen sus vericuetos en todo tipo de relación, personales y profesionales, y puede que en el campo del trabajo cierto punto de temple puede profesar seriedad e inspirar respeto, pero cuando esa posición se mantiene en el plano personal, sólo rompe en medio de entramados discursos duros y espacios donde las posibilidades se quedarán destinadas a caer, sin mencionar las consecuencias de la cosificación del otro.


En la apuesta del vivir, lo complicado rondará antes o después, y no hay presagio suficientemente alto como para predestinar lo siempre sorpresivo del encuentro entre los sujetos. Pero cuando las cosas o personas se tornan difíciles, poco tratables o alcanzables, habrá que apearse a cuestionar-se para qué insistir y de ahí poder emprender nuevos andares.
Comparto una canción de Pasión Vega llamada María, que relata esa posibilidad donde María se apea de lo difícil para comenzar desde lo complicado que ya comprende un nuevo inicio de vida. Lo complicado apertura, lo difícil aborta.


https://www.youtube.com/watch?v=FCGSFlY8IQ4

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EL DUELO COMO PARTE DE LA VIDA

El duelo es un tema en el que suelo insistir en conferencias, formaciones, clínica y vida en general.  El duelo forma parte de uno de los temas más importante a tener en cuenta y que en general los sujetos tratan de obviar.


Hablar de duelo es hablar de un proceso que forma parte de la vida y con el cual tendremos que lidiar siempre.


Por poner un ejemplo sencillo, la ad
olescencia no deja de ser un período de duelo para los jóvenes, es un período difícil donde se deja de ser niño para convertirse  en adulto, ¡por fin mayor! Pero dejando atrás tantas virtudes que conformaban la niñez.
Irse a vivir con la pareja, casarse o simplemente emanciparse, incluye un proceso de duelo aunque se desee dar el paso, incluye cambios que aunque sean bienvenidos no siempre son fáciles de manejar.


Y posteriormente hay duelos más complejos, como la pérdida del trabajo, las separaciones, la pérdida de la salud y como un punto culminante, la muerte. Otras situaciones más específicas son el duelo que supone en terapia la propia historia personal. Lo que no fue, las personas que se creía que…


Hace poco asistí a un espacio de duelo, es decir, un espacio de despedida y tristeza, por la muerte de un ser querido de una amiga, y ella me decía lo bien que se sentía de que tantas personas la estuvieran acompañando en tan dolorosa pérdida, pero por otro lado cuántas cosas le sorprendían. La llamaban personas que vivían en otras partes del mundo a darle el pésame, algunas de esas llamadas eran esperables, otras la sorprendían, sin embargo de pronto recibía mensajes de condolencias de personas queridas que vivían en su misma ciudad o país pero que no eran capaces de levantar el teléfono, dichosa modernidad del “whatsapeo”.


Y luego venían los comentarios muchos de ellos tan desafortunados, como por ejemplo: “no llores por…, que ya dejó de sufrir”, y ella aclaraba: “pero si me parece bien que dejara de sufrir, pero lloro por mí, que le voy a extrañar, que ya no podré oírle ni abrazarle”.  Y otro insiste: “no se puede ser tan egoísta, ya vivió lo que tenía que vivir” o “ya conocías bien a…, seguro no le gustaría verte llorar, anda, sécate esas lágrimas, hazlo por él/ella”. Y la persona estupefacta responde una y otra vez que ciertamente aunque la persona fallecida ya estaba muy enferma a ella le duele SU pérdida.


Pero vivimos una generación donde la palabra “pérdida” está mal vista, no hay cultura del duelo y de lo que supone poder atravesarlo para un mejor bienestar.


Hay estructuras psíquicas que no son capaces de atravesar el duelo, al perder algo o fallecer alguien querido, algo de la persona se pierde y se desvanece, le es imposible de separar lo propio del otro, son los casos de melancolía por ejemplo.


Pero en el caso de la vida cotidiana de la época actual, estados o palabras como sufrir, perder, llorar, pasar un mal momento, están invitados a reciclarse prontamente, y no sólo por seguir la vida lo mejor que se pueda sino por vivirla con “ÉXITO”, eso quiere decir, llorar lo mínimo, perder lo mínimo, sufrir lo mínimo sin importar bien las causas. Y así vemos como personas que se han separado, las amistades insisten en invitarles a que “liguen” de nuevo, si lloran por la muerte de alguien pensar que ese alguien no querría verles así, o que el fallecimiento de alguien mayor y enfermo debería suponer menos dolor por lo esperable de la pérdida, sin embargo, no deja de ser una pérdida irreparable de un ser querido que encima incluye la dificultad de sentir cierto alivio y también mucho pesar.


Los duelos siempre son complejos. La Dra. Elizabeth Kubler Ross, psiquiatra suiza, que dedico la mayor parte de su vida al trabajo con moribundos y que tenía  grupos de duelo en diferentes parte del mundo (aún se mantienen), concluyó que existen cinco etapas por las que todo sujeto pasará ante una situación de pérdida,  y esas etapas son:
Negación
Ira
Negociación
Depresión (que yo la traduciría por tristeza, la depresión clínicamente hablando es otra cosa)
Aceptación

Nuestra sociedad crea muchos adeptos a la depresión más que a la tristeza, pues al insistir una y otra vez a negar el dolor y la pérdida, los sujetos se sienten confundidos, y excluidos de una especie de tribu feliz y exitosa, medida por la sonrisa intacta, el coche, el dinero, la ropa, los altos cargos, la economía fluida y la familia perfecta, aunque todo esto pertenezca más al “como sí”, es decir, al teatrillo que a la realidad. Se obvia que el que tiene altos cargos debe asumir una cantidad de responsabilidades y de lidiar con una transferencia negativa inherente compleja de lidiar.


El éxito es bienvenido, pero no llega sólo, amerita mucho esfuerzo y sobre todo mucha pérdida, de intentos fallidos, de tiempo invertido, de estudio, de dedicación. Y si algo caracteriza a este tipo de sujetos que se encuentran bastante amigados a sus vidas pese a las dificultades es su capacidad para atravesar las dificultades, pero no desde la negación prolongada, sino desde el proceso de permitirse complejos momentos de duda, de fuerzas caídas, de tiempo para pensar y elaborar situaciones y entonces sólo desde ahí poder seguir.


La conversación que más agradeció mi amiga ante la pérdida de su familiar fue con una persona que conoció al difunto hacía muchos años, en seguida que supo que había fallecido fue a verla y comenzaron a hablar de los grande que había sido esa persona en vida, del cariño al recuerdo de los buenos momentos compartidos en su día, se reían recordando anécdotas a pesar del dolor de su ausencia. Era difícil, se mantuvieron un rato porque mi amiga no tenía muchas fuerzas, la otra persona se percató y le dijo que fue un placer haberle conocido, que lamentaba tan triste momento y que simplemente se mantenía allí, cerca de ella, en silencio. A veces no hace falta más.

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EXTINGUIR-TE

Extinguir”: ahogar, aniquilar, sofocar, abortar, frustrar, reprimir…

Hace ya unos años estaba en una reunión de padres, casi todos novatos, junto a un psicólogo que explicaba cómo reaccionar y qué medidas tomar ante las actitudes de sus jóvenes hijos de “dos años”. Recuerdo cuando comentó que cuando los padres no quisieran atender algunas de las peticiones de sus hijos procedieran a “extinguirlos”. Me quedé atónita y al finalizar la reunión me acerqué al ponente y me presenté, fue muy respetuoso ante mi posicionamiento como psicoanalista. Le pedí que me aclarara por favor qué quería decir con eso de  cuando los padres “no quisieran” atender a la petición de sus hijos, me dijo que se refería a que los niños son pequeños tiranos que demandan una especie de esclavitud en los padres que estos  no siempre deben acatar. Algo de razón llevaba, pero aún así no me encajaba su explicación. Le pedí una última aclaratoria sobre la palabra “extinguir”, se rió, me dijo que era una forma de hablar, quería decir, ignorarlos, no atender a sus lloros y cosas por el estilo. ¿Extinguir? le dije, muy seria. ¿Extinguir? Me despedí y me fui, él se quedó algo incómodo por nuestra conversación. Extinguirles, es decir, Ahogar-le, sofocar-le, abortar-le…, aniquilar-le.

De todos es sabido que vivimos una era de soledad y egoísmo acrecentado en aras de eso que modernamente se llama “individuo”, dejando al “sujeto” en vocabulario casi siempre psicoanalítico o de otros que lo mencionan sin saber la verdad que están enunciando.
En una época marcada por encuentros y desencuentros fugaces generalizados, el otro día me hablaba alguien de lo mal que se sentía por haber terminado su larga relación de “un” mes. Le dije que entendía que se sintiera abatida, pero ¿larga relación? Me miró sorprendida y me dijo, “larguísima, me suelen durar días o a lo sumo una semana”.

En la consulta e incluso mi entorno lo escucho sin cesar y he tratado de detenerme más a escuchar en mis propias experiencias de vida, clínica y amistades acerca de este fenómeno que acompaña a esta forma de relación escueta que trata de “extinguir” al otro cuando ya no le encaja.

Los hijos son una responsabilidad que implica reprimirse, fastidiarse, aguantar, servir, ayudar, acompañar, atender, incluso cuando no se tienen ganas, y si hablamos de un niño de dos años ya no creo que haga falta aclarar más. Aunque la demanda del niño sea inadecuada al momento, habrá que “educarle” a través de la “atención” y no dejarle en un abismo que su pequeña cabeza no puede comprender. Necesita guía.

En cuanto a los adultos, existe un intento siempre fallido de poder apaciguar de alguna forma esa soledad insondable del ser, cada vez más abismal si se pretende soslayar a través del consumo. Consumo de cosas, consumo de personas. Y es que en esta época  individualista, se pretende casi de manera anárquica soslayar la diferencia, la ambigüedad y la vulnerabilidad, humana en sí con utópicas promesas.

El enamorado es humilde, implica un espacio de reducción de su propia presencia y existencia para que se sostenga la del partenaire,  siempre diferente, simplemente “otro”.

Hace poco escribí un relato breve titulado: “Con el mismo amor con que se toma la mano se ha de soltar”. ¿Por qué?, pues porque en la mayoría de las ocasiones, eso que nos hace acercarnos a alguien o alejarnos del mismo, tiene más que ver con la propia particularidad que con el otro. El amor es narcisista y busca paliar de alguna manera aquella instancia perdida que ciertamente el enamoramiento es el que mejor alivia, pero no “extingue”.

Cuando escucho una y otra vez y hasta he podido vivirlo en distintas formas de relación, no sólo de pareja, sino familiares, de trabajo, a alguien que reacciona de forma visceral ante lo que considera un plantón insoportable a su demanda y responde aniquilando a ese otro de su lista de redes sociales, teléfono, whatsapp y todos los medios informáticos que existen, no sólo buscando la extinción del otro, sino que además, quieren hacérselo saber.  En realidad está prefiriendo ignorarse cuando ese otro  ha dado en su talón de Aquiles, en sus propios miedos y  deseos.

Porque retirarle “la palabra” a alguien o eso que llaman “hacer el vacío” es uno de los peores castigos que existen, y aquí rememoro la magnífica película protagonizada por Ricardo Darín “El secreto de sus ojos”, donde el asesino apresado hacía 20 años y encarcelado en un espacio de unos 6 metros cuadrados le pide a Darín que le diga a su verdugo: “que por lo menos le hable”. No es lo mismo ignorar a alguien que extinguirle. En el primero hay indiferencia, en el segundo existe la intención, dolor, rabia, miedo o casi siempre “angustia”.
Me parece innecesario añadir que aquí no me refiero a situaciones tangiblemente indeseables e insostenibles que puedan llevar a tal situación de supresión del otro, tales como situaciones de Mobbing, maltrato, acoso o situaciones similares. Aquí me refiero a casi el día a día común de usar y extinguir al “otro”, un lamentable refinamiento a lo que sucedía hace poco de usar y tirar.

Bien sabemos que en psicoanálisis el significado de una palabra nada tiene que ver con el significado subjetivo  que cada quién le otorga, sin embargo, me parece interesante enunciar como la RAE define la palabra “extinguir” a modo de ejemplificación de lo que quiero transmitir porque permite pensar en más cosas. “Extinguir: Cesar el fuego, la luz. Hacer que se acaben o cesen cosas que desaparecen gradualmente. Acabarse, vencer”.

En estas relaciones desechables tan cotidianas -no siempre tan cortas-, donde la frustración -que considero forma parte del buen vivir- está mal vista, pareciera estar autorizado un mínimo espacio con ese otro aún poco evidenciado en cuanto a su inexorable diferencia, absorberle todo aquello que se cree en común y luego extinguirle.  Antes de que empiece a frustrar cierto nivel de confort personal que toda relación corrompe, en especial relaciones de esas que te hacen debatirte y pensarte. No me refiero a esas relaciones sostenidas por tantas otras razones que poco tienen que ver con el deseo. No el deseo libidinal exclusivamente dicho, sino lo que en psicoanálisis se entiende como deseo.

Pero el Principio de Nirvana que muchos han oído mencionar y que Freud ya recogió en su día, plantea una dificultad más. Mientras que los organismos propiamente dichos, buscan frenar la extinción a través de la adaptación, los sujetos, seres parlantes y en consecuencia limitados, pueden buscar la extinción del otro desde un punto más complejo del que vengo mencionando.
El Principio de Nirvana se entiende como los esfuerzos de la psique por eliminar o reducir al máximo posible la tensión surgida por la excitación. Pero la excitación y toda su efervescencia también la produce el placer, entonces estaríamos hablando nuevamente de un exceso de goce, es decir, de aquello exacerbado en la pulsión de muerte. Extinguir aquello que devuelve placer. ¿Por qué?, porque el placer implicará también frustración, límites, contiene esfuerzo y un estado de alerta para no caer en los excesos de los goces, siempre invocantes.

Extinguir a alguien, en su tendencia radical –de pulsión de muerte- de llevar toda excitación y todo deseo a nivel cero. Y es que el placer, aún con sus dificultades invoca a la vida. Pero los goces, fácilmente confundibles, siempre invitan al vacío, a la parálisis, al punto muerto.

Tanto en el trato con los niños, como posteriormente entre adultos, sigo considerando una frase llena de verdad la expresión de amor en italiano. No vale ti voglio, sino, ti voglio “bene”.

Ti voglio bene=te quiero bien, es decir, me limito, me frustro. Extinguir algo propio para que el otro ex-sista, es decir,  tenga realidad, aunque desencaje con lo imaginado.

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UN DES-ENCUENTRO CON "LO REAL"

Este artículo comenzó en media de una madrugada cualquiera, donde las noticias de la noche ya habían sonado y donde las noticias internas comienzan a producirse en ese limbo entre el sueño y la vigilia, en medio de ese momento causístico de pensamientos que buscan darle un giro a situaciones sin sentido entramadas entre la realidad tangible y la subjetividad.


En medio de esta época divina para algunos pocos, ingeniosa para algunos afortunados, quedan un sin número de mayorías que no sabe cómo sostenerse, ni a sí mismos ni a sus más débiles deseos, en medio de esta caída de posibilidades para muchos que en medio de deudas, incapacidades y desahucios se preguntan ¿en qué consistirá esa noticia que anuncia la tele de “la segunda oportunidad”? ¿Dónde está? ¿Dónde se compra? ¿Cómo se vive mientras tanto?


En estas líneas se acompaña a tantos que se embriagan y sienten desfallecer ante noticias de imposibilidad de “algo”, cuentas, cobros, pagos, financiaciones que les llevan a una sensación de vértigo, de momentos de apagones mentales momentáneos, donde creen que se van a desmayar, pero no sucede, y no se sabe si sentir eso como un alivio o como un castigo ante el tener que enfrentarse con ese devenir de situaciones que cual círculo vicioso hace que el ciclo se repita una y otra vez, dolores de cabeza, cegueras, olvidos, mareos, sensaciones de desmayo que se producen y otras no, pero siempre acompañadas de un desplome emocional que no encuentra los asideros de dónde sostenerse.


Un encuentro con lo real que descentra y neutraliza. Quizás el lector sienta cierto pesimismo ante estas líneas, pero es que es de “terapia intensiva” la gravedad de este momento y girar la mirada viendo sin querer mirar las entrañas de esta situación, creyendo ingenuamente que son cosas que le pasan a “otros”, es de un egocentrismo peligroso e incauto. “Todos podemos pasar por una situación así”, de desespero, de angustia, de apagón, de creatividad opaca.


Un paciente hace unas semanas que pasaba por una trágica situación hipotecaria, logró mal vender su casa a tiempo, antes de las fauces bancarias lo devoraran y me dijo: “iba conduciendo camino a casa y de pronto sentí que mi cuerpo comenzaba a cubrirse de piel de nuevo, podía imaginarlo y casi sentirlo mientras veía la carretera, estaba despellejado, hasta ese momento no me había dado cuenta que estaba más que desnudo ante fatal destino, que parecía casi imposible de vencer, había perdido la piel, estaba con los nervios y las venas expuestas, estaba expuesto sin piedad”.


Sus palabras eran conmovedoras, había logrado sobrevivir, era tal el horror que había vivido, que cuál situación traumática no sabía cómo volver a la vida, cómo rehacerse. Se sentía dichoso por haber logrado vencerle el pulso a la refinanciación de inmuebles actual, pero y qué sería de toda esa gente a la que había conocido que quedaba ahí, aún angustiados, aún expuestos, aún en grave peligro.
Su cuestionamiento estaba lleno de ética, y no de Síndrome de Estocolmo. Eso me ha llevado a escribir este artículo, a repensar las palabras de moda en mis conferencias y talleres acerca de “emprendimiento, éxito, liderazgo, estabilidad, felicidad, alegría y entusiasmo” por mencionar algunas.


Palabras que confunden a nuestra sociedad ovejera que en algún punto nos puede contener, donde se repite “la moda” sin pensar bien en qué consiste, si nos queda bien, si la queremos o no. Pareciera que ahora todo se debate el blancos o negros, aprobados o suspendidos, exitosos (medidos por cifras) y fracasados (por no haber podido o querido amigarse a un sistema perverso). Pero es que este escrito no es una invitación a ser anti-sistema, sino a mirar y soportar lo que se ve y si incomoda hacer algo más que voltear la mirada.


Hace pocos días estuve en una conferencia de un exitoso empresario madrileño. Comentó sus hazañas, sus aprendizajes, los sinuosos caminos andados, sin duda, su apuesta por la vida y por la consecución de sus deseos, pero también tuvo la humildad de dar las gracias a esos jefes, amigos y empresarios que apostaron por él, que le dieron una oportunidad y que le permitió no perderse demasiado en ese agobio y ceguera temporal que a veces significa el éxito y la fama, pasajera por cierto, como todo.


Esta pesadilla financiera e inmobiliaria también pasará, la cosa es poder hacer algo para que no nos arrase y si no estamos en el ojo del huracán, poder tenderle una mano a ese que sí está, ya sea a través de una oportunidad, de una plato de comida, de cobijo, o simplemente de silencio y compañía ante la desesperación de alguien que roza perderlo “casi” todo, porque si logra contenerse psíquica y emocionalmente, será un revolcón moderno que le habrá despeinado y le habrá hecho perder mucho pelo, pero no la cabeza
, una apuesta por la vida de las más altas y complejas. Un mobbing invisible pero palpable que nos concierne y nos puede despeinar, … a todos.


REVISTA ESPACIO HUMANO No. 199, MES SEPTIEMRE 2015

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Hablemos de los niños

Ya estamos casi finalizando la temporada de vacaciones, y no estaría mal hacer una parada para pensar en cómo han ido y cómo nos hemos sentido con nuestros hijos a nuestro lado tantos días. Como soy madre y además he vivido anécdotas en carne propia, escribiré este artículo en primera persona.


He compartido con otras madres y padres, con otros niños, con personas sin hijos, casados, solteros y divorciados, eso ha dado igual a la hora de observar una constante en todos estos días: la insistencia, en la mayoría de los casos de que los niños realicen tareas y respondan a las demandas de los adultos como si fueran “un adulto más”.


Me ha llamado la atención el apuro contemporáneo, y la demanda igual contemporánea y excesiva de más, de mucho, de mucho más. Es decir, no vale ir un rato a la playa y luego descansar y luego ya veremos. No, el día entero y un sombrerito bastan si no hay sombrilla. No es dar un paseo por el campo, es escalar una montaña vertical como si llevaran alpinistas y no unos niños pequeños que salen un día a pasear y no a volver con agujetas durante dos días.


Al igual que en los matrimonios, las vacaciones producen grandes fricciones entre sus protagonistas, y con los niños más de lo mismo. Varias madres y madres hemos comentado que ganas de que pasen las vacaciones, de que vuelva la rutina. Ciertamente es bendita la rutina aunque muchos la teman, y también es cierto que las vacaciones escolares no coinciden con las vacaciones profesionales en cuanto a tiempo se refiere y hay que hacer verdaderas peripecias para organizar todo esto, sin embargo, me pareció que algo más ocurría.


Los niños demandan nuestra presencia, nuestra compañía y atención. Si un niño malamente es llamado hiperactivo, habrá que pensar qué nos está pidiendo a gritos y desde su mundo infantil en el que no sabe expresarse de otra forma, pero necesita y es loable su deseo de atención y cuidado. Equivocadamente se puede pensar que una semana de vacaciones llena de excesos colman esa necesidad.  Una semana con mucha comida, con mucha actividad, con mucho de todo (los que pueden y eligen este camino), en fin una semana de mucho, pero mucho de todo y luego nos extraña las contestaciones y las demandas excesivas que hacen los hijos tan jovencitos…


Cada edad tiene su tempo, su encanto, querer apurarla es como adelantar un parto, todos sabemos las dificultades de un bebé 6 mesino por ejemplo, necesitará más cuidado, más atención y eso con la suerte de que no haya huellas de por vida complejas de paliar. Pues con los excesos con los niños, con la demanda adulta pero poco adecuada sobre ellos pasará lo mismo. Pedirle a un niño que soporte horas y horas de caminata, horas y horas de viajes, de colas, atiborrarle de cosas, nos devolverá un niño agotado, ansioso y confundido. Esto sin pasar por alto que a menos que los padres sean todos atletas, todo esto también nos cansará, pero hay que recordar que a ellos aún más, pues aunque brincan y saltan llenos de energía también se agotan.


Hagamos una parada ahora que aún quedan unos días de vacaciones para poder “estar” con ellos, para mirarlos, para atender sus demandas de juego, y también simplemente como compañía activa.


Un colega colgó en sus redes sociales un cartel en Julio de Felices Vacaciones, el 80% le devolvió las felicidades y más o menos un 20% le dijo que cómo se atrevía a desear Felices Vacaciones cuando hay tanta gente pasándolo tan mal y algunos sin sus merecidas vacaciones. Tienen razón, las dos partes. Los que pueden asumirlas sin grande preocupaciones a posteriori, bravo!, pero los que no pueden salir de casa más que unas vueltas a la redonda y poco más, no olvidemos la esencia de las cosas y la oportunidad que nos brinda no poder caer en los excesos sin amarras. Pero cuidado! Que no es para celebrar que los que no pueden salir de vacaciones serán mejores padres, NO! Pero cuidado todos con entender que el amor, unas vacaciones exitosas, pasarlo genial está de la mano de los excesos, pues a la final traerá sólo cansancio y sujetos cada vez más solitarios y con dificultades de vincularse, aunque parezcan relacionarse muy bien.


Es ahora el momento que como padres se puede asistir en la tarea siempre fallida de educar, pero que por lo pronto puede ser teniendo en cuenta la otredad de ese pequeño al que se asistimos, no sólo por su simple diferencia obvia, sino por su edad y en consecuencia lo que es capaz de razonar y asimilar de lo que hacemos con ellos y delante de ellos. Como siempre reitero, no es lo que decimos, es lo que transmitimos.


Buen retorno de las vacaciones y la felicidad la dejamos para esos momentos extraños pero exquisitos donde con algo de suerte podemos ser capaces de palparla.


Hagamos una parada para apearnos de lo que sobra.-

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En el nombre del padre


Hoy se celebra en algunos países el día de “San José”,  y para algunos es también “el día del padre”.


Internet que suele facilitar algunas cosas, coincide en varias de sus páginas en que este día se inició en Estados Unidos, cuando una hija (Sonora Smart) quería agradecer a su padre el cuidado recibido hacia ella y sus cinco hermanos, ya que el padre había realizado esta ardua labor en solitario, pues su pareja había fallecido en el último parto. La hija agradecida quiso conmemorar esta abnegada labor de este modo, y aunque intentó que tal día fuera el del cumpleaños de su padre, la celebración encajó en algunos países en el día de San José y en otros el tercer domingo de Junio.


Vivimos una época donde la función paterna si bien se traduce en una figura de proveedor y cuidador, también se entiende y cada vez más, en una figura de amor y dedicación en la crianza de los hijos en paralelo con la figura materna
. Esto particularmente en las nuevas generaciones donde el rol de la mujer ha cambiado significativamente y donde los hombres a su vez, también reclaman sus derechos para con los hijos tras las separaciones matrimoniales. Dichas circunstancias en  1909 cuando Sonora escuchaba un discurso por el día de la madre y se le ocurrió un día similar para los padres, tal circunstancia no era lo usual.


Muchas personas alegan que este día no es especial, que es un invento con finalidades de marketing y consumo que no debe celebrarse, sin embargo, ayer escribía este artículo esperando a una persona con la que iba a tener una reunión de trabajo y luego de llegar y conversar un buen rato me comentó, que él , sus hermanos y sobrinos eligen cuatro fechas al año que coinciden con los cambios de estación para reunirse y conversar, en un intento de que la cotidianidad y las labores del mundo citadino no les aleje demasiado para lo que ellos ya entenderían como intolerable, como mínimo cada 3 meses se reúnen, ese es su ritmo. Eligen un día que no existe como feriado en los calendarios para celebrarse, una forma distinta de buscar algo parecido.


Es  menester elogiar a todos esos padres que se preocupan y se ocupan de mantenerse cerca de sus hijos y son capaces de transmitirle su protección y cariño a través de presencia, de cuidados y también el alegato de límites claros a no transgredir y que a su vez se refleja en el entorno del infante.


Todos los que somos madres y padres sabemos  lo compleja de esta tarea; pero quisiera ir un poco más allá y llevar a metáfora el significante “padre”, porque justamente en este momento, siglo XXI, se percibe una caída significativa de la función del “padre”, insisto, metafóricamente hablando, en el sentido de que hay una demanda cada vez mayor de derechos por parte de los ciudadanos (y no es pos casualidad que no digo sujetos) y un rechazo de las responsabilidades que tiene cada “sujeto”, (ahora sí) sobre aquello que le acontece.


¿Qué ocurre?, incluso hay quién acude a la consulta con la esperanza de poder atajar algún atisbo de locura, para así no tener que asumir las riendas de su vida y su compromiso subjetivo ineludible con su historia, con la respuesta particular sobre parte de su novela familiar y la construida por sí mismo.


Es imposible de obviar la repercusión del nombre del padre, su función y las consecuencias de su ausencia.


Los fallos ocurridos –insisto, metafóricamente hablando, a lo que se refería el psicoanálisis lacaniano-, del nombre del padre se traducen en trastornos y síntomas, sin embargo, su forclusión se traduce en psicosis. No es de extrañar que en este momento, donde privan derechos y pocas responsabilidades, donde pareciera que cada vez el rango de lo que se llama libertad pareciera hacerse más infinito, exista la sensación de que se vive una época “sin control”, haciéndose cada vez más tangible.


En este artículo se intenta transmitir la doble simbología de la función paterna, una desde los derechos de los hombres por ejercer cada vez más de cerca su función con sus hijos y su insistencia por no renunciar a ese deber y por otra, la función metafórica del nombre del padre que va más allá de una figura biológica como progenitor, pero que no es casualidad que Lacan la designara de tal manera, pues si bien no hablamos de lo mismo tampoco le es ajena.


La función paterna como algo que irrumpe, que ordena, que supone una Ley, que reorganiza lo ambiguo.


Enhorabuena a todos esos hombres que hoy pueden celebrar este día al lado de sus hijos,  a los que no declinan en su función y mi acompañamiento a todos los que están lejos de sus hijos amados por diferentes circunstancias. En cuanto  a la necesidad de rescatar lo que significa “el nombre del padre”, habría que recalcar los límites que incluye la llamada libertad, por ejemplo, a los pájaros siempre se les relaciona con la libertad, pueden “volar” se dice, pero sólo pueden hacerlo en una parte limitada del cielo, donde haya oxígeno, donde no haya ventarrones que los empujen y les lleven a estrellarse, se puede “volar” dentro de un espacio, libre sí, y por ende, limitado.


En el día del padre, en el nombre del padre…

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¿Liderazgo femenino?

Hoy es 8 de Marzo y se celebra el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER o también llamado DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA.


Antes de escribir este artículo estuve investigando más detenidamente el por qué de este día, algo que me inspirara un poco más y me afianzara ante la duda de si escribir o no algo para este importante día o simplemente colgar una imagen que dijera FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, con alguna imagen simpática.


En esta época de globalización y donde pareciera que ya se han logrado bastantes avances en poco tiempo, comparado a los cientos de años donde la mujer ha estado anulada en cuanto a sus derechos se refiere, pareciera que un día como este ya debería ser eliminado, y como muchos hombres se quejan y muchas otras mujeres sostienen ¿por qué mantener el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, si no hay el DÍA INTERNACIONAL DEL HOMBRE? Pues al parecer hay sobradas razones para seguir celebrando este día, sin que haya necesidad de un día homólogo que lo sostenga.


Un día como hoy es importante no olvidar la cantidad de años que han pasado en donde la voz femenina ha sido silenciada, apagada incluso de manera activa si era necesario por simple miedo e ignorancia. ¿A fin de cuentas, no es el miedo la raíz de la violencia?
¿Desde cuándo en países de occidente pueden las mujeres usar pantalones, salir a votar, decidir divorciarse, decidir tener hijos o no, entrar en un mundo laboral alejado de los fogones y las costuras?


Teniendo en cuenta los años que tienen el hombre y la mujer en el mundo, y los adelantos tecnológicos, entre otros, que han ido cambiando las cosas, pues la verdad, hace relativamente muy poco tiempo.


Más allá de la dificultad que lo femenino comprende incluso para la propia mujer y como dice el psicoanalista Jaques Lacan, sin un significante que la nombre, y donde dado el plus al que ella puede acceder y del que incluso poco puede enunciar al respecto, no resulta difícil que  lamujer (y no ha sido un error escribirla sin espacio) haya sido temida y silenciada hace tantos años y sea necesario celebrar un día al año como conmemoración al logro por conseguir un lugar no asignado por otro que se lo de, sino conseguido por ella misma, con el vértigo que eso mismo produjo y produce, sin que ello resuelva muchos intríngulis particulares de la feminidad, eso, es otra cosa.
Ahora estoy preparando unos proyectos a nivel corporativo y de puertas al público a través de asociaciones y ayuntamientos donde se trabajan temas con las palabras “de moda”, esas palabras enaltecidas ahora como urgentes y que nadie debería obviar, tales como emprendimiento, éxito, felicidad, liderazgo… y viendo ahora un documental muy interesante de grandes líderes a nivel económico y de comunicación,  sentía que faltaba algo allí que me rechinaba y no identificaba, hasta leer al final un comentario de otra lectora que escribió: ¿y las mujeres? Sólo había Líderes y motivadores “hombres”.


Me convenció esa mujer anónima de la importancia y la necesidad de que este día es importante seguirlo celebrando y sosteniendo “pero”, ya no sólo defendiendo los derechos que como todo sujeto merece, sea femenino o masculino, sino además, incluyendo a nuestros hombres.


Sin lugar a dudas, existen imposturas masculinas a interpelar. Por mencionar alguna,  la violencia de género, pero si vamos a usar la frase violencia de “género”, pues “géneros hay dos”.-  No me extraña el cambio que se le ha dado con la terminología “Violencia machista”.
Usualmente la violencia física está más de la mano varonil que de la femenina, por simple diferencia física entre ambos sexos, y porque además parece que el bofetón femenino es casi un acto elegante ante alguna impostura masculina y no un acto de violencia también, pero la violencia psicológica también existe y otra forma de celebrar este día, al que también se juntan muchos hombres que lo celebran, que apoyaron en su consecución y lo agradecen, es apoyándoles también y sin discriminación a poder defenderse de situaciones de violencia y abuso por parte del otro sexo.


De eso trataría el Liderazgo Femenino, de un espacio de inclusión, donde ya no sólo hay que defenderse de las imposturas cuando las haya, eso sin lugar a dudas, sino también de poder abrazar lo diferente.


La diferencia existe y sólo desde allí se hace posible la igualdad.


Hoy es un día importante para hombres y mujeres, para los que apoyaron, para las que fallecieron en el camino, para mujeres y hombres que siguen trabajando cada día en el intento de conseguir un espacio más equitativo: FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, y a las mujeres y hombres que han ayudado en este camino y consiguieron que yo hoy pueda escribir este artículo y lo lean ambos sexos: “Gracias”.

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¿Me voy o me quedo? ¿Nos vamos o nos quedamos?...

El proceso migratorio es un fenómeno que ha sucedido desde hace siglos atrás, prácticamente desde que el humano existe empezaron los desplazamientos, que si bien antaño irse de un pueblo a otro, aunque sólo estuviera a 7km de distancia ya era una odisea, la tecnología y el llamado “avance de los tiempos” ha hecho que este proceso se dé con más frecuencia y también a mayor distancia.


Sin embargo, quedaba como una opción casi siempre retomable el hecho de volver, y así sucedía en innumerables ocasiones. A veces sólo se emigraba un tiempo para volver con la fortuna suficiente para rehacerse en el lugar de origen.


He tenido la experiencia, de vivir este movimiento migratorio desde Venezuela hacia el mundo, muchos encaminados a EEUU, otros países o ciudades simplemente y a Europa, éste último el viejo mundo y también la madre tierra de muchos. Pero luego de que el boom del viejo mundo se ha venido abajo, he podido ser testigo, una vez más, de otro movimiento migratorio de muchos jóvenes y no tan jóvenes a otros continentes también. De pronto hablar de Australia como una opción, lugar que dicen ofrecer una mejor calidad de vida, trabajo, seguridad, etc., y así muchos han tenido la valentía de comenzar ese nuevo camino, pero algunos no muy  conscientes de lo que ese discurso “entero” escondía detrás.


Digo entero en el sentido de completo, pareciera que no habría fisuras en ninguno de estos traslados o en tal caso serían paliables. ¿Quién querría regresar a un país con contratos deplorables, inseguridad en otros casos, medicina escasa o ausente seguridad sanitaria? Y así tantos temas que podrían agregarse a la lista infinita de insatisfacciones que aquejan a la ciudadanía. Del malestar en la cultura ya escribió Freud en su momento, de esa imposibilidad a la que Lacan haría referencia después.


Emigrar es una opción válida, pero no siempre es la más acertada según las circunstancias. Existen personas que embriagadas en el discurso de la supuesta satisfacción que les devolvería comenzar en otra parte del mundo, no han podido “adaptarse” a la nueva idiosincrasia del país que les acogió. No entienden cómo puede ser que extrañen el árbol aquél que estaba en la esquina, el olor de su ciudad que en ocasiones no era ni tan agradable, los colores, la comida, hasta el color del cielo he oído decir.
También hay quienes han podido palear de mejor manera este palmo de ausencias que conlleva el emigrar, y se han establecido con un nivel de satisfacción general bastante real.


Pero en todas las ocasiones “emigrar duele”, hasta cuando se está convencido de que es lo mejor (en estos casos duele un poco más) y hasta cuando el deseo de cambio está ciertamente jugado. Siempre duele. Siempre implica el mareo a perder algo de la identidad para “a-prenderse” de otras y llegar un momento de no saber cuáles le pertenecen y cuáles le son ajenas. Hay sujetos que no están listos para realizar un cambio como el de emigrar e insisten en hacerlo porque el discurso que les acompaña les grita que ese es “el debe ser” y luego no hay quién acompañe al dolor de no poder haber alcanzado lo añorado y encima, haber perdido todo lo que se tenía en esa apuesta a ese “otro mundo” donde era casi seguro se iba a alcanzar el llamado “éxito”. Tan subjetivo que es este adjetivo.


Pero también hay situaciones donde emigrar “es lo que queda”, se vive una sensación muchas veces acompañado de cierta realidad tangible y objetable del que el sistema les expulsa de su país, ya sea por temas religiosos, políticos y muchas veces económicos. Esto añade otros dolores al proceso.


Por razones profesionales como mencionaba anteriormente o incluso para retornan a la tierra de los antepasados. Sea como sea, el lugar elegido se supone como la tierra maravillosa donde el éxito y la felicidad será el compañero cotidiano de ese desplazamiento.
¿Sin embargo, quién no ha sentido ese vacío en el medio del cuerpo hasta en medio de un momento pleno?


Emigrar duele, antes o después dolerá por diversas razones, como familiares que se dejaron atrás por ejemplo, amigos que no se vuelven a ver, seres queridos que fallecen y a los que uno no pudo acompañar. Emigrar es válido y es una elección tan válida como el que decide que no quiere o no puede con un cambio como ese. Sea cuál sea su caso, es importante si la elección es irse, no embriagarse con el discurso actual de felicidad plena y completud para todos por igual, que sólo puede  dificultar las posibilidades reales de rehacerse en un nuevo lugar y permitirse ser un híbrido amable entre aquella tierra que le vio nacer y la nueva tierra que con sus pro y contras ahora le acoge.


Informarse y cuestionarse es la mejor manera de no darse de bruces con algo que el discurso común dice que es lo mejor. Y como toda decisión llevará un abanico de ganancias y otras de pérdidas irreductibles peno por ello tienen que empañar su dese lícito de sentirse mejor. Buena Suerte!, que algo de eso es innegable.

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LAS RELACIONES DE PAREJA

Pensar que hombres y mujeres, por tener en común que son seres humanos, son iguales, es... una verdadera utopía. No todos los Hombres y Mujeres son iguales y sería un engaño crear una idea estereotipada de ambos, pero..., Hombres y Mujeres tienen una multitud de rasgos y atributos masculinos y femeninos, con ciertas diferencias entre ellos.

En general, la mayoría de los Hombres se relacionan con cualidades masculinas y la mayoría de las Mujeres se relacionan con cualidades femeninas.

Deténgase a observar a un hombre y una mujer, ¿nota diferencias físicas verdad?, altura, musculatura, timbre de voz, por nombrar algunos, psíquicamente ocurre algo parecido, ante el stress el hombre se aparta, necesita pensar a solas, la mujer, todo lo contrario, necesita hablar de lo que le ocurre para relajarse. Ante una dificultad, el hombre ofrece erróneamente soluciones, cuando la mujer lo que está es contándole lo que le sucede, y la mujer por su parte da consejos y orientaciones no solicitadas.

Y no podemos olvidar la niñez, además de la personalidad formarse desde el primer momento de vida, hasta más o menos la adolescencia, habrá que tener en cuenta cómo ha sido ese núcleo familiar, que creencia cultural tiene esa familia, qué es lo que se le va enseñando al infante queriendo y sin querer. Pero además de esta reseña, que en un análisis personal, nos daremos cuenta que no es cualquier cosa, sino la base de nuestros conflictos y alegrías, está la manera distinta en que educamos a los niños y a las niñas, pero también la forma en que ellos reaccionan antes los sucesos, “por su propio sexo”.

Cuando un grupo de niños juega en el parque y uno se cae, se espera que salga de en medio y deje de llorar para  continuar el juego, cuando un grupo de niñas   juegan y una se cae,  el juego se interrumpe, y todas se  reúnen para ayudar a la niña que llora.

Así son los comienzos en la personalidad del hombre y la mujer, pero después viene el encuentro “amoroso”, cada uno en busca de sus “necesidades” cada uno en busca de alguien que aumente “su” felicidad, pero..., el otro nos refleja a nosotros mismos, nuestro amor, pero también nuestros propios asuntos y dolencias por “elaborar” en individual.

A partir de ese momento, también se vivirán las diferencias notables en ambos sexos, por ejemplo:

“los hombres son más propensos al desbordamiento ante una intensidad de negatividad que las mujeres”, y...  se bloquean, y la mujer..., lo critica más y más, y el hombre..., más se bloquea. Y ella intenta resolver desacuerdos y quejas, ellos temiendo que se convertirá aquello en una batalla campal se niegan a participar, se bloquean aún más...

Entonces ellas lo critican con más fuerza, frustradas y furiosas, ellos..., más defensivos, considerados el objeto de queja y desdén de ellas se sienten indignados y cada vez más cerca del desbordamiento, y se bloquean más y más y entonces ellas se desbordan totalmente frustradas. Las confrontaciones emocionales, los hombres quieren evitarlos con el mismo fervor con que las mujeres se sienten impulsadas a buscarlas.

Las mujeres llegan a las relaciones para jugar el papel de administradoras emocionales y los hombres llegan con menos apreciación a estas tareas para ayudar a que la relación sobreviva.

Para las mujeres, la intimidad significa hablar de las cosas profundamente, sobre todo de la relación, los hombres en general no entienden lo que las esposas quieren de ellos. Ellos dicen: yo quiero hacer cosas con ella y ella lo único que quieres es hablar.

Este creciente silencio por parte de los hombres se debe en parte a que son mucho más optimistas con respecto a la relación, mientras las mujeres con más sensibles a los problemas.

¿Y esta etapa del enamoramiento...?, sonrisas, miradas, gestos, la química, acercamiento, “deseo” de estar juntos (Lacan ha dicho que en un análisis se le plantea al paciente la cuestión de si quiere lo que desea, que el deseo aparece como lo que no se quiere, lo que el sujeto rechaza, lo que no soporta, lo que sucede a su pesar, la mala suerte, no son figuras de lo que es indiferente desde el punto de vista del deseo. Todo lo contrario, son formas de presentación de lo que concierne al deseo, no en el sentido de lo que el sujeto quiere sino en lo que está obscura e intensamente interesado y comprometido), todos los pensamientos del otro son positivos, idealizados (adolescentes), cada uno comienza a hacerse un arquetipo de la persona que al otro le debe gustar y comienza a “venderse” como no es, tratando de parecerse a ese arquetipo. Con el tiempo y la convivencia cada uno bajará la guardia y comenzará a mostrarse como es, y comienza el conflicto...

Frases como “somos el uno para el otro”, “morir de amor es amar”, “con mi amor cambiará”, “seremos uno solo”, “mi media naranja”, solo empobrecen el verdadero amor, y lo definen como un sentimiento que tenemos por aquella persona cuya presencia nos provoca la sensación de paz y armonía necesarias para atenuar nuestro desamparo crónico. Pareciera, dicho así, que el enamoramiento es malo, no es así, pero esto solo forma parte de la química del amor adolescente, que le falta madurar.

Lo que no debemos es establecer una relación de enamoramiento enfermizo y equivocado, que nos lleve a un futuro de conflictos, a la separación inminente de la persona que amamos y además a desconocer lo importante de una relación (en apariencia) menos intensa pero más profunda y basada en el amor.

¿Tiene razón John Gray cuando dice que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus?, por supuesto que sí, lo comprobamos día tras día. ¿Tiene razón Lacan cuando habla de desear lo que no se quiere?, absolutamente, es la pulsión de muerte de la que habla Freud, la pulsión de echar a perder lo que nos gusta y aumenta nuestra felicidad. Ciertamente, sin embargo pocos saben las virtudes de un psicoanálisis, donde nos frustrará saber que no somos tan buenos y benevolentes como creemos, pero, nos daremos cuenta de nuestra responsabilidad ante lo que nos ocurre y a pesar de las diferencias de género, que es interesante conocerlas, podemos conocernos también más a nosotros mismos, para finalmente buscar y apreciar lo mejor que puede darnos la vida, porque somos dignos de ella.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES ABRIL 2006,No9

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¿Qué somos?

Cuando surge la pregunta ¿qué somos? en medio de una relación que estamos llevando, la oportunidad se hace presente. Un atisbo de ética llama a la puerta y merece darle lugar. 

La necesidad de dar una etiqueta para salir de la angustia del vacío de la nada, hace darle vueltas y vueltas al tema. En esta época sin mitos, de nuevas relaciones en las que un “peor es nada” es como en realidad se terminan definiendo muchos encuentros, que la pregunta se haga presencia arroja una posibilidad. Pero esta duda que a veces surge, no es exclusiva de los solteros o de los no comprometidos. No obstante, a la vista de los espectadores de nuestras vidas podemos dar muchos nombres correctos y bien establecidos, novios, esposos, pareja..., para ponerle “a veces” un caramelo, a la angustia de la nada. 

Muchas veces es difícil entender los poderes del miedo y el lamentable regocijo que podemos infligirnos. El amor es para valientes, no apto para flojos definitivamente. Y hace falta mucho coraje para decir te quiero. Incluso la ambivalencia puede estar servida y tener verdaderos sentimientos de amor por más de una persona, sólo para entender que si el romance no es suficiente, el amor tampoco lo es ¿difícil entenderlo, verdad? Doloroso descubrimiento que, sin embargo, abriga oportunidad y esperanza.

Encuentros entre seres que se acompañan, que se quieren, que explotan volcanes entre ellos y a su pesar ante el encuentro queda un tímido beso, un abrazo distante, no vayan a rozarse, no vayan a robarse, no vayan a trascender la angustia que aún no pueden atravesar. Y queda entonces la palabra amistad como amable etiqueta, esa una de las formas de relación actual. Contigo pero sin ti.

El tiempo pasa y los volcanes ante el desatino de los escasos encuentros parecieron apagarse, pretendiendo olvidar que pasan siglos y hay volcanes cuya lava no se derrama, pero arden a fuego vivo en el medio del ser, con todos sus tonos rojos, amarillos, naranjas y azules… Y basta un día, una hora no establecida para que el cucharón de lo indecible penetre por su boca y remueva todo aquel calor. Es una de las formas de reencuentros con situaciones que se creían dormidas en el pasado.

Y sin embargo, el paso del tiempo hace entender que lo que nos hace no irnos trasciende más allá de eso, aunque sin duda hiere la cobardía de la distancia cercana y emocionan los ardores. Pero quedan los silencios, los evasivas ante preguntas difíciles que en vez de separar unen. Queda la mirada que se sostiene a veces con perseverancia ante los dolores de vida en los que nos acompañamos y se hace pequeña en cuanto la llama aparece. Es otra forma de amarse, que no siempre va ajena a las demás.

Existe la compañía silente y casi sin ruido ante los espectadores y acompañantes de la vida, sin que pase inadvertido el “algo,” pero que tampoco pueden definir. Está la pasión, está el amor, está la amistad que nos hace sabernos de los lados más oscuros de nuestras almas, que en ocasiones no se confiesa ni a aquél del título correcto, y aquél tampoco lo percibe, ocupado, en su angustia, viendo sin querer mirar; y nos hace amarnos aún a pesar de las sombras. Una forma imaginaria de mantenernos en lo seguro pero con débiles cimientos. ¿Se acuerdan de la película Los puentes de Madison.

Pero cuando el amor abrazado a nuestra ética de vida se hace presente, donde las heridas como viejas mochilas finalmente han quedado en sólo un pequeño sucio en la camisa, el debe ser no aplica, no se hace tal o cual cosa porque no se deba. Un acto de valor de no abrigar la soledad con lanas desechables, o hermosos abrigos que dan calidez a la vida pero que no son suficientes. Sin duda un tema de ética y no de falsa moral.

Los tiempos son libres como el miedo y aunque su eternidad puede hacer que se obvien oportunidades de vida, a veces simplemente son necesarios para dirigirnos después con un tempo armonioso y con ritmo. O nunca…

Y mientras tanto, y en cualquiera de los después, la pregunta vuelve, siempre vuelve, después del pesar del adiós, después del encuentro ensordecedor de la pasión, después del café de la mañana, hay quienes a pesar de título o no título se atreven a preguntarse con temor: ¿Qué somos?

Y quizás este emocionante discurso literario sólo sirva para escabullirnos de la temblorosa respuesta de la nada… Pero ya sabemos que si algo contiene la solemne nada es el todo. ¡Tanto! para volver a preguntarnos, ¿qué somos? Hasta que la pregunta no tenga necesidad de ser urgida o hasta que el valor aquél no apto para flojos, responda.

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¿ESPERANDO AL PRINCIPE AZUL?

Todas las Mujeres hemos soñado alguna vez con la llegada del “Príncipe Azul”. Ese hombre que va a llegar, portador de belleza, de caballerosidad, simpatía, romántico, fiel, sincero... Ese Príncipe va a llegar a nuestras vidas a cambiarla, “rescatándonos” (como en los cuentos de hadas) de la conmiseración en que vivimos sin él... Consciente o inconscientemente así funciona muchas veces la espera de nuestro Príncipe Azul. Hemos oído hablar más de una vez del “Hombre de Nuestra Vida”, en algún momento de rompimiento o de soledad de una mujer, alguien alguna vez se habrá acercado a decirte: “...ya verás... va a llegar...”, “...el que es para ti...”, “...tu alma gemela...”, “...el hombre de tu vida...”, incluso habrás oído “...siempre hay un roto para un descosido...”. Y así esperamos, a veces solas, a veces pasando de una relación a otra, diciendo, “... este tampoco era...”, “...que mala suerte...”, “...serán cosas del destino...”. Incluso, aunque empecemos muy ilusionadas una relación, cuando la terminamos, decimos que el fulano en cuestión, y el otro, y el otro..., son unos ciegos, que no eligen una mujer como nosotras... ¿Te suenan sino todas, por lo menos alguna de estas palabras? Mientras, nosotras, Mujeres, sigamos pensando así, a la final de la vida estaremos tristes, pensando que el hombre de nuestra vida y nosotras nunca se encontraron. Estamos “esperando” que llegue “otro” y nos proporcione algo, que no nos puede ni debe dar él, debemos dárnoslo nosotras mismas. Buscamos en el otro, esperamos del otro, algo que solo una misma se puede dar. Los Cuentos de Hadas, son cuentos, basados en la Fantasía, en las carencias de las personas donde se infunda que otro cubrirá, que otro rescatará. Pero lo que si es cierto es que para que una relación sea sana, si quieres compartir tu vida con un Príncipe Azul, real y sano, primero debes convertirte tú en la Princesa Dorada. Cuando amamos a otro, queremos al otro, lo respetamos, lo admiramos, disfrutamos de su compañía, perdonamos sus faltas, muchas veces hasta lo comprendemos, lo aceptamos. Ahora la encrucijada es, ¿te amas de esa misma manera a ti misma? Muchas veces sucede que una Mujer es capaz amar y perdonar a otro, sin ser capaz de amarse y perdonarse ella misma. Hay Mujeres que por temor a quedarse solas, comparten su vida con un hombre al que no aman. Dentro de sí siguen soñando con ese caballero idealizado, pero se quedan estancadas en una relación insatisfactoria, finalmente tristes, porque creen que es mejor eso a la nada, como si estar con ellas mismas es estar en la nada. Ahí el miedo y el poco amor a sí mismas, está impidiendo la propia Felicidad, se han convertido en Mujeres que Aman Demasiado, mucho al otro, pero poco así mismas. Para no ser una Mujer que Ama Demasiado, que no achaca sus fallos a la mala suerte, para amar sanamente a otro y en consecuencia tener una relación saludable tienes que empezar por amarte sanamente a ti misma. Nos amamos sanamente cuando, nos gustamos, cuando al verte al espejo éste te devuelve una imagen que te gusta, alguien que si no conocieras y supieras que eres tú, te gustaría conocer, alguien con quien te gustaría estar, ¿si no te gustas tú, cómo vas a esperar gustarle al otro?. Tiene que gustarte lo que ves de ti, enamorarte de ti, no es convertirte en una Mujer narcisista, se trata simplemente de sentirte a gusto contigo, te valoras, te gustas, te amas. Tus sentimientos, emociones, pensamientos, ¿cómo son?, ¿de amor, positivos, sanos? Hay cosas de ti que no te gustarán, algunas que no puedes cambiar, ¡Acéptalo!, eres un Ser Humano, una Mujer, consciente ,y si hay algo con lo que no estás del todo bien, que tiene posibilidad de mejorarlo, ¡Adelante! el cambio es posible. Para no Amar demasiado, para Amar sanamente, tienen que estar en sintonía tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos. Cuando esto sucede se tiene un nivel más elevado de consciencia, entonces comprendes que la vida y tú en ella, son elementos que son dados de por sí, por el destino, pero tú Puedes elaborar tu vida para que a pesar de las situaciones externas, tú estés internamente en armonía, Feliz a tu lado, Feliz con la imagen que te da el espejo de ti misma, eres tú!, existes y estás enamorada de ti, de la Vida, ya no esperas a otro que te dé el Amor, la Felicidad, la Alegría...., las tienes tú y ahora tu intención es compartir con otro que esté igual que tú, no te viene a dar, pero tampoco a quitar, viene a compartir. Entonces, sucede que sin darte cuenta, empiezas a emanar algo distinto, se te acerca gente distinta, un hombre con “otras” cualidades, y con un mínimo de esfuerzo vas a distinguir aspectos insanos de otro, y no te vas a involucrar, o te retirarás a tiempo, porque habrás aprendido, que eso sería no amarte, amar demasiado al otro, un amor insano, una forma equivocada de amar, has suplido el drama, el caos, la lucha, por la serenidad, y lo harás sin tristeza, porque sabrás que eres digna a lo mejor que puede darte la vida... REVISTA RED ALTERNATIVA, MES JULIO - AGOSTO 2004, No. 59

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¿MUJER!, ¿AMAS DEMASIADO?

Mujer!, ¿estás en la espera de tu Alma Gemela?, ¿has tenido varias relaciones amorosas pero la suerte no ha estado contigo?, ¿has tenido relaciones apasionadamente intensas, pero el amor no ha sido posible?, ¿has pensado que serías capaza de morir por amor, y demostrar así tu inmenso amor?, ¿crees que si demuestras cuanto sufres su actitud cambiará y te amará?, si has dicho si a alguna de estas preguntas, sí, eres una Mujer que Ama Demasiado. Amamos demasiado por muchas razones, distintas, singulares de cada cual, educación, creencias, fantasías, a las Mujeres se nos ha enseñado durante décadas a “esperar”, a que nos “den”, antiguamente los hombres nos mantenían económicamente, decidían ellos sobre muchos temas, se nos enseñó a aceptar a un hombre, aunque no fuera el que amábamos, luego avanza el tiempo, las películas se originan y con ello los Cuentos de Hadas, donde llegará un Príncipe y nos “rescatará”... Esperar..., que nos proporcionen..., que nos rescaten..., el mensaje ha flotado en el ambiente durante muchísimo tiempo. Pero ahora la vida es diferente, las Mujeres trabajamos, muchas somos independientes, logramos muchas cosas por nosotras mismas, pero..., el amor..., parece una cosa de suerte, de destino. Algo que llega, ¿qué pasa con nuestra Alma Gemela?, nos preguntamos a veces... Lo que pasa es que hemos cambiado en muchos términos, al igual que la evolución tecnológica, nosotras también tenemos que evolucionar, que crecer, que tomar Conciencia... ¿Cuáles son esas cualidades soñadas en tu alma gemela?, ¿qué deseas del otro?, amor, ternura, belleza, simpatía, alegría, ¿esas cualidades del otro, las tienes tú?, ¿te gustas?. Porque si no te amas tú misma, si no te gustas, si no eres alguien con quien te gustaría compartir intensos momentos, ¿cómo puedes esperar que otro quiera?. Tú Mujer, has sido provista de Vida en este Mundo, el destino ha hecho que nazcas, que estés viva, que existas, el destino ha hecho su parte, ahora tú tienes que hacer la otra parte y es decidir cómo quieres vivir la Vida. Para atraer armonía, sinceridad, compromiso, debes tenerla primero contigo misma. Tu cuerpo, tus emociones y sentimientos deben estar integrados, y si no lo están debes trabajar para lograrlo, porque es posible. De esta manera aprenderás a amar sanamente, y podrás ser amada sanamente. Si aceptas errores y fallos en otro, si eres capaz de perdonarlos, ¿cómo no te vas a poder perdonar a ti misma?, ¿cómo no vas a luchar por cambiar en ti lo inaguantable y aceptar lo que no puedes cambiar?. La Felicidad, el amor, la alegría y la belleza, no son cosas a esperar de “otro”, son elementos a “compartir con otro”. Tú misma debes ser portadora de todos ellos, tienes que sentirte una Diosa, en armonía. Las almas gemelas existen, pero debes aprender, que en un mundo donde existen millones de seres humanos y un lugar al que tú has venido a aprender y evolucionar, conocerás más de una vez a varias almas gemelas, y no deberías sentir odio, ni rabia, ni pena cuando una relación que comenzaste llegó a su final, porque sucede que somos un reflejo del otro, y el otro un reflejo nuestro. Esos encuentros con nuestras almas gemelas “de ese momento” nos fue dado para aprender, para tener un mayor grado de conciencia, y cuando eso sucede, y uno evoluciona más que el otro, la separación sucede. Para atraer en este momento una nueva y sana alma gemela, tú debes estar sana, amar sanamente, amarte a ti misma, queriéndote, aceptándote, a gusto contigo, cuando estás sin el otro, no estás desdichada y ensimismada, estas feliz, te tienes a ti misma y te gusta estar contigo, ya no buscas a “otro” que llene el vacío de tu propia compañía, buscas a otro con quien compartir la maravilla de tu Vida, de tus sentimientos, no esperas que alguien te rescate, no buscas “rescatar” al “otro”, no te interesa, ese trabajo es de él, tú solo quieres compartir tu Felicidad, tu deseo y alegría de vivir. Ya no aceptas una relación físicamente intensa, pero espiritualmente vacía, porque tienes conciencia que no te dejará más que dolor, ya sabrás que amar al otro, no es morir de amor por él, es amarte a ti misma primero, aprenderás a no involucrarte con el hombre equivocado, porque notarás con facilidad cuando emana algo que sabes te traerá dolor, no sentirás pena cuando te alejes de una relación que te hace daño porque habrás aprendido que no necesitas de otro que te eleve la autoestima y te demuestre cuan hermosa y maravillosa eres, ya lo sabrás, no necesitarás de otro que te haga sentir digna con su amor insano, ya eres digna del amor, lo conoces, lo tienes contigo cada día, valorarás la serenidad, en lugar de luchar por cambiar a otro, o las circunstancias, pasarás del drama y del caos, dejarás de intentar cambiarlo, de ayudarlo, de mejorarlo, porque ocuparás tu tiempo en mejorarte tú, en cambiar lo que no te gusta de ti, porque sentirás armonía y serenidad contigo misma, porque estas viva, porque conoces lo que es amar demasiado, lo que es un amor insano, y lo rechazas, porque aprendiste, que tu vida depende de ti, de cómo elabores los caprichos del destino, porque sabes que eres digna de lo mejor que puede darte la Vida, y empiezas por dártelo Tú Misma. Ya no amarás demasiado, ahora te amarás ti sanamente, y emanarás esa energía, se acercará a ti gente distinta, te interesarás por gente distinta, ya no esperarás, ya no sufrirás al separarte de una relación que ha llegado a su final, comprenderás que sirvió para aprender, para crecer, que tienes la oportunidad de volverlo a hacer mejor. Eres bella, maravillosa, amada y deseada, por ti, para ti, para el Universo, das lo mejor, y recibes lo mejor, lo mereces! REVISTA VERDEMENTE, JULIO 2004, No. 71

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MUJERES QUE AMAN DEMASIADO VERSUS LA SOLEDAD

Amar Demasiado...., hay mucha gente que le llama la atención el tema de amar demasiado, les parece curiosa la denominación, ... pero les atrae ...

Los seres humanos,  en muchas situaciones de la vida, tanto con nuestras parejas, familiares, amigos o incluso conocidos practicamos esas relaciones en donde uno de los protagonistas es más intolerante que el otro, no soporta contrariedades y lo castigamos como “Egoísta” mientras el otro  tolera “en Demasía” y lo nombramos “Generoso”, se establece así una relación de sádico y masoquista. A simple vista pareciera que es el sádico quien humilla, mientras que la verdad es que el poder lo tiene el masoquista, es decir, el generoso, ese que tolera en Demasía, que Ama en Demasía... Suele ser el que más da sin recibir lo mismo a cambio y usualmente la relación termina  por iniciativa de éste a pesar de las amenazas del egoísta, en otras ocasiones, sufre y sufre, hasta que el otro se va, la víctima se queda inmersa en su generosidad, sin entender qué pasó, habiendo sido  “TAN” bueno. 

Para acabar con el juego macabro y doloroso, para que se terminen los egoístas, debe acabar esa Excesiva generosidad, que no es más que una culpa indebida y opresiva. Para lograr el cambio la persona debe ser justa, ser capaz de tratarse a sí misma y al otro bajo un mismo patrón y en consecuencia ser más generoso consigo mismo. Cuando ocurre esta persona es esencialmente madura y bien constituida en su individualidad, es alguien que puede “quedarse tranquilamente Sola”.

Pero en las personas que aman demasiado, el solo pensamiento de quedarse sola, conlleva a situaciones de miedo, tristeza, ausencia de la alegría, a veces incluso ira. Estas emociones generalmente involucran un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo e influyen en el modo en percibir dicha situación, nos comportamos como nos han “enseñado”. Muchas de las maneras que tenemos para comportarnos o enfrentarnos a los retos de la vida se aprendieron  en la infancia.

Se trata de un camino de desaprender y volver a aprender.

Evitando la soledad y en consecuencia la oportunidad de darle un vistazo a su historia  personal, se evita la oportunidad de amarse a si mismos, culpan al otro de su conmiseración y cuando tienen una relación ponen en manos del otro la responsabilidad de su propia felicidad.

Estar solo, no significa estar desolado, sino que se está simplemente solo. La desolación se siente negativa, es negativa, llena de tristeza y dolor, sientes que estarías mejor si el otro estuviera ahí, que estarías bien, pero no está, y te sientes “desolado”, “ausente del otro”.

Sin embargo la soledad es la presencia de uno mismo, es muy positiva, es una desbordante presencia de uno mismo, te das cuenta que puedes llenar el universo con tu presencia, y que no hay necesidad de nadie más, no formas parte del todo, eres el todo, sin tu contribución, sin tu presencia, sin tu sola existencia, nada sería igual.  Cuando no hay un “otro significativo” en nuestras vidas podemos disfrutar la libertad que la soledad trae consigo. Cuando no encontramos apoyo entre los otros para nuestras verdades más profundas, podemos sentirnos desolados y amargados, y correr de una relación  a otra, o parar, observarnos y celebrar el hecho de que nuestra visión es lo suficientemente fuerte incluso para sobrevivir la “humana” y poderosa necesidad de sentirnos aprobados por la familia, amigos, conocidos. 

Sé consciente de que puedes elegir cómo vivir esos períodos de soledad y aislamiento y toma responsabilidad sobre tu elección, ya que como te sientas es tu decisión, solo tú puedes elegir sentirte bienaventurado o amargado en la vida, el otro solo llega a tu vida a compartirla, no a darte o quitarte lo que debes entender es tuyo. Esencialmente, cada uno de nosotros debe desarrollar dentro de sí la capacidad de encontrar nuestro camino a través de la oscuridad, sin compañía, sin mapas ni guías. Tú puedes ser “una luz para ti mismo” y entonces, atraerás a otro tipo de gente a tu alrededor, y cuando no estén, no sentirás desolación, ni tristezas, ni rabia, entenderás que estas tranquilamente sola, en un momento de inmensa presencia propia . 

Entonces el amor, también cambiará para ti, dejará de ser un sentimiento hacia otra persona cuya presencia nos provoca sensación de paz y armonía, las cuales hemos creído “necesarias” para atenuar “nuestro” desamparo.  Porque el amor auténtico es un tremendo contentamiento con uno mismo; es un aquietamiento de tus energías en el centro de tu ser. Este centro trae un cambio a tus energías, entonces, donde quiera que estés, con los árboles, con la gente, con el océano, con las estrellas, con las montañas, con los animales, no puedes hacer nada, no tienes que hacer nada porque el amor irradia dentro de ti y fuera de ti, es tu misma vida, no puedes impedirlo, porque hacerlo, sería volver a caer en esa desconexión de tu propio amor, a sufrir creyendo que es por amor, permitiendo al egoísta, no responsabilizándote de tu propia Felicidad. 

Entonces ya no correrás a buscar a la unión romántica con otro, porque tú estas llena de amor, y cuando haya la oportunidad de relacionarte nuevamente la individualidad predominará sobre él (antes conocido como amor, que no era más que tu necesidad), acabarás por establecer un nuevo tipo de alianza amorosa, más parecida con la amistad, menos posesiva y nada dominadora, es decir, sentirás algo que es más que el amor, es un nuevo tipo de romance donde predomina la inteligencia emocional, desarrollo emocional que se abre a una gama de  posibilidades que hace que tú, mujer, puedas efectivamente volverte libre, libre de pensamientos negativos, de miedos, de tristeza, de dolor, de nostalgias, libre de ser victima y excesivamente generosa, porque habrás aprendido que aquello no era amor, sino necesidad, que morir de dolor por otro no es amar, has avanzado, rechazas relaciones de lucha, de competencia, de esfuerzos, porque te amas a ti, amas al otro como es, sabes y te sientes digna y en compañía contigo misma, ¡eliges lo mejor que puede darte la vida! 

REVISTA RED ALTERNATIVA, MES OCTUBRE 2004, No. 61          

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AMOR O... ¿ENTRETENIMIENTO?

Diariamente, nos vemos bombardeados por programas televisivos, cuentos de amigos, conocidos, y, a veces, por nuestras propias vivencias, historias acerca del encuentro amoroso, y acto seguido..., el desencuentro amoroso.

Sin embargo, las personas siguen en esa “lucha” por conseguir el amor verdadero, pasando por encuentros y más desencuentros, sin entender qué pasa y aunque a veces apenas comienzan una relación ya ven bastante seguro que el desencuentro va a llegar, continúan “intentándolo”, no voy a estar sola (o) ¿no?, “esperando”, y así el encuentro amoroso se convierte en algo que nos entretiene, ¿de qué?, de estar en casa, o en el campo, o en la playa, o...  donde sea, pero “a solas” con uno mismo. Así se convierte el amor en un sentimiento que tenemos por otra persona cuya presencia nos provoca la sensación de paz y armonía necesarias para atenuar nuestro desamparo crónico.

Vivimos el encuentro amoroso como un factor anti – amor, el miedo a la felicidad gana importancia, y sin darnos cuenta, el miedo a la felicidad se hace responsable de nuestras tendencias auto destructivas. El fenómeno amoroso está directamente relacionado con el instinto de muerte que denominó Freud.

Cuando observamos el encuentro animal, entre machos y hembras, remitiendo esta expresión a la naturaleza, a lo biológico, a los instintos, se explica perfectamente la atracción entre machos y hembras, cuya unión tiene como finalidad asegurar la continuidad de la especie. En este sentido la hembra es el complemento del macho y el macho el complemento de la hembra. Para una hembra da lo mismo cualquier macho y para el macho da lo mismo cualquier hembra (exceptuando el caso de los animales domésticos, que con el contacto humano y el lenguaje llegan a afectar y distorsionar sus mecanismos naturales).

Pero cuando hablamos del encuentro amoroso entre las personas, esta regla básica en el aspecto netamente animal, deja de tener validez. No cualquier hombre por muy macho que sea puede compartir con cualquier mujer, ni ninguna mujer por muy hembra que sea podrá estar con cualquier hombre. El encuentro para algunas mujeres y para algunos varones, se convierte en un encuentro sexual, con el desencuentro como fondo siempre posible. Siempre hay algo que sobra o que falta, algún elemento tercero estorbando la unión. Preguntas como: ¿será igual de bueno la próxima vez?, se hacen presentes incluso en el más pleno y satisfactorio de los encuentros sexuales.  La palabra haciendo sus fechorías, la expectativa envuelta de inseguridad. Pero en el encuentro animal, más que encuentro hay “complementariedad natural”, sostenida, asegurada, garantizada por los genes, las hormonas,  los instintos.  Esta falta de complementariedad es el eje que permite entender qué pasa en las relaciones entre hombres y mujeres.

La “no complementariedad” en la relación humana incomoda, desasosiega, da incluso ira. La falta de complementariedad naturalmente asegurada entre varones y mujeres es una idea difícil de sostener porque postula que los encuentros o desencuentros de la vida amorosa obedecen a una lógica. En la relación animal es como si dos piezas de un único rompecabezas encajaran a la perfección, en la relación humana esto “no es posible”.  Admitir que la mujer no es el complemento del varón y el varón no es el complemento de la  mujer,  es algo que hay que elaborar, que esta complementariedad imposible en el área humana es producto  de un componente habitual de los sueños, de las fantasías, de la imaginación, y también de la publicidad  de “productos dirigidos a ser consumidos por la mujer”. 

El hacer de dos, uno, el convertirse en uno siendo dos, es la forma más común de un sueño del que viven autores e intérpretes de esa música exquisita que son los boleros, rancheras, y que por otro lado la publicidad trata de explotar, pero que justamente en su carácter de sueño define que es solamente eso, sueño, fantasía, ilusión. Estos y muchos más sueños, fantasías e ilusiones pueden ser necesarios y hasta imprescindibles para vivir, mientras no lo tomemos como realidades, porque la realidad pura y seca, mejor dicho, lo real, es que la mujer no complementa al varón y viceversa. Pareciera así, que la individualidad básica se opusiera al amor.

Pero el individualismo no es egoísmo, forma parte de la inteligencia emocional. Si estás en un momento de “soledad” no permitas que la desolación se adueñe de ti, y haga que te relaciones con otra persona que te mantenga “entretenido”, convertir esos momentos en compasión hacia ti mismo, será una forma inteligente de empezar a amar, estarás empezando por ti, el entretenimiento, el amar demasiado, la excesiva generosidad hacia el otro podrás corregirla, porque una persona madura, bien constituida como individuo, puede estar tranquilamente solo. No tendrá miedo a la fusión romántica, ni se conformará con entretenimientos, porque el  individualismo y la inteligencia emocional predominarán sobre el amor, ese nuevo concepto de amor, que no está basado ni en fantasías, ni en necesidades. Acabarás por establecer un nuevo tipo de alianza amorosa, más parecida con la amistad, menos posesiva y nada dominadora, en un sentimiento que es más que el amor. Un nuevo tipo de romance.  Eliges esta nueva actitud de amor, porque te amas a ti, porque sabes y te sientes digno, ¡eliges lo mejor que puede darte la vida!

REVISTA VERDEMENTE, MES OCTUBRE 2004, No. 73    

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EL ORIGEN DE LAS MUJERES QUE AMAN DEMASIADO

Nuestra vida actual, es el reflejo de nuestro pasado grabado en uno mismo. Ahí, atrapado pero vivo, en nuestro inconsciente. Así quedaron las experiencias que vivimos en los primeros años, que nos hicieron creer que así era la vida. Lo que vimos en nuestro entorno, nuestra sociedad y los acontecimientos, fueron la influencia que nos dieron un patrón determinado de pensamientos y conductas.

Estos pensamientos y conductas, provienen de nuestra niñez y fueron transmitidos por nuestros padres. ¿El mayor problema?, la falta de amor a sÍ mismo, nadie se ama y se acepta tal como es. Se aceptan vivir experiencias de dolor, por falta de amor.

Si tuvimos la suerte de vivir en un hogar lleno de amor, de unión y felicidad, ¡tenemos parte del camino ganado! y habrá poco que restaurar. Pero si pertenecemos a una familia agresiva, entonces te darás cuenta, que una gran lista de ideas limitantes construyen  tu realidad actual y que aparte tienes que luchar contra una gran dosis de resentimiento, culpa y rencor, no sólo hacia tu familia, sino también hacia tÍ mismo y hacia el mundo entero.

Un entorno lleno de circunstancias negativas, agresiones físicas y/o verbales, te hacen sentir que esa es la vida real, si tu familia, que son los seres que más te aman te hacen daño ¿quién no lo hará?, la violencia siempre deja una sensación de humillación (independientemente del dolor).

La falta de amor a uno mismo, proviene del deseo y trabajo de ganarse la aceptación de un “otro”.

Hay muchos ejemplos que reflejan este aprendizaje adquirido en los primeros años de vida, quizás estuviste mucho tiempo haciendo todo lo que suponías le agradaría a tus padres, pero a cambio, solo recibiste críticas, no hubo un reconocimiento, nadie lo valoró. O quizás sientes miedo a vivir “diferente”, esto proviene de unos padres temerosos hacia la misma vida. Si fueron temerosos al tomar una decisión, al iniciar algún cambio... te lo transmitieron, y probablemente el que se te escapen todas las oportunidades se está volviendo una costumbre, e incluso ¡no te enteras de que están todas las puertas abiertas!. El miedo y la duda han hecho huella en ti.

¿Recuerdas como fue tu infancia? ¿Tu adolescencia? ¿Cómo fueron tus padres? ¿Qué aprendiste de ellos?

Pero no consiste en transmitirle a los padres la responsabilidad de nuestra cotidianidad, sino de entender, que si a ellos no les enseñaron amor y no vivieron en un entorno armónico “real”, no te lo pudieron enseñar, porque en ellos tampoco habitaba lo que conocemos como autoestima. Aunque en algunos casos esto no parezca tan visible, o nuestro hogar no nos parezca tan disfuncional al enterarnos de hogares más tormentosos que el nuestro. Impresiona la capacidad de humana de “acostumbrarnos” a situaciones insanas y llegar a verlas como “naturales”.

Una persona con falta de autoestima puede manifestarse de diferentes maneras, como tener actitudes violentas (para obligar a la gente a la aceptación de sus ideas) o con un carácter debilitado y temeroso.

Y por increíble que parezca , “Repetimos” nuestro Antiguo Hogar cuando nos independizamos de la casa de nuestros padres, y nos quedamos con las creencias que aprendimos allí.

Inconscientemente aunque no estemos de acuerdo, volvemos a construir un hogar con las mismas características. Las palabras, situaciones, frases, momentos y como mujer te verás repitiendo a tu madre como ella trataba a su pareja, o repetirás en una pareja las mismas carencias que sufriste de tu padre. A simple vista y al leer estas líneas, quizás te veas identificada, o quizás sientas rechazo. Pero la realidad es que nuestra vida consiste en una repetición de ideas aprendidas y clavadas en nuestro inconsciente como verdades, aunque sean disfuncionales. Y hechos insanos que vivimos en nuestro hogar infantil serán repetidos en nuestro propio hogar, o en el trabajo, o en cualquier tipo de relación donde haya un “otro” aparte de nosotros.

Si no nos gusta la vida que llevamos y queremos crear otro hogar diferente, debemos hacer consciente todas nuestras creencias inconscientes aprendidas, para empezar a cambiar nuestra historia, para empezar a desaprender.

El amor hacia uno mismo es parte fundamental en este proceso de cambio y curación.

No estamos destinados a repetir la historia de nuestros padres, aunque no hacerlo pareciera ser un acto de desamor a nuestro seres más queridos. Así funciona en los más escondido de nuestro inconsciente, sin embargo, por amor, no al “otro” sino a uno mismo, debemos de “enterarnos” y hacer el cambio necesario para ser “nosotros mismos” y no una continuación de “otros” aunque nos dieron la vida.

Llegar al “ajo” del asunto, encontrar la raíz, es como deshojar una flor, cada pétalo representa una característica, un problema manifestado, pero no es el real, el problema real se encuentra en el fondo, en el corazón de la flor.

Pero sucede que en las sesiones analíticas y/o terapéuticas con  personas que se encuentran con dificultades en sus relaciones, tienden a culpar al “otro”. Ven claramente cual es el cambio que necesita hacer el “otro” para que las cosas sean diferentes y funcione correctamente, pero les es muy difícil (y doloroso) ver que es lo que ellas hacen para generar los problemas. Por ello algún paciente puede sentir que un proceso terapéutico les duele, porque tomar responsabilidad de la propia vida es difícil y doloroso, “enterarnos” que nuestro entorno que tanto hemos amado u odiado no es tan “amable” como pensábamos ni tan omnipotente, es doloroso, “pero”, es la única vía para desaprender ideas equivocadas de nuestro pensamiento y cambiar hacia una vía mas armónica en todos los sentidos de nuestra vida.

J.Bucay comenta que en sus sesiones, suele ocurrir esta anécdota:

Analista: ¿Que té pasa?

Paciente: lo que me pasa es que él (o ella, el “otro”) no entiende.

Analista insiste: ¿Que te pasa a ti?

Paciente (vuelve a repetir): Lo que me pasa es que él (o ella, el “otro”) es muy agresivo

Y el Analista repite hasta el cansancio...!: ¿Pero que sientes tú?¿Que té pasa a ti?

Y es muy difícil que la persona hable de lo que le esta pasando, de lo que esta necesitando o sintiendo. Todos quieren siempre hablar del otro. Esta anécdota la vivimos todos los profesionales que trabajamos en esta tarea.

Sin embargo, es diferente dar cara a los conflictos que surgen en las relaciones, con la actitud de revisar: "que me pasa a mí", aunque nos causa rabia y dolor, en vez de echar a un lado nuestra responsabilidad pensando que el problema es que se está con la persona inadecuada.

Muchas personas terminan separándose creyendo que con "otro", será distinto, y, por supuesto, se encuentran con relaciones similares, donde el cambio es que el “otro” tiene otra fisonomía, pero el problema “se repite”.

No podemos tampoco idealizar las relaciones y creernos que una relación íntima va a estar libre de conflictos, porque eso sería una fantasía. La pareja, “el otro” nos engrandece y nos ayuda a crecer como personas, pero no debemos olvidar que son “un reflejo, una proyección” de nuestros ideales y creencias sanas o insanas.

Amar sanamente a “otro”, es amarse sanamente a “sí mismo”, permitimos a los demás ser ellos mismos sin reaccionar excesivamente y sin tomarnos cada reacción en forma personal. Nos adueñarnos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. Somos responsables de lo que nos pasa, y rechazamos el papel de víctima, nos acercamos y compartimos con la otra persona al tiempo que no nos descuidamos a nosotros mismos. Se tienen y se fijan límites sanos, se habla directamente y de asume la responsabilidad de lo que queremos y necesitamos.

Pero amar no es quedarse tratando de agradar y disculpándose por no ser como “el otro” le gustaría que fuera. Una persona que no te ahorra ni un día de sufrimiento, No merece tu amor. Y si alguien te hiere reiteradamente sin mala intención, puede que te merezca, pero no te conviene...

Si te ves mezclada en una situación como esta. No solo hay que alejarse físicamente, porque como hemos aprendido, lo repetiremos en otro lugar, en otra situación, con otra persona. Hay que hacer un trabajo personal, y “enterarnos” por doloroso y difícil que parezca. Es la única vía para relacionarnos sanamente. El otro siempre es una proyección nuestra, aunque cueste creerlo. Si alguien nos  ha maltratado de alguna manera y seguimos ahí, o esta situación se nos repite reiteradamente, ALTO, no es mala suerte, estamos haciendo algo insano que atraemos esta situación a nuestra vida. 

La pareja debe ser una especie de plataforma de lanzamiento hacia una vida plena, y no una penosa carga que te impide lograr lo que quieres.

Resulta irritante que durante nuestra temprana infancia, tan impotente y necesitada de auxilio, no seamos protegidos por un Dios de justicia o un poderoso poder previsor, pero eso es olvidar que esas primeras experiencias no son causales, sino casualidades desde nuestra existencia por el encuentro del espermatozoide y el óvulo, allí se desconoce la relación entre la necesidad de la naturaleza contra nuestros deseos y anhelos.

El psicoanálisis ha descubierto la importancia de nuestros años infantiles, en las que este “azar” queda fijado, quizás para defendernos de la indeterminación y de la incertidumbre, de haber podido ser otros y no nosotros mismos, incluso de no haber nacido. Silvia  Fendrik, psicoanalista y profesora argentina, habla de esto en sus Seminarios. Freud da cuenta de ello, y la clínica lo confirma cada día. 

En los primeros años de vida, la casualidad se impone, ya en la edad adulta, donde somos responsables de nuestra vida, no hay una casualidad, mala suerte, o azar delante de nosotros, sino nuestra causalidad.

No basta con querer algo, los cambios se realizan de adentro hacia fuera, en el momento en que vayas modificando tus creencias, las oportunidades irán llegando aún si buscarlas, tendrás la mente libre para tomar decisiones acertadas, y tendrás la capacidad de abrir tus caminos y ampliar tu campo de acción, no tendrás miedo en emprender una ruta nueva, podrás tomar riesgos sin temor, organizados, que se manifestarán con una sola palabra: Éxito. Vale la pena intentarlo. ¡Porque sabrás que eres merecedora a lo mejor que puede ofrecerte la Vida! 

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES NOVIEMBRE 2005,N 91

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PERO..., ¡SI YA TE LO DIJO!

Amar Sanamente, tiene como premisa básica amarse primero a una misma. Amarse Demasiado así misma, es narcisismo, pero Amar Demasiado a “otro”, es no valorarse una misma, y en esa no valía, se ama por demás a otro donde de manera ilusoria se quiere y se pretende que se de un lugar a una mujer, que debe darse ella a sí misma; así se convierte el otro y lo que sentimos en una proyección de nuestro deseo, el otro a la final es solo una ilusión, un juego de nuestra mente.

Las Mujeres en general siempre quieren hablar, y hablar y hablar, y solucionar muchas cosas hablando, y en la mujer que ama demasiado, se exacerba esta actitud. Se quiere hablar con la ilusión de oír algo diferente, y así sigue y sigue en un circulo vicioso, atrapada en la adicción de amar demasiado para no enfrentarse a la no valía que se da a sí misma. Otras veces, oye lo mismo que el otro ya le ha dicho con sus actos, y se derrumba, pero tras un lapso de tiempo, quiere volver a hablar, a ver si ahora es diferente, si diciéndole y dándole al otro “tanto amor”, finalmente cambia su posición.

A veces se logra, y el otro cambia, pero temporalmente, porque se está obligando a otra persona a ser algo que no es, va en contra de su naturaleza, de sí mismo, y aunque el otro realmente tenga un problema, sólo podrá cambiarlo si quiere y por su propia cuenta, pero con un excesivo amor y una excesiva generosidad, sólo se engendra a un otro excesivamente egoísta y que llenará de desamor a la mujer. Pero es un producto del exceso, produciendo otro exceso contrario.

No se quiere ver lo más evidente, se busca una respuesta verbal de otro, de algo que...:¡ya lo dijo!, en la clínica y fuera de ella se escuchan cosas como:

1. Pero... ¿será que me quiere?

2. Es que... ¿por qué no me ha llamado?

3. ¿Por qué yo soy quien siempre le tiene que hablar primero?

4. ¿Por qué siempre le sale algo a último momento y no podemos vernos?

5. ¿Seré importante para ella él?

6. ¿Por qué cambia de planes tan fácilmente?

7. ¿Me amará como yo le amo?

8. ¿Y por qué a mí no me invita?

9. ¿Me querrá o solo me está utilizando?...

Y por querer encontrar la respuesta a estas preguntas, la mujer se dirige a este otro, para hablar, para que el otro encuentre en lo más profundo de la emociones y sentimientos la respuesta que queremos oír, para aclarar lo que salta a la vista, lo que los oídos deberían oír a través de los ojos, para que el otro no de más ese trato injusto al excesivo amor que se propina, en lugar de una irse de ese lugar donde no hay lugar para la mujer, pero es que..., eso significa quedarse consigo misma, y esa no valía personal nos hace creer que estar con el otro será mejor, y la ilusión de que el otro va a cambiar es mejor, y así se pasa tiempo donde solo se hace presente y visible mucho dolor. Porque a la final, el otro: ¡ya lo dijo!

Ver la realidad resulta muy doloroso, darse cuenta de que amamos por demás a otro por falta de amor propio duele en lo más profundo. Esta no valía la arrastramos desde hace mucho, tanto tiempo que no se recuerda dónde comenzó, conscientemente no lo vemos, pero está ahí, también diciendo y diciendo que hay que elaborar sobre la raíz para aprender a amarse sanamente a sí misma para luego amar a otro. En este nuevo tipo de romance el amor no se va a basar en una búsqueda de otro que de lugar, no harán falta excesivas y largas conversaciones que llenan de cansancio, donde en el mejor de los casos se prometen cosas que nunca se cumplirán. En el amor sano, “se ve” sin hacer falta oír tanto, se comparte lo que una es, sin buscar que el otro “encuentre y nos devuelva” lo que somos.

Antes las preguntas antes expuestas, la respuesta es clara: “Pero si ¡ya te lo dijo! ¿Qué más quieres saber si tus preguntas ha sido respondidas claramente desde antes de que las hubieras planteado? Si no fuera así, no tendrías la duda. No hay nada oculto, no hay más que preguntar, la respuesta se tienes delante y de manera abrumadora. Ya te lo dijo con sus evidentes actos.

Lo que pasa es que quizá no guste la respuesta, aunque sea la verdadera. Emerson dijo: “Grita tan fuerte tu actitud que no escucho lo que me dices”. La mujer que ama demasiado prefiere escuchar una mentira que ver una verdad.

Cuando queremos demasiado a alguien y se lo demostramos con hechos y con palabras, y ese alguien no nos llama ni nos atiende en absoluto... ¿no está quedando claro ya el mensaje? Pero en la no valía de la mujer que ama demasiado, de inmediato surge la necesidad de hablarle a esa persona para preguntarle si la quiere o no, como si sólo las palabras comunicaran el mensaje. ¡Los actos comunican con más fuerza y con más veracidad! Pero no los queremos ver. Son muy dolorosos. Rompen nuestra expectativa y en lugar de sanar con la verdad, se elige seguir enfermando nuestra alma queriendo ver una ilusión de óptica fabricada por si mismas.

Si alguien a quien le brindas tu amor no te ha hablado en mucho tiempo y tu te preguntas si te quiere o no..., con sus actos ¡ya te lo dijo!, y quizá desde hace mucho tiempo. No hay mucho que investigar, pero no hay mucho que investigar tan solo si quieres vivir en la verdad. Vivir en la mentira, solo lleva a más dolor y a más desamor. Conversaciones tratando de aclarar lo evidente pueden prolongarse durante años.

Una persona que no te ahorra ni un día de sufrimiento, No merece tu amor.

El amor también es dignidad.  Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón, olvidamos la verguenza y entregamos nuestra confianza, al menos merecemos comprensión.

Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia nuestro amor y nos   lastima con su indiferencia, estamos con la persona equivocada.  Esa persona no nos merece. Porque sabemos y queremos recibir la Felicidad real, no un empaño de la misma.   

Amar no es quedarse tratando de agradar y disculpándose por no ser como “el otro” le gustaría que fuera. En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame ni te comprenda, y menos aún, quién te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin mala intención, puede que te merezca, pero no te conviene…

La pareja debe ser una especie de plataforma de lanzamiento hacia una vida plena, y no una penosa carga que te impide lograr lo que quieres. 

Cuando aunque ya te lo dijo, tú insistes en querer conversar con la persona para “aclarar las cosas” (aún cuando más claras ya no pueden estar), desarrollado un talento para encontrar los más afilados argumentos en pos de un acuerdo, y se logra, todo pareciera haber terminado en un final feliz con aparente paz. Y sí, puede ser un final feliz, pero... falso, y como todo lo falso, no dura. ¿Qué caso tiene ese cambio si no es natural, si no surgió “auténticamente” de esa persona, si está haciendo un esfuerzo que va en contra de su naturaleza? No te está amando realmente y tú tampoco, a esa persona tal y como es, estás amando una proyección de ti misma. 

El comportamiento más natural es aquel que se hace sin el más mínimo esfuerzo, ese es el veraz, el auténtico. Analiza si así como es la persona, se acopla a tus necesidades de afecto y amor. Si no, hay millones de seres humanos allá afuera donde esa posibilidad existe.

Amar sanamente a “otro”, es amarse sanamente a “sí misma”, permitimos a los demás ser ellos mismos sin reaccionar excesivamente y sin tomarnos cada reacción en forma personal. Nos adueñarnos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. Somos responsables de lo que nos pasa, y rechazamos el papel de víctima, nos acercamos y compartimos con la otra persona al tiempo que no nos descuidamos a nosotros mismos. Se tienen y se fijan límites sanos, se habla directamente y de asume la responsabilidad de lo que queremos y necesitamos.

“Das y recibes amor de forma equilibrada”, porque te sabes digna a lo mejor que puede dar la vida.

REVISTA VERDEMENTE, MES NOVIEMBRE 2005,No. 85.

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MUJERES QUE AMAN DEMASIADO
¿Crees que tienes mala suerte? ¿que morir por amor es amar? ¿que sufriendo te amará? Nuestra vida actual, es el reflejo de nuestro pasado grabado en uno mismo. Un entorno lleno de circunstancias negativas te hacen sentir que esa es la vida real, La falta de amor a uno mismo, proviene del deseo y trabajo de ganarse la aceptación de un “otro”. En los primeros años de vida, la casualidad se impone, ya en la edad adulta, donde somos responsables de nuestra vida, no hay una casualidad, mala suerte, o azar delante de nosotros, sino nuestra causalidad. Los cambios se realizan de adentro hacia fuera, en el momento en que vayas modificando tus creencias, las oportunidades irán llegando aún si buscarlas, tendrás la mente libre para tomar decisiones acertadas, y tendrás la capacidad de abrir tus caminos y ampliar tu campo de acción, no tendrás miedo en emprender una ruta nueva, podrás tomar riesgos sin temor, organizados, que se manifestarán con una sola palabra: Éxito. Vale la pena intentarlo. ¡Porque sabrás que eres digna a lo mejor que puede ofrecerte la Vida! REVISTA ESPACIO HUMANO, MES MARZO 2006,No95

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EL PLACER DEL DISPLACER

Continuamente la clínica nos muestra los intríngulis ocurridos entre el placer y displacer humano, de la mano de lo que decimos que queremos pero de lo que finalmente ocurre, de lo que nos gustaría que fuera pero que no se sabe cómo ocurre otra cosa, diferente y contraria a nuestro más sincero interés. “¿qué me ocurre?, preguntan a veces los pacientes, de veras me propongo que las cosas van a ser diferentes pero llegado el momento me ocurre algo que no puedo controlar, que me sale como de adentro y me lleva justo a lo contrario de lo que quiero hacer o decir...”

Lo que ocurre es que hasta no hacer un serio trabajo personal, muchas veces no sabemos qué es lo que realmente queremos, esas cosas o relaciones que deseamos, después de obtenidas no son lo que pensábamos y se vuelve a una búsqueda incansable, o en una desesperanza de que no se podrá nunca llegar a lo deseado y especialmente a un estado despegado de la añoranza, la desolación y la propia melancolía del sí mismo.

Pasa que los seres humanos no nos conocemos realmente, por lo menos no conscientemente, pero una parte de nosotros sí que nos conoce, no olvida aunque no recordemos y nos impulsa en situaciones a hacer o decir cosas que no quisiéramos porque hay algo propio sin resolver, algo de nuestra vida, “nuestra”, no del compañero, la pareja, el jefe..., algo nuestro que nos hace repetir un mismo patrón observado o imaginado durante toda nuestra vida que nos lleva continuamente al displacer de las cosas o relaciones que deseamos, porque en algún lugar no consciente de nuestro ser causa un placer, calma una ansiedad, un deseo.

Personas con trabajos que no les gustan, que les hacen enfurecerse día tras día, se quejan continuamente del jefe, el compañero o el trabajo en sí mismo, pero no buscan otro empleo o incluso otra meta profesional, estancados en la queja. Otras personas con malas relaciones afectivas repetidamente, algunas aguantan largos períodos de tiempo, otras poco tiempo pero saltan de una mala relación a otra, no soportan estar consigo mismas dicen, pero buscan fehacientemente que a otro si les provoque. En el fondo no se creen que puedan tener algo mejor aunque ya les gustaría, porque no se lo creen, y ahí es donde se hace presente el placer del displacer, el placer del fantasma que dice: no vales, no sirves, no mereces... y el displacer que causa seguir pegados a esa posición psíquica que muchas veces va de la mano de una no valía.

El ser humano en busca de “la cosa” como dice Lacan, esa cosa que se busca y no se encuentra, y se encuentra no se ve.

Ese algo que nos ocurre en un momento dado y que no se puede controlar,  que nos lleva en muchas ocasiones a lo que no queremos: es lo que se conoce como pulsión, que no es hablar de instinto, eso es otra cosa, sin la pulsión, impulso por hacer algo que de pronto se hace o viene a la cabeza sin pensar.  Tiene que ver con la identificación, la identificación propia hacia alguien o hacia algo que nos dijeron, que nos hicieron creer, que nos lo creímos y lo que es peor, no los seguimos creyendo. Problemática de la identificación como nos recuerda Freud en “Duelo y Melancolía”. “y que fuera interpretado brillantemente por Lacan cuando, en el Seminario de la Etica, definió al aparato psíquico a partir de esta intervención del otro como un aparato "totalmente construido contra el apremio de la vida", guiándose a partir de ello por los indicios del placer-displacer y no ya por los de la satisfacción de necesidades, e, incluso, en muchos casos -como ocurre con la conocida cuestión de la "alucinacion primitiva"- contra ella. Silvia Bleichmar.

Así en esta rueda de repeticiones inconscientes ligadas a nuestro más interno y profundo compromiso con nuestro deseo inconsciente, las personas pueden llegar a un estado de depresión, ligado a un no entendimiento  de qué les pasa y cómo modificarlo, dado que aunque lo intentan no pueden.

“El enfermo expone su desolación con una sensación de miedo, de incapacidad de salir de ese círculo oprimente y penoso, que le bloquea el deseo de vivir, de amar, de sentir lo positivo de la existencia.


Todo esto es para él inexplicable, pero por fin lo refiere a su reproche y culpa. Es común que el enfermo de depresión endógena duerma hasta tarde. Es que la mañana es su peor hora, y por eso el sueño es su refugio para no sufrir. Al avanzar el día y llegar la tarde, hay una cierta tranquilización. Si bien no desaparece el displacer, la tristeza, se atenúa la ansiedad y la vida parece no atractiva, pero soportable”. Prof. Dr. Carlos J.G. Sisto. Alcmeon. Clínica de la Depresión. Primera Parte.

J.Bucay comenta que en sus sesiones, suele ocurrir esta anécdota:

Analista:¿Que té pasa?

Paciente: lo que me pasa es que él (o ella, el “otro”)no entiende.

Analista insiste:¿Que te pasa a ti?

Paciente (vuelve a repetir):Lo que me pasa es que él (o ella, el “otro”) es muy agresivo

Y el Analista repite hasta el cansacio...!:¿Pero que sientes tú?¿Que té pasa a ti?

Y es muy difícil que la persona hable de lo que le esta pasando, de lo que esta necesitando o sintiendo. Todos quieren siempre hablar del otro. Esta anécdota la vivimos todos los profesionales que trabajamos en esta tarea.

Sin embargo, es diferente dar cara a los conflictos que surgen en las relaciones, con la actitud de revisar: "que me pasa a mí", aunque nos causa rabia y dolor, en vez de echar a un lado nuestra responsabilidad pensando que el problema es que se está con la persona o sitio inadecuado .

Muchas personas terminan separándose creyendo que con "otro", será distinto, y, por supuesto, se encuentran con relaciones similares, donde el cambio es que el “otro” tiene otra fisonomía o estructura, pero el problema “se repite”.

Así a través del psicoanálisis o de arte terapia descubrimos que lo que nos ocurre no tiene que ver con la mala suerte o el azar, pero que tampoco consiste en buscar culpables, sino más bien en asumir una responsabilidad que nos toca a cada uno por individual, que nos aleja de la tristeza y nos une a la vida desde un lugar de unión y amor a la vida misma. Es la responsabilidad única e intransferible de querer estar mejor y encontrar la propia felicidad, que es más un estado de conciencia personal que de personas, entes o bienes que nos rodeen.

Entonces si hasta ahora se consideraba al principio de placer, como el guardián de la vida, cómo es posible se pregunta Freud en “Más allá del principio del placer” que existan tantos otros procesos que se lleven a cabo con independencia de éste.


Se refiere a la repetición. La repetición, implicaría un querer volver atrás, aspiración universal de todo lo vivo. Aparece así el proceso que produce diferencia entre el placer y el displacer.  El displacer es irreductible, más allá del placer, aparece un lugar lógico fuera del aparato  que se presenta como un exterior, en el interior siempre excluido.  Existe algo fuera del universo del principio del placer pero necesario para marcar su frontera, su borde. Mirta Cisneros. Club del Analista. Argentina.

Ir a Terapia no significa estar loco, tener un problema grave o estar mal de la cabeza, ir a Terapia cuando no hay una dolencia grave en nuestro cuerpo o nuestra psique que nos obligue a acudir o nos aleje de poder decidir por nosotros mismos, significa estar creciendo emocionalmente, significa querer conocernos más a nosotros mismos, ser seres más conscientes y conectados con nuestra propia verdad, alejarnos del dramatismo y el víctimismo que solo nos encierra en la propia lástima de sí mismo. Significa querer ser más maduros y ser personas más responsables, sobre todo, con nosotros mismos.

El psicoanálisis ha descubierto la importancia de nuestros años infantiles, en las que un “azar” queda fijado, quizás para defendernos de la indeterminación y de la incertidumbre, de haber podido ser otros y no nosotros mismos, incluso de no haber nacido. Silvia  Fendrik, psicoanalista y profesora argentina, habla de esto en sus Seminarios. Freud da cuenta de ello, y la clínica lo confirma cada día.

En los primeros años de vida, la casualidad se impone, ya en la edad adulta, donde somos responsables de nuestra vida, no hay una casualidad, mala suerte, o azar delante de nosotros, sino nuestra causalidad.

No basta con querer algo, los cambios se realizan de adentro hacia fuera, en el momento en que vayas modificando tus creencias, las oportunidades irán llegando aún si buscarlas, tendrás la mente libre para tomar decisiones acertadas, y tendrás la capacidad de abrir tus caminos y ampliar tu campo de acción, no tendrás miedo en emprender una ruta nueva, podrás tomar riesgos sin temor, organizados, que se manifestarán con una sola palabra: Éxito. Vale la pena intentarlo. ¡Porque sabrás que eres merecedora a lo mejor que puede ofrecerte la Vida!

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES OCTUBRE 2006, N. 101

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L@ AMO CON LOCURA

“La/o amo con locura”, “no sé estar sin él/ella”, “muero de amor”, “daría mi vida si...”. ¿Cuántas veces no hemos oído expresiones como esta?, parecieran la cúspide de una manifestación de amor “real”. Los poemas venden la tragedia del desamor, los amantes q se matan si el otro falta, como Romeo y Julieta, las canciones de moda que venden el desamor o el amor con dolor, que es lo mismo, como forma de amar, incluso como forma amorosa y aceptada de amar y cuando conocemos a alguien que ama sanamente, que respetan los espacios del uno y del otro, que tienen una buena pasión sin obsesión, entonces pensamos que ahí falta algo, que no hay amor o que falta deseo.

Eso no es más que falta de información y lo anterior es adicción a las relaciones, que aunque en un principio parezcan maravillosas, terminan siendo disfuncionales.

La persona se enamora de “una persona problema”, a quien pretende salvar de su conflicto y en consecuencia recibir su amor, pero la verdad es que incluso cuando esta barbarie sucede con final “positivo” (poquísimas veces ocurre), en realidad es negativo, es decir,  él o la salvadora incomprensiblemente incluso para sí misma/o, pierde interés en la persona que ha salvado. La salvadora o el salvador ya no soportan más y simplemente se retiran en búsqueda (inconsciente claro está) de otra “persona problema” a quien salvar, y así se repite el ciclo. De pronto el excesivamente generoso le da una patada al egoísta, egoísmo del que han sido responsables manteniendo ese tipo de relación largo tiempo o reiteradamente .

En realidad esta persona lo que necesita es salvarse a sí misma del terrible auto-convencimiento de que no merece el “verdadero” amor del Otro, que es muy distinto al agradecimiento o compañía del otro, aunque incluya, como en la mayoría de las veces, el encuentro erótico, que además es vivido como ideal e inigualable.

Probablemente la persona, mujer u hombre, aunque en al clínica lo vemos más reflejado del lado de la mujer, en algún momento de la vida ha perdido a su verdadero Yo, a ese Yo regulador de sus pulsiones y sus mandatos del pensamiento, hablando en términos coloquiales para que puedan entenderme la/os lectora/os que no estén familiarizados con los términos psicoanalíticos. Probablemente haya ocurrido en la infancia, época en que se forma la personalidad y lo que buscan en los demás solo podrán encontrarlo en sí mismos y así acabar el ciclo de la dependencia emocional, adicción amorosa o sexual, hacia el Otro.

Estas personas no le gustan estar consigo mismas e irónicamente buscan que alguien si quiera estar con ellas, utopía de la realidad, se avergüenzan de sí mismos, sienten su vida vacía, sin objetivos propios y sin valía personal. Buscan dignificarse a través del Otro (mujer, hombre, pareja, objeto del deseo, hijos, padres, jefes...).  A veces coinciden con alguien que se encuentra en lo mismo pero desde la posición contraria y se sienten entusiasmados ante esa venta de amor sin medidas, pero llega un momento en que ese receptor de amor ya no soporta la situación, o no le sirve más, o no la desea más, acordémonos que en realidad aunque parezca otra cosa hablamos de una relación disfuncional y entonces decide retirarse.

La persona que amaba demasiado caerá en la desgracia absoluta, inconscientemente se da cuenta de la fragilidad de esa identidad que no le pertenece, que se la brindó el Otro, siente que le quitaron todo, el sentido de vida, el deseo, las ganas, que el Otro se llevó lo que era.

Realmente se creen que aman de una manera altruísta y no equivocada y así el o la adicta o co-dependiente (parejas de adictos al alcohol, drogas, sexo, amor, comida...) cae en un inmenso vacío. Se queda sola/o, desesperada/o y lleno de interrogantes que usualmente acusan al: ¿por qué se fue con todo lo que la/o quería yo?. Lo mejor de mi vida se fue, lo que importa ya no existe, dejan de saber quiénes son. También suelen repetir que ese otro tiene el poder de bajarles o subirles el estado de ánimo, sin darse cuenta con son ella/os la/os que le han dado ese poder.

A través del análisis personal, de la responsabilidad que amerita ir a terapia y  enterarnos que de adultos ya somos seres causales o causantes de nuestras propias angustias o alegrías, es que la persona podrá resolver el conflicto que subyace bajo esta forma de relacionarse. Empieza sobre todo por reconocer que algo no funciona bien, no porque el otro haga o deje de hacer, sino por sí mismo, así podrá empezar a detener la acción adictiva para promover y sostener la recuperación.

La recuperación que se busca es para siempre y el objetivo principal es mejorar la calidad de vida de la persona, reemplazando el vacío y la soledad implícito en toda relación disfuncional por muy acompañado físicamente que se esté, por acercamiento a sí mismo y posterior acompañamiento real de seres queridos y correspondidos sanamente. Y cuando no se sea correspondido, poder aceptarlo aunque implique una aflicción, muy distinta al vacío. Y en vez de perseguir al que decidió retirarse, poder reemplazar el objeto de amor (siempre que este reemplazo no se convierta en una adicción, porque entonces hablaríamos de lo mismo).

Para dicha recuperación, no existen curas mágicas, la prisa solo sostiene la adicción y el conflicto, la urgencia no es más que seguir en la posición de la no valía. La búsqueda obsesiva del pronto arreglo, la urgencia de estar bien “ya”, la embriaguez de “terapias rápidas”, la persona o lugar que en definitiva arreglará la vida del sujeto, solo grita el síntoma de la persona, sigue hablando de lo mismo, cuando existe ese término de la urgencia y del vendaval.

Muchas veces en el discurso del paciente en sesión se reconoce la repetición de generación en generación de esa posición, de esa manera de relacionarse y oímos decir: “pero mi madre hacía lo mismo, y mi abuela, y mi abuelo, y mi padre, y mi hijo o mi hija..., mi marido-como mi padre”. Hasta que la persona se atreva a analizar en profundidad su comportamiento y el de la generación inmediatamente anterior, ello no quiere decir que se dejará de querer a los mismos si se descubren cosas que no nos gusten de ellos o si descubrimos que no son tan ideales como creíamos, solo nos mostrará la vulnerabilidad humana y el desamor hacia nosotros mismos que por una errada lealtad al amor (o desamor) hacia el Otro, solo nos inclina a repetirlos.

Muchas veces nos encontraremos con mandatos como “tienes que ser bueno y sino: parecerlo”, “sufriendo se llega al paraíso”, “serás recompensado algún día”, “lo que pasa es que no has encontrado al amor de tu vida (en un mundo lleno de millones de personas)”, “te falta tu media naranja (como si fuéramos seres incompletos)”, etc.

Se busca que el otro la/o apruebe, la/o acepte, la/o guste.

Estas personas necesitan un análisis personal que conlleva a una vista atrás, no para encontrar culpables, sino para comprender y alejarse de la repetición inconsciente que solo conlleva a un encuentro mortífero desde el comienzo por muy erótico y vivo que parezca.

Amar con locura, es locura en vivo, muy distante del verdadero y sano amor. Estás a tiempo de comenzar, porque eres digna/o a lo mejor que puede darte la vida...

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES FEBRERO 2007,N 105

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CUANDO EL SINTOMA ES EL AMOR

Cuando hablamos del amor como síntoma, hablamos de personas que aluden a su inmenso y desinteresado amor, un alud de sufrimiento. Son personas con equivocadas relaciones interpersonales, muy notable en sus relaciones de pareja, algunas hablan de sí mismas como personas adictas o co-adictas que dicen caracterizarse por: “amar demasiado” -existe un texto de autoayuda de Robin Norwood con el título: Mujeres que aman demasiado-, estas personas incluso exoneran el maltrato físico, psicológico y en ocasiones también sexual bajo la excusa de un desmesurado amor al otro, aunque sienten no ser correspondidas como ellas quisieran o creen merecer (a nivel consciente), ese “amor” las hace creer exoneradas de responsabilidad y que un cambio en esa forma de vida sería realmente un sin vivir.

Parece arto chocante nombrar el amor como síntoma, amar demasiado, lo cual haría distinguir un concepto de amor establecido en cuanto poder definir que estas quejas de excesivo amor al otro están enunciando cualquier otra cosa, menos el referido amor.

Enunciado entonces que no podemos estar hablando de amor cuando el mismo incluye un monstruoso desequilibrio, carencia absoluta de placer (aunque en apariencia exista) y una vida transformada en tormento, todo ello en consecuencia del referido amor, nos hace pensar en un sufrimiento, no a causa del amor, sino de una variante que la persona confunde con amor, una falsa emoción como nombra Irvin Yalom, quien en su texto de título El Verdugo del Amor y otras historias de psicoterapia enuncia: “El amor es más bien, un estado, un “dar”, un modo de relacionarse en general, y no un acto limitado a una sola persona [...] cuidado con el poderoso y exclusivo apego hacia otra persona; al contrario de lo que la gente supone, no es evidencia de la pureza del amor. Un amor así, tan encapsulado –que se alimenta a sí mismo, sin importar los demás- está destinado a derrumbarse”.

Relacionar al amor con la moderna enunciación de inteligencia emocional, pareciera acertado, relacionarlo con el encuentro con un otro complementario, es enunciar un encuentro siempre fallido, pero que peligroso es enunciar al amor deseando el bien del otro y su felicidad aunque incluya sacrificio y más aún como amor verdadero o amor sano, cuando este es un argumento tan utilizado en las personas que presentan como síntoma al amor, refugiándose en conceptos como éste o eslogan religiosos que tan en peligro ponen su propia integridad, a veces física, a veces psíquica y muy a menudo, ambas.

Para Erich Fromm: “...el amor es un arte[] y, como tal, una acción voluntaria que se emprende y se aprende, no una pasión que se impone contra la voluntad de quien lo vive. El amor es, así, decisión, elección y actitud”.

El amor es un estado que crece o decrece dependiendo de como se retroalimente ese sentimiento en la relación de los que componen el núcleo amoroso. La retroalimentación depende de factores tales como el comportamiento de la propia persona y de la persona amada, sus atributos involuntarios o por las necesidades particulares de la persona (deseo sexual, necesidad de compañía, esfuerzo de voluntad, deseo de ascensión social, aspiración constante de completitud, etc.). Por eso el amor es un arte, y en la vida del artista es observable como su obra se transforma con el paso del tiempo –se aprende y se emprende-, es decisión, elección y actitud – que incluyen compromiso y responsabilidad con uno y con el otro.

La persona se siente como insuficiente y al otro lo vive como suficiente, queda hipnotizado por el Otro, idealizado por su imaginario del Otro. Pero en ese círculo la Diosa o Dios, se convierte en diablo/a.

Al estar sola, el lleno se le hace vacío, y viene el impulso de llenar el vacío del Otro, a veces a través de drogas, alcohol o relaciones insatisfactorias, entre otras. La persona no se confronta a su falta, a ese vacío. Tiene una fuerte necesidad de ser necesitado.

La aspiración de estas personas es el amor incondicional y el amor no es incondicional, tiene condiciones. A pesar de los conceptos de amor idealizado que podremos encontrar en algunos sitios, el amor es utópico imaginarlo como incondicional cuando se corre el riesgo o se viven reales situaciones de maltrato e incluso de riesgo de la propia vida a expensas del mencionado amor, cuando la relación se transforma en un calvario para ambos, de reconciliaciones y malos tratos.

Culpa e irresponsabilidad se hacen presentes en este círculo. Así como el agobio y la angustia. La persona busca el Yo ideal, que es un Yo alegre y sociable, sin embargo, ese Yo deja de servirles después de que mejoran y se afrontan a su falta, a poder convivir con las diferencias del otro, cuando asumen su propia responsabilidad y se aman lo suficientemente como para no buscar ser perfectos (Yo ideal) para poder ser amados por el otro.

Hablar del amor como síntoma, incluye una adicción al dolor. De un supuesto amor en demasía al Otro, que habla en realidad de poca autoestima. En este tipo de persona, existe una agresividad pasiva, pasiva porque no se dirige a otro, sino a sí mismo.

La clave está en: “hacerse cargo”, pero ¿cómo, por qué? se dice la persona en análisis, persona separada de la escucha, de su inconsciente, de la interpretación, cuando el eslogan contemporáneo fomenta el exigir derechos pero obviar responsabilidades, van implícitos uno en el otro. Y ahí nos encontramos con personas enlazadas en quejas del otro, ciegas y sordas de sí mismas.

Así es como en tiempos actuales rara vez alguien llega a la consulta del psicoanalista con alguna pregunta acerca del ser, del sujeto; usualmente se trata de una queja del goce perdido, queja del Otro, que se tornan en algo traumático. La pasión de la envidia, el ansia pulsional reemplazan al deseo, la venta de “igual felicidad para todos”, engaña la singularidad de las personas.

Pero el síntoma de éstas, sostiene personas que no creen en sus síntomas y menos aún en su posición subjetiva, en su inconsciente que lo determina, desenmarcando la posibilidad de cualquier desciframiento. La sesión se convierte en una queja de las culpas de un Otro, esquivando la propia responsabilidad y la interpretación del analista. Sin embargo está en el síntoma la posibilidad, no para identificarse, sino para que le cuestione, es ahí, donde está el camino de la cura.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES SEPTIEMBRE 2007,No.111

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SUFRO PORQUE AMO...,TIENE SENTIDO..., ES POR AMOR

¿Cuantas veces hemos oído de que alguien sostuvo una relación disfuncional durante años y en algunos casos durante toda la vida, escusada por un referido amor a su pareja, quien le es indiferente, eso cuando menos...?

La mujer arrastra una carga cultural de soportar lo insoportable como símbolo de amor, las religiones más ortodoxas mal entendidas son una perfecta excusa para este tipo de personas que se apoyan en estos escritos aguantando cualquier clase de pesar. Si es cierto que la actual postmodernidad “vende” un stop a la frustración utópico, pues bien dijo Freud que en el paciente hay que eliminar la frustración innecesaria, más la frustración forma parte del vivir, soportar la diferencia entre la persona y la pareja es muy diferente a soportar relaciones disfuncionales. Sin embargo, lo más llamativo de esto no es lo disfuncional en sí mismo, o ese ser egoísta y avaro que abusa de su pareja, sino la mujer que lo permite y lo sostiene, basada en su amor hacia ese Otro.

Cuando el amor en vez de causar alegría causa sufrimiento hay que detenerse a observar qué es lo que está ocurriendo y tomar cartas en el asunto, sin embargo, en la clínica observamos y no por casualidad en épocas actuales, mujeres que se sienten atraídas por hombres problemáticos y lo achacan a la mala suerte, en casos extremos de malos tratos no ponen fin al drama en que se encuentran prisioneras, y lo saben, saben que hay algo que no es natural, que las hace sufrir, sin embargo se quedan “enganchadas” a situaciones conflictivas y muchas veces la consulta se convierte en un lugar de queja por las acciones de sus ¿parejas? y no de cuestionamiento sobre ellas mismas. Buscan una receta que los cure a “Ellos”...

Incluso en muchas ocasiones son mujeres responsables y emprendedoras, pero con un problema de autoestima, disculpan a sus parejas egoístas, incluso a veces se culpan ellas de no ser mejores para que su pareja no las humille, permanecen soñando con lo que un día fue o podría ser, apartadas de su real infelicidad. Creen que su equivocada generosidad forma parte de su demostración de afecto.

Estas mujeres suelen sufrir ansiedad, lloran incansablemente y tiene ligado el sufrir al enamoramiento, tan distante en una relación sana, lo uno de lo otro.

Ellas necesitan dar afecto y se olvidan de recibirlo, más al no tenerlo pueden incluso volverse violentas hacia su víctima/victimario, fortaleciendo así el circulo vicioso de las adicciones de irresponsabilidad/culpa, despojan de valor a sus parejas para sentirse superiores, pero muy especialmente más que amar o sentirme amadas, necesitan es sentirse útiles, es decir, necesitadas por ellos y “enganchan” en una lucha siempre fracasada de “curar” o “estabilizar” a su pareja en vez de cuestionarse a sí mismas. Son capaces de permanecer a veces años si con ello creen que finalmente van a poder conseguir su cometido, se esfuerzan para que el otro cambie, conservan las esperanzas a pesar de los insultos y vejaciones recibidos, aunque a veces sean muy evidentes o en otros casos apenas sutiles, no dejan de ser malos tratos.

En realidad su autoestima no está bien y por ello funciona ese fantasma que las hace quedarse enganchadas a este tipo de relaciones, en alguna parte de ellas no se creen merecedoras de la felicidad o la tienen mal entendida.

Sin embargo al leer estas líneas, algunas mujeres se sentirán identificadas con algunas cosas y no con otras, como ocurre en muchas ocasiones con la lectura del libro Mujeres que Aman Demasiado de Robin Norwood, sin embargo, ¿cómo saber si se está amando demasiado?:

Cuando estar enamorada significa sufrir, cuando se ocupan más de los demás que de sí mismas, incluyendo olvidarse de sí mismas. Cuando no les gusta muchas características intrínsecas y básicas de la otra persona, pero las aguanta con el grave pensamiento de que si ellas fueran más hermosas, o cariñosas, o amigas, o profesionales, o, o, o..., entonces el otro cambiaría por ellas, ahí, se está amando demasiado. 

No entro en esta ocasión en desmenuzar mejor este asunto acerca de “amar” “demasiado”, porque bien valdría la pena cuestionar el amor bajo estas premisas si nos basamos en el concepto de amor de Eric Fromm en su texto El Arte de Amar, donde considera al amor un arte, que se aprende, que conlleva compromiso, que conlleva amor a uno mismo y al otro, textualmente en uno de sus párrafos dice así: “Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si solo sabe amar a los demás, no sabe amar en absoluto”. 

Sin embargo, existe la posibilidad de solucionar esa forma equivocada de amar que conlleva tanto sufrimiento, pero para ello es importante “reconocer” que se tiene un problema, y “querer” mejorar “ellas”, por sí mismas y para ellas mismas, ahí existe la “posibilidad” de cambio (usualmente estas relaciones funcionan de manera adictiva, siento el Otro una especie de tóxico a consumir), superarlo incluye “esfuerzo, responsabilidad y ética”.

Tomar conciencia de esta ¿enfermedad? es a veces bastante difícil y doloroso, pero más doloroso aún es permanecer en ello y desaprovechar una oportunidad de vida transformada en sufrimiento. Para dejar de amar demasiado no existen caminos cortos, lo que sí es seguro es que si elige recuperarse, dejará de ser una mujer que sufre por amor, para pasar a ser una mujer que se ama lo suficiente como para detener la adicción al dolor y disfrutar del amor. Es posible, en especial cuando comience a conocer que merece lo mejor que puede darse en esta vida. Darse, obsérvese bien, ella misma, no el destino o la casualidad, ella misma...

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES FEBRERO 2008,No.116

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AMOR U OBSESIÓN

Seguramente, al leer el título de este artículo más de uno contestará con firmeza que sin lugar a dudas lo que siente por Pablo o María, según el caso, se trata de Amor, y le será más fácil entender por el término obsesión otra cualquier suerte de cosas e incluso identificarlo con algún pretendiente que tardó muchísimo tiempo en desistir de su interés.

El asunto es que en el amor, la línea que separa el amor sano del patológico es muy fina, no es extraño escuchar frases como: “está sufriendo una pena de amor...”, o “está tan enamorado que se ha vuelto como loco...”, o “por ese amor es capaz de todo...”. Penurias, locura, ser capaz de todo...

Quién no se ha emocionado con la obra de Romeo y Julieta de Shakespeare, quién de niña no soñó con los príncipes de Disney, o con aquellas doncellas semi-muertas esperando que vinieran a darles la vida. Sin embargo la vida adulta acompañada de madurez emocional, me refiero, no a esos adultos que siguen amando de manera adolescente, es decir, adoleciendo, sino a quien ha entendido y asumido que su felicidad y posibilidad de tener un amor sano, yo diría un amor genuino y verdadero como plasmaba Freud está  en sus manos, en su elección o incluso en su desistimiento.

Se han pasado siglos de la vida conceptualizando el amor, se siguen escribiendo miles de canciones de desamor confundidas con amor, de sufrimientos desgarradores con quien cualquiera se identifica alguna vez, pero realmente que triste sería tener que asumir que una relación de pareja se va a basar en el dolor, en los estragos, en las luchas.

Muchas pacientes en sesión se preguntan por esa nueva novia de su ex pareja, o alguna chica anterior que formó parte de su actual pareja, el fantasma de la otra, ¿qué tendrá ella que no tenga yo?, ¿por qué con ella sí, por qué conmigo no?; y cuando mencionan a un pretendiente enamorado le tildan de débil, de fastidioso, ese que casi sería capaz de poner una alfombra roja por donde ellas pasasen, ¿os dais cuenta?, claro que no tienen que elegir a alguien de quien no están enamoradas o enamorados, pero si hay que cuestionarse dónde está puesta esa libido amorosa que trae tantos sufrimientos y decepciones.

Hablamos en su mayoría de mujeres, pero no de cualquier mujer, son mujeres capaces, trabajadoras, pilares fundamentales de su hogar, pero que en el amor son incapaces de poner límites, de decir no, se vuelven sumisas, generosas, pero a veces de tanta humillación recibida (y soportada por ellas como muestra de amor) les sale un impulso agresivo, les dicen a su pareja cualquier clase de cosas, tratan de devolver la humillación recibida o la que creen haber recibido, para posteriormente volver arrepentidas, pidiendo disculpas. Así se repite el círculo vicioso generoso-egoísta, masoquismo y sadismo dos contraposiciones de lo mismo.

Todos sin excepción  van en busca de una pareja, como se dice por ahí, en busca de su media naranja que les complete, sin comprender que esa búsqueda siempre será fallida, equivocada y además muy dolorosa. Todos sin excepción arrastramos en la vida una hiancia con la que hay que saber convivir, una soledad que a veces ni la mejor compañía lograr taponar en su totalidad, pero es que no puede, como tampoco podríamos nosotros taponarle a nadie esa falta, incluso por muy generoso que se sea, muy por el contrario, eso no es señal de gratitud bien entendida, esa generosidad de la mano del exceso sólo trae egoísmo del otro lado, sólo habla de una baja percepción personal.

Cuando el amor está condicionado a vida o muerte, no se puede estar hablando de amor, por lo menos no de un amor sano, en tal caso se hablaría de un mal querer, otra cosa confundida con amor.

Cuando en al clínica los pacientes exponen como síntoma al amor esconden al verdadero síntoma, como el drogadicto cuando se presenta como tal, o el alcohólico, o cualquiera que mínimamente reconozca que tiene una adicción a algo, el problema no es el consumo, es lo que le hace ser adicto, es algo que está detrás y que justamente el trabajo en sesión consiste en trabajarlo y ponerle remedio.

Este tipo de amor enfermizo, que hace daño a ambas partes y a los familiares y amigos que bien los quieren, tiene un placer inconsciente, es lo que se entiende como el placer del displacer. Algo en su interior los tiene infravalorados, ellos se presentan sobre valorados, para finalmente no encontrar calificativo a su estado de ánimo, a su desgarrador desamor, a su pena.

Sienten angustia cuando le reprochan al otro, se sienten culpables y así sostienen el mal trato, sin tomar responsabilidad en el asunto, presentándose como personas totalmente vulnerables ante las decisiones y acciones de su pareja, como cuerpos sin alma, como títeres del otro. Mujeres semi muertas esperando que venga otro a darles la vida, mujeres que se presentan como niñas ante un amor.

Sólo una mano de ética sobre sus propias vidas, el reconocimiento de algo de responsabilidad en sus desdichas hará posible que busquen ayuda, que sean capaces de verse a la luz sin sentir vergüenza y ser capaces de buscar realmente lo mejor que puede darles la vida. Cosa que empieza por ellas, por ser capaces de dejar de ser leales a una falsa creencia persecutoria y que se plasma en sus relaciones. Ser capaces de traicionarse a sí mismas para poder actuar de otra manera, para tener una vida más sana y sobre todo menos dolorosa. Si bien la vida trae consigo frustraciones con las que no queda otra que paliar, no quiere decir que sea lo mismo convivir con el sobrante de esa frustración, Freud lo decía, en el paciente hay que eliminar la frustración innecesaria, pero hay una parte que forma parte del vivir. Pretender una felicidad perenne es un mentira impúdica del eslogan moderno al que hay que saber enfrentar. Pero eso no quiere decir que no se pueda tener una relación sana y provechosa, pero para ella hay que estar pendiente de los sobrantes, incluso de los sobrantes de generosidad, de supuesto amor, ¡cuidado!, ahí se puede estar hablando de cualquier cosa y cuando esa percepción personal no está en su debido lugar las cosas se pueden mal entender.

Los otros son siempre extranjeros, tu madre, tu padre, tu hermano, tu amiga, tus hijos, tu pareja, son extranjeros en el sentido que son otros, que  no eres tú, que coincidís en algunas cosas pero en muchísimas otras no, y mientras esas diferencias no sean dañinas hay que saber convivir con ellas, soportar la diferencia, eso es lo único que haría posible sostener una relación después de los estragos y narcisismo innatos del enamoramiento.

El amor es entonces un encuentro siempre extranjero aunque al principio no lo parezca, que para que bien pueda llamarse amor debe permitir la alteridad, de no ser así estaríamos hablando de otra cosa. Todo empieza por ti en el momento en que te sepas merecedora de lo mejor que puede darte la vida, en esta vida.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES JULIO-AGOSTO 2008,No.121

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COMIENZA EL AÑO NUEVO..., ¿APOSTAMOS POR EL AMOR?

Siempre se ha oído hablar del “amor platónico”,  no resulta extraño, aún en nuestros días escuchar frases como: “sufre de mal de amores”. Aunque son expresiones que hablan de cosas distintas, una es el enamoramiento unilateral e imposible o bilateral pero nuevamente imposible porque alguna de las partes o ambas así lo deciden y otra es el mal de amores que este platonismo puede producir.

Sin embargo también está el mal de amores después de un rompimiento de una relación, pero qué pasa cuando no se logra hacer el duelo de ese rompimiento, cuando ese mal de amores se ancla demasiado tiempo, cuando imposibilita la vida cotidiana de esa persona. ¿Sería correcto seguir hablando de amor, o estaría presente otra cosa?.

Pareciera que se trata de ambas. Una lucha inconsciente por ganar una pelea que está perdida desde el mismo momento en que se enviste así una relación amorosa,  y sí, se habla de amor, sólo que es un amor enfermo, es un mal querer, tanto para el que lo sufre como para el contenedor de ese enamoramiento que se irá convirtiendo en patológico e insano. Se trata entonces también de vanidad, de egocentrismo.

Estos amores que no permiten la alteridad, la libertad de otro de poder decidir que no quiere continuar una relación, o la sumisión del enamorado que es capaz de sufrir todo tipo de vejaciones por parte del otro con tal de no terminar, “de no estar sólo”, habla de un amor extremadamente idealizado.

Por supuesto que el amor es narcisista, por supuesto que se quiere a ese otro que te devuelve halagos, alabanzas y buenos momentos, lo peligroso estaría, no en la diferencia de que ese otro se vista de verde y morado y te gustaría que lo hiciera de marrones y azúles, sino cuando esos halagos vienen alternados por puños, por bofetones morales, por abusos de cualquier índole.

Al permitir este tipo de relaciones se pretende casi un milagro, que se haga realidad un cuento de hadas en la vida real y que a través de un beso de ¿amor? el pobre sapo se convierta en príncipe. Se ha idealizado al amor, al amado, se ama desde una posición infantil sin resolver. Después en la consulta se demuestra como estas personas que se sienten víctimas de este mal de amores, en consecuencia también platónico, también son agresoras, también maltratan y mal dicen, a la final, no dan.

Así, la llamada relación de amor en realidad habla de otra cosa, de una lucha de poder, de un egocentrismo equivocado. Ignace Leep, en su texto Psicoanálisis del Amor lo describe así: “…Estas personas aman, carnal y sentimentalmente, a otra, pero este amor no logra arrancarlas de su egocentrismo. Su amor no es objetivo, sino captativo; exigen pero se niegan a dar y, sobre todo a darse (…). Pero su narcisismo se explica por los residuos del infantilismo afectivo no liquidado por completo. De ello resultan penosos conflictos para el propio sujeto y un gran sufrimiento para la persona amada.” (Leep, 1960, P.95).

A modo de ejemplo de lo expuesto, en el texto El banquete de Platón, Sócrates ante el enamoramiento que le profesa Alcibíades, llenándolo de alabanzas y halagos y proponiéndole sea su amante, contesta lo siguiente:

“…si en efecto es verdad lo que dices de mí y hay en mí algún poder mediante  el cual tú podrías hacerte mejor (…), estarías viendo en mí una belleza indescriptible (…). Por eso, si al contemplarla intentas compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es posible lo que  piensa obtener de mí, sino que intentas adquirir, a cambio lo que es bello en apariencia, lo que es verdaderamente bello y en realidad pretendes trocar oro por bronce. Pero,(…) examínalo mejor, no sea que te pase inadvertido que no soy nada. Ten por seguro que vista de la inteligencia comienza a ver agudamente  cuando la de los ojos comienza a perder  su pujanza, y tú estas aún lejos de eso.” (Platón, 2006, P. 136).

 Sí está muy bien enamorarse y admirar a la persona que se ama, quererla, procurarle bien y tener muestras de afecto y “buen” aprecio por esa persona, pero cuidado con destituirse, con difuminarse en presencia del otro, cuando eso sucede, cuando sólo la lucha o el máximo silencio son las únicas vías que posibilitan esa relación, ¡cuidado!, se está en problemas.

 De todas las expresiones de amor que existen en todas las lenguas, la profesada en italiano pareciera la más exacta: “ti voglio bene”, te quiero bien, no es te quiero nada más, que pone de manifiesto el deseo del amante, sino te quiero bien, que pone de manifiesto el deseo del amante pero también el bienestar del amado.  Trata del eslogan religioso tan oído y trabajado tanto en psicoanálisis como en otras teorías: “ama al prójimo como a ti mismo”, como a ti mismo, y cuando eso no es así, cuando se es capaz de: morir por amor, dar lo que sea, decir:  no vivo sino está , hay un sentimiento que se ha enfermado y lo más recomendable es buscar ayuda

 No existen ni sapos ni príncipes azúles, la mujer no tiene porque ser una mujer muerta encerrada en un castillo esperando un beso que la rescate y la haga persona, que le posibilite vivir, eso es colocar en el otro una responsabilidad que sólo es individual. Para que una relación sea real y duradera amerita mucha paciencia, trabajo y amor, pero eso no incluye lo que sea, el vale todo, el ni contigo ni sin ti

“…Cuando el amor platónico es fruto de la represión neurótica de la sexualidad, no hay ningún derecho a alentarlo. Podrían resultar de ello inhibiciones para el interesado y a menudo también mucho daño para los demás. Para remediar este tipo de amor hay que terminar con el infantilismo afectivo, tarea que sólo la psicoterapia está en condiciones de cumplir.” (Leep, 1960, P.95

Estamos comenzando un nuevo año, quizás es un buen momento para darnos y profesar a su vez, lo mejor que puede darnos la vida. Ese sí es un derecho y asumido con exactitud, un deber, una toma de responsabilidad de nuestra propia vida que puede procurarnos un destino diferente.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES ENERO 2009,No.126

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EL MAL DE AMORES

Antiguamente, mucho se ha escuchado hablar del mal de amores. Esa pena soslayada que tumbaba a un sujeto en una melancolía que difícilmente parecía tener salida, todo a consecuencia del infortunio de un mal amor. 

           Esta disposición es más recurrente en la posición femenina que en la masculina, que pareciera poder salir del entuerto con otra disposición. Aunque, para que un hombre pueda acceder al amor, la posición femenina será la que le regirá en esas circunstancias, con lo cual una vez más no se tratará de hombres o mujeres, sino de posiciones ante la diferencia, la femenina o la masculina.

           Ahora bien:

Después de acercarnos a esa disposición típicamente femenina para el amor incondicional y el sacrificio, continuaremos la historia con la propia elección de pareja que siempre es fruto de todo menos del azar. Me referiré a esos casos en los que se establece un tipo de relación en el que la mujer convierte a su hombre en un dios y ella pasa a ocupar el lugar de su sierva, de su dueña. (Michelena, 2008, P. 29).

Entendiendo la feminidad entonces, no exclusiva de las mujeres, pero tampoco extraña a ellas. Es usualmente en las mujeres que se recalcará esta situación.

La mayoría de estos amores imposibles, por suerte, no son eternos, y aquel que hasta ayer era un dios y ocupaba el lugar más alto de un pedestal, una mañana cae sin remedio y casi sin explicación. Un buen día resbala el velo que no dejaba ver a la mujer con claridad y su ídolo se presenta en toda su humani­dad. Será cuando ella esté preparada para desprenderse interna­mente de él, aunque se hayan separado mucho tiempo atrás.

Caído el ídolo del pedestal, empieza el proceso de recons­trucción de la mujer, que habrá de atravesar un duelo inevita­ble. (Michelena, 2008, P. 30).

     Sin embargo, hasta que ese momento llega, se notará en la mujer esa disposición a encarnar una cierta maternidad sobre ese sujeto elegido, y no es accidental que no se enuncie aquí a su compañero de vida, pues cuando ese momento llegue, seguramente otras cosas serán las que se compartan en esa relación. Pero prevalecerá en este amor, la necesidad de curar, educar, reparar, a ese sujeto de su problemática, sin interrogarse ella qué la hace aprenderse ahí.

Hoy, recurro a la «preocupación maternal primaria» para explicar el enamoramiento. Si entonces dije que «la mamá de un bebé recién nacido se comporta como una mujer enamorada», hoy diré que «una mujer enamorada se comporta como si fuera la mamá de un bebé recién nacido». (Michelena, 2008, P. 36).

La psicoanalista venezolana Mariela Michelena, en su texto Mujeres mal queridas, explica como ésta posición aclara esa sensación de sentirse mal querida por los otros, respuesta directa al excesivo amor del que estas mujeres hace alusión muy orgullosas.

El problema surge cuando se hace exactamente lo mismo con un hombre con toda la barba. Esto es lo que convierte a una mujer en malquerida: soportar sus bufidos, su indiferencia, su traición y sus accesos de cólera con un estoicismo maternal. Ella se ha convertido en malquerida cuando es suficiente una sonri­sa, tan sólo una pausa, para que se precipite a dar el tema por zanjado y le llene de besos y de perdones. Se habrá convertido en malquerida cuando una llamada suya baste para sanarla de un desprecio, de un insulto, de una traición, de un abandono. Ella estará de nuevo allí, dispuesta a todo, convertida en una perfecta malquerida y además encantada de haber recuperado su lugar junto a ese ser que le hace sentirse tan importante. A este tipo de entrega  sin restricciones se le conoce como <<amor incondicional>>. (Michelena, 2008, P. 38).

     Muchas veces se oye decir que se trata de mala suerte, de mujeres víctimas de una situación de las que parecieran totalmente ajenas, y quizás hayan situaciones así, pero la respuesta ante esa problemática marcará la diferencia.

¿Qué quieren realmente Lía y Graciela? ¿Lo que «dicen» que quieren o lo que «hacen» para conseguir lo que tienen? ¿A qué parte de ellas habría que creer? Pues a las dos, porque ninguna miente. El problema es que los que no son psicoanalistas, es decir, la mayor parte de la gente normal, suele escuchar sólo a la Lía o a la Graciela que «dice», y nos parece que la Graciela o la Lía que «hace», hace lo que hace porque es víctima de unas cir­cunstancias externas que le son ajenas. (Michelena, 2008, P. 47).

           Pero le son ajenas, porque no hay el espacio para el cuestionamiento, y en lugar de ello, sólo queda la queja.         

[Muchas mujeres se preguntan:] ¿qué he hecho yo para merecer esto? (…). Saber lo que cada cual hace para modelar su vida es importante para discriminar cómo puede deshacerse el entuerto y así poder responder a una pregunta crucial: ¿qué puedo hacer yo para salir de donde estoy?. (Michelena, 2008, P. 134).

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES SEPTIEMBRE 2010,No.144

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LA SUPER WOMAN

En sintonía con el atareado mundo actual, las mujeres de esta era están con todas sus fuerzas tratando de mostrar su gran posibilidad de Ser. Ser esa mujer capaz de cumplir en el trabajo, con las tareas del hogar, con las amigas, con los hijos…, se podría hacer una larga cadena de metas las cuales trata de cumplir. Pero no sólo llevar a cabo, sino súper llevar a cabo.

           De la misma manera que estas súper mujeres tratan de poder cumplir todas las expectativas creadas por ellas mismas sobre sí mismas, la misma condición se establecen en cuanto a las relaciones amorosas. Existen textos de actualidad, con gran tirada en el mundo de occidente que hablan al respecto. Y no se trataría tanto de mujeres con una baja auto estima, sino de mujeres con un concepto de amor confundido. Más bien se puede observar interesantes casos donde el roce con la omnipotencia es palpable. Tendiendo al heroísmo, realizan a sañas forzadas que no le devuelven el éxito esperado, sino sufrimiento y una sensación de pérdida de la propia dignidad.  

           Elucidar a la Súper Woman como todo poderosa, en realidad, es esconder detrás de sí otra cosa disfrazada de amor,  capaz de soportar muchas veces cualquier cantidad de improperios y humillaciones. Cabría preguntarse qué pasa en esta situación. Qué sucede en las mujeres que han logrado ciertas igualdades de condiciones entre los hombres y las mujeres, en cuanto a derechos y posibilidades legales se refiere, pero han denegado su diferenciación estructural.

…Digamos, en resumen, que una mujer a veces se da aires de masoquista, pero es para darse aires de mujer, siendo la mujer de un hombre, a falta de ser La mujer... (Soler, 2007, P. 96) [las negritas son mías]

Es un fantasma masculino, en tanto que ella “es”, en tanto “es la mujer de…”. Y aquella situación a la que aún muchas mujeres recurren para perder el apellido paterno, para renombrarse con el apellido del marido, tiene sustento en la dificultad que le concierne su ser Mujer.

           Están claras las benevolencias concedidas en el amor, sin embargo, este masoquismo exacerbado no dejará por fuera un cierto sadismo hacia el otro y, finalmente, la imposibilidad psíquica y física que conllevará a dificultar la relación, reforzando la no complementariedad entre los sexos, por mucho espejismo que haya, es una manera de denegar los límites humanos, la castración.

           La mujer sucumbe entonces en la repetición, enraizada en el más extremo de los casos en los brazos del estrago, donde tanto tendrá que ver la relación con la mujer primordial de su vida.

La lealtad a la madre, como llamativo signo de amor, tendrá que ser cuestionado en el tratamiento analítico, para que el sujeto no quede confinado en las patologías del masoquismo y en caso de poder abordarlo, el sentimiento de culpa que conllevará hace eco de ese interrogante.        

Los sujetos capaces de hacer el duelo por esa pérdida primordial en la vida, dejarán de buscar un ser todo poderoso (Dioses, Príncipes, salvadores…) que se una a su omnipotencia, abandonarán dicha adicción al dolor y podrán amar a un ser con sus vicisitudes, pero sin rozar el extremo. Gozarán de un compañero o compañera con el que han sido capaz de disfrutar del desenfreno del enamoramiento y sobrevivir al mismo.

Bibliografía: Soler, C. (2007), Lo que Lacan dijo de las Mujeres, Traducción: Ana Palacios, Escoms, Buenos Aires: Paidós.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES MARZO 2011, No. 150

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¿MARIPOSITAS ... y AMOR

El discurso actual está poniendo énfasis en la dificultad del vínculo. Tanto en ámbitos profesionales del psicoanálisis como en cualquier conversación coloquial, se está poniendo de manifiesto una queja común. ¿Qué pasa con el amor?, ¿qué está sucediendo en las relaciones?, ¿qué tiene que ver en esto la sociedad y qué tiene que ver cada quién que juntados todos forman esa sociedad?.

Una época de posibilidades, en todos los sentidos, tan posible que se hace inoperante.

Así, repetidamente se oye decir tanto a hombres y mujeres como mantienen encuentros íntimos unos con otros de una sola vez, máximo dos, porque están seguros que esa no es la persona que esperan, o en otros casos, cómo sí llegan a mantener una relación donde además de compartir la sexualidad, pasean, van al cine, salen a compartir con otras amistades, pero esa relación está titulada “sin nombre”, a lo sumo: no es nada serio, es una amiga o amigo. Cuando se les pregunta qué le falta a ese otro u otra para que aquello pueda llevar el título de relación, la respuesta común tiene que ver con las famosas maripositas, es que no hay maripositas dicen, es que falta piel, es que me gusta pero no del todo… Así, una relación de 3 meses hasta es considerada como una relación “larga”.

¿Qué está pasando?, ¿qué nos está poniendo de manifiesto la crisis económica mundial, además del mismo problema financiero?. ¿Qué pasa con el vínculo amoroso, con la intención, con las ganas, con el deseo?.

Pareciera que no se enamoran. Quizás lo real de la situación tenga que ver con no poder pasar de esa etapa inicial ilusoria al principio de una relación, de tal manera que a veces es tanta la resistencia, que ni el enamoramiento surge.

¿Pero de qué trata todo eso de las maripositas, enamorarse y el amor?, 3 cosas que se mezclan pero que son diferentes, que no siempre van en el mismo orden y no por ello manifiesta que aquello no sea posible. Quizás justamente, cuando hay más amor, hasta las maripositas sean menores. Se explica así:

Freud acerca del enamoramiento nos dice: “Dentro de este enamoramiento, nos ha interesado desde un principio el fenómeno de la <<superestimación sexual>>, esto es, el hecho de que el objeto amado queda substraído en cierto modo a la crítica, siendo estimadas todas sus cualidades en un más alto valor que cuando aún no era amado o que las personas indiferentes […] surge la ilusión de que el objeto es amado también sensualmente a causa de sus excelencias psíquicas, cuando, por lo contrario, es la influencia del placer sensual lo que nos ha llevado a atribuirles tales excelencias”. (Freud, 1921,P.1149)  [las negritas son mías]

Aquí aunque Freud ya define esto como enamoramiento, y ciertamente lo es, habla de esa primera fase, de la ilusión inicial, del engaño inicial que lleva implícito el amor, aquí está hablando de las famosas maripositas.

“Lo que aquí falsea el juicio es la tendencia a la idealización. [...] Reconocemos, en efecto, que el objeto es tratado como el propio yo del sujeto y que en el enamoramiento pasa al objeto una parte considerable de libido narcisista.” (Freud, 1921, P. 1149)  [las negritas son mías]

Entonces tales maripositas hablan de una súper estimación, de una ilusión, de una fascinación, pero irremediablemente después surgirá la alteridad del otro. Para que aquí el enamoramiento siga su camino, aún ilusionado con las maripositas del principio será necesario que:

“En todo enamoramiento, hallamos rasgos de humildad, una limitación del narcisismo y la tendencia a la propia minoración […].” (Freud, 1921, P. 1149) [las negritas son mías]

Como bien dice Lacan, ya se sea hombre o mujer, es preciso estar “en falta” para poder amar. Erick Fromm hablará también del poder de “decidir amar”. Pero esto en los tiempos que corren parece de risa, para qué aguantar lo que sin lugar a dudas vendrá detrás de la fascinación, es decir la diferencia, lidiar con los gustos y deseos del otro, si hay tantas “posibilidades” allá fuera.

Así, el vínculo actual no se sostiene, la oferta impúdica y tontamente gozosa deja al sujeto sumergido en la más inmensa soledad, entretenido “consumiendo al otro y dejándose consumir”.

No se trata aquí de pasar al otro extremo que vemos en los casos de la demasía del amor, donde se aguanta toda clase de golpes e improperios a cuenta de amar, porque  eso habla de otra cosa, quizás de un desamor propio enaltecido de omnipotencia que cree poder cambiar al otro. No, de lo que se trataría es de poder reforzar nuevamente el vínculo obsoleto de nuestros días recordando que la alteridad existe, y que el otro es y será siempre otro…

Los integrantes de las relaciones actuales, basadas en el consumo de los unos a los otros, quedan enamorados platónicamente de un alguien que no termina de llegar, y que cuando se presenta, se le deja pasar a cuenta de que, la intimidad funciona, los encuentros son afables…, pero ay!, que no están las maripositas. Queda la posibilidad del vínculo perdida en lo platónico.

“…Cuando el amor platónico es fruto de la represión neurótica de la sexualidad, no hay ningún derecho a alentarlo. Podrían resultar de ello inhibiciones para el interesado y a menudo también mucho daño para los demás. Para remediar este tipo de amor hay que terminar con el infantilismo afectivo, tarea que sólo la psicoterapia está en condiciones de cumplir.” (Leep, 1960, P.72) [las negritas son mías]

Entonces,

“…La vida de gran número de hombres y mujeres está envenenada por lo que podría llamarse un narcisismo relativo. Estas personas aman, carnal y sentimentalmente, a otra, pero este amor no logra arrancarlas de su egocentrismo. Su amor no es oblativo, sino captativo; exigen pero se niegan a dar y, sobre todo, a darse. (…) Pero su narcisismo se explica por los residuos del infantilismo afectivo no liquidado por completo. De ello resultan penosos conflictos para el propio sujeto y un gran sufrimiento para la persona amada.” (Leep, 1960, P.95) [las negritas son mías]

Así, si no se hace un llamado de atención, cada uno, formadores de esta gran sociedad de la que se es parte, el vínculo seguirá su camino en caída, eliminando todo el poder creativo del amor. No es casualidad que la procreación también esté en vía de extinción en estos tiempos, siendo suplantado por la fertilización artificial.

Las maripositas, como bien muestra la teoría y la clínica es fantástico cuando están, son el mejor engaño a la soledad insondable del ser, pero no son excluyentes del amor cuando no están. Incluso quizás hasta posibiliten algo más cuando o no han estado presentes desde el principio o tiendan irremediablemente a desaparecer después de un tiempo. Para ello será importante, permitirse la falta, lidiar con la alteridad del otro, no olvidar la siempre extranjería del otro en la propia vida y la del ser mismo en este mundo por el cual se está sólo de paso. He aquí lo que el discurso actual tiende a olvidar…

“Es muy interesante observar, que precisamente las tendencias sexuales coartadas en su fin son las que crean entre los hombres lazos más duraderos. Pero esto se explica fácilmente por el hecho de no son susceptibles de una satisfacción completa, mientras que las tendencias sexuales experimentan una debilitación extraordinaria por la descarga que tiene efecto cada vez que el fin sexual es alcanzado. El amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar, tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos, esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado, una transposición de este género.” (Freud, 1921, 1150) [las negritas son mías]

Es por ello que las maripositas y el amor no son sinónimos. Forman parte del proceso, pero no son la única vía, ni durarán por siempre aunque parezca lo contrario. Lo que sí podrá hacer durar y fortalecer dicho vínculo tendrá relación con el buen ver del uno al otro. No sólo hace falta que haya amor, como vemos, sino un buen amor. Quizás por ello la expresión italiana: ti voglio bene (te quiero bien) sea una de las mejores expresiones de amor que el lenguaje permite.

Bibiliografía:

Freud, S. (1967), Obras Completas, Tomo I: VIII. Enamoramiento e hipnosis. Traducción: Luis Lopez-Ballesteros y de Torres, Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

Leep, I. (1960) PSICOANÁLISIS del Amor. Trad. Delfín Leocadio Garasa, Buenos Aires. Carlos Lohlé.

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES ENERO 2010, No. 137  

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MADRES E HIJAS, HERMOSA Y DIFICIL RELACION

Maternidad y feminidad no son sinónimos y no pueden solaparse, pero tampoco ignorar su estrecha relación. Y aunque ciertamente, la maternidad no termina de responder a la gran pregunta Freudiana ¿Qué quiere una mujer?, tampoco puede negarse que la decisión de tener hijos sí aminora en ciertas ocasiones la angustia femenina, y en otras, simplemente responde a un importante deseo de vida y de vínculo.

La maternidad es un tema interesante para seguir estudiando y cuestionando, especialmente en la época en que vivimos, dónde de seguir como vamos, va a terminar siendo mal vista la decisión fundamental de cualquier mujer que desee tener hijos. La maternidad es la vía de procreación humana. Además la llegada de un bebé a casa en la gran mayoría de los casos, suele ser de una alegría innegable.

Pero como contrapartida a esta hermosa y loable decisión, la clínica nos muestra que cuando en la edad adulta se presentan relaciones emocionales altamente conflictivas con el partenaire, la relación madre-hija no puede obviarse. Mucho tendrá que contarnos esa primera relación de amor inherente a todo sujeto, pero con particulares características desde lo femenino.     

El psicoanalista Lacan, enunció con la palabra “estrago” la dificultad de la ligazón madre-hija, lo definía como ruina, daño importante, una posición basculante entre “hacerse amar y hacer sufrir”. Lealtad amorosa empañada de dolor, que acontece entre complacerse, dañarse, o mutuamente quejarse.

Para poner remedio habrá que buscar un distanciamiento subjetivo que autorice una nueva posición femenina, y ello traerá en consecuencia un duelo innegable. Distanciarse físicamente, no tiene ninguna repercusión más que el cese de una situación, la dificultad se repetirá en otros escenarios y con otros personajes.

Son características de estas relaciones, encuentros intensos, seguidos de un odio con la misma fuerza. Son personas imposibles de satisfacer, que se quejan de todo, que lo único que podría complacerlas es tal cosa, pero una vez obtenida tampoco era eso lo que querían. Figuras masculinas con las que se relacionan como si de niños pequeños se trataran. Maltratos encubiertos y silenciados de ambas partes, porque si se van es peor que si se quedan.

La lucha femenina se hace presente entre mujeres y la figura masculina aparece, en realidad, casi como un títere en toda esta situación, un espejismo que desde la posición femenina, lo devora y lo anula.

Deseo sin respuesta es una particularidad de su dificultad, una parte de la mujer vociferará órdenes insensatas, si la metáfora paterna no ha intercedido a tiempo. Será sólo desde lo femenino, que dicha ligazón podrá hacer desguaces en la vida de una mujer. Del lado del hombre no ocurre nada parecido.

Ante la cualidad camaleónica femenina y el poder que entre ellas mismas se otorgan, se convierten en extranjeras, extrañas y temidas por su forma de gozar (entiéndase como el placer del displacer, nada óptimo por cierto).

No resulta fácil para las mujeres saber cómo ser mujer y, en especial, acusan a su madre “no toda”, por no haberles transmitido mejor cómo responderse a esa interrogante. Así se va complicando, cada vez, más la difícil relación madre-hija. El hecho de que usualmente estas mujeres sean autónomas, no significa autonomía emocional, que las lleve a ser capaces de destruir esa legitimidad que las infantiliza y las lapida como mujer.

Ellas querrán ser un “ser” divino, un ser que sostenga el deseo y el amor del otro.

Resulta ineludible, la necesidad humana de una Ley de la Ley. El límite conlleva una gratificante frustración, necesaria para el buen vivir. De no haberla o solaparla ante la caída del nombre del padre, sólo quedará la certidumbre efímera de la locura.

Artículo basado en el Capítulo 7 del libro:”Te como a Besos, cuando el amor es el síntoma”. 

REVISTA MIS NIÑOS Y YO, MES NOV-DIC 2013,No.154

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OTRA MIRADA SOBRE EL GRAN TORINO

El Gran Torino es una muestra magistral sobre la vida de un sujeto atormentado por su historia de vida. A pesar de sus circunstancias no es tan diferente en su esencia de la  historia de cualquier otro individuo, aunque no hubiera ido a una guerra, aunque no tuviera 70 años, aunque no sea una vida idéntica a la representada en la gran pantalla, pero una vida al fin y al cabo de un sujeto en el mundo. Al ir leyendo estas líneas se entenderá mejor lo que se quiere expresar.

Usualmente en consulta las personas que asisten creen que su historia tiene menos importancia que las de otros o por el contrario se sienten angustiados de poner en palabras su novela familiar. Pero es común que se hable de los demás personajes de su vida casi sin hacerse protagonistas, ellos mismos, de su propia historia. Digamos que se cuestiona poco qué tendrán ellos que ver con lo que les pasa.

Muchas veces se va buscando una receta única válida para todos y para todo, que el tratamiento terapéutico sea lo más rápido posible y con pocas iniciativas de hacerse cargo de algo de lo que les ocurre. Se dice muchas veces porque no ocurre siempre claro está, sin embargo cuando ocurre hay un trabajo previo en las sesiones de traducir esa demanda inicial a otra cosa, que posibilite realmente el camino del viaje hacía sí mismo que la experiencia demuestra es la vía más efectiva para buscar los cambios deseados que el despotricar de los otros de sus vidas.

Es totalmente natural no querer eternizarse en terapia, también lo es comentar acerca de la influencia que los demás tienen en su propia vida, pero no abrir el sendero a cuestionarse qué hace cada quién con todo eso hace muy difícil lograr lo que se busca, cuando se busca…

Walt Kowalski, el personaje dirigido y protagonizado por Clint Eastwood en el film El Gran Torino habla de muchos temas en boga en nuestra época, sin embargo hablar de cada tema implicaría hacer un artículo de cada uno de ellos, como lo sería la inmigración, la tercera edad, la sociedad actual ante la vejez, la guerra, sus consecuencias en los soldados, los duelos, sólo por mencionar algunos. Sin embargo hay algo nuclear en medio de todo eso y es qué hace Kowalski con esto mínimamente mencionado.

El personaje data de un hombre de 70 años, viudo, jubilado, antiguo veterano de la Guerra de Corea, lleno de dolor y rabia ante lo que le tocó ver y hacer en un momento de su vida, incapaz de adaptarse a los cambios tangibles que ocurren a su alrededor y con un gran sentimiento de culpa que se vuelve central en todo su reconcomio. Se sabe protagonista de haber asesinado en su día chicos jóvenes coreanos en medio de una Guerra y por otro lado el no haber logrado tener una mejor relación con sus hijos.

Como su esposa ya está fallecida no se sabe cómo era esa relación, aunque él alude haber tenido una compañera de vida inmejorable; y ésta consciente de los problemas de su esposo le suplica al cura antes de fallecer que lograra que su marido se confesara, en otras palabras que hablara de su dolor, de su reconcomio, que consiguiera a través de la voz de otro el perdón que él mismo estaba tan poco dispuesto a darse, desde una mirada terapéutica podría traducirse en por lo menos poder vivir con ello desde otra perspectiva menos dañina para él y su entorno.

En terapia, la culpa, más que correr a taponarla es necesario cuestionarla, porque probablemente tendrá algún contenido ético que hará posible algún tipo de trabajo personal. Partiendo siempre desde una estructura clínica que permite este movimiento subjetivo.

Kowalski quizás hubiera podido hacer algo diferente con su vida, pero encerrado en una época de la que no avanzó y en su propia novela no fue capaz de darle otro sentido a su vida más que de una vida en soledad a tratar de indemnizar en otros lo imposible.

Así, casi sin proponérselo salvó a Sue de ser violada en una ocasión, pero en el medio en que la chica vivía era casi imposible salvarla de ese terrible destino; trata de enseñarle a Thao que existen posibilidades, a valorar el esfuerzo para conseguir las cosas en la vida, que lo que algunas personas tienen sólo se consigue muchas veces a través de toda una vida de esfuerzos como lo fue la metáfora de las herramientas, todo ello fue muy interesante pero una vez más, olvida el medio en el que está, el entorno de Thao y sí, le enseña a hacerse un hombre, pero vaya a que precio. Pero finalmente, él entrega su vida que ya pareciera carecer de todo sentido ante el quiebre de su figura idealizada y la realidad de la violación y paliza de la que es víctima Sue, sumado a la imposibilidad de enlazar emocionalmente con sus hijos y sus nietos y su diagnosticada muerte.

El Ford  Gran Torino fue un coche hermoso en su época, y podría seguir siéndolo si Walt fuere capaz de aceptar que hay más cosas hermosas que han venido con los cambios de la vida, como Toyota (coche del hijo), pero lamentablemente Walt se quedó sacándole brillo a su pasado y regocijándose en la culpa en vez de hacer algo con ello que le posibilitara adaptarse de otra forma a su entorno, como quizás incluía no seguir en un barrio que ya no era lo que fue o poder hacer algo distinto, cosa que era bastante difícil, doloroso, pero no imposible. Su posición era rígida y muy poco flexible, sólo hacía válida una única verdad.

La solución ante los problemas no se consigue ignorando las penas, rabias y desencantos que se llevan dentro, el eslogan contemporáneo: “olvídese de eso y piense positivo” se vuelve insuficiente e incluso indeseable, sino intentando hacer algo con ese pasado que todo sujeto ha vivido en algún momento de su vida, resituándolo de la forma más favorable que sea posible, para según las circunstancias, lograr algún tipo de intercambio social, profesional, y emocional.

A través de este artículo se menciona no sin intención frases como: “en lo posible”, “quizás podría”, “muchas veces”, es decir, frases que no encierran un todo exacto y certero porque eso sería olvidar la alteridad, las distintas vidas de cada quién, las diversas estructuras clínicas y que cada caso es exclusivo y merece una atención única donde justamente el vale para todos no tiene validez. El mencionar a las personas como sujetos implica no olvidar que están sujetados a su inconsciente, a su huella mnémica que hará ruido por la menor fisura que encuentre.

Ir a terapia no significa estar loco, tampoco se trata de una sustitución religiosa, no se trata de gritarlo a los cuatro vientos ni tampoco de negarlo, se trata simplemente de congeniar con un punto ético en la vida que le pueda hacer recodar a la persona que existen otras alternativas que dañarse y en plusvalía dañar a los demás. Existen otras vías menos mortíferas que sacarle brillo a un viejo coche (que representa un pasado imposible de volver y enmendar) si éste sólo sirve para estar guardado en un garaje polvoriento en lugar de darle algún tipo de uso productivo. Es interesante recordar que el Gran Torino representa para él una época de otras oportunidades, de su trabajo en Ford y otras esperanzas que al día de hoy se han quedado transformadas en penas y en el uso de una pick-up. El Gran Torino pareciera estar allí sólo para mortificarlo. No se trata de extinguir los Gran Torino, probablemente no se pueda ni falta que hace, sino de hacer algo diferente con ellos.

Ese es el final de la película, final feliz entre comillas, pues la vida de Walt quedó en la más triste melancolía. Es importante mencionar que Walt en un momento dado tuvo el ápice de “intentar algo”, cuando le diagnosticaron que estaba mortalmente enfermo llamó al hijo en busca de algún tipo de encuentro, sin embargo éste no se percató de la sorpresiva llamada de su padre y no respondió a su indirecta proposición. A Walt ese resultado lo dejó una vez más enfurruñado en la culpa y en la tristeza.

Kowalsy merecía otro destino, tenía los medios para ello, pero no le fue posible encontrarlo, después de mencionar algo de lo que le pasaba convencido de que ya era demasiado tarde  decidió darle final a su vida como medio de darle posibilidad a la vida de otros. Aunque la película resulte muy conmovedora, y excelentemente realizada y protagonizada [pues este artículo no trata sobre la parte cinematográfica], desde mi posición no debería dejar de invitar al lector de estas líneas que antes de llegar a semejante autodestrucción melancólica que ante los ojos expectantes puede resultar la única vía de salida y casi rozar con un gesto altruista, existen otras posibilidades menos mortíferas.

ELIZABETH CANTERO

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES  MAYO 2009, No.130

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ME SACARON DEL FACEBOOK...

Últimamente empieza a escucharse con más frecuencia, el discurso de que los sujetos forman parte de distintas redes sociales y de que en alguna ocasión “alguien les ha sacado de su listado de amigos”, ampliando el diálogo con las respectivas consecuencias de ese hecho.

Es interesante interrogar estos nuevos sucesos de formar parte y dejar de formarlos en una red social, pues aunque se tratan de encuentros on line, es decir, no presenciales, no por ello dejan de tener una importante repercusión psicológica y emocional. Un espacio donde nada más y nada menos están en juego y en primera línea, “las palabras”.

Los sujetos necesitan para su bienestar físico, mental y emocional, formar parte de un contexto, de un grupo, de una red. Los humanos desde que nacen necesitan del Otro para poder formarse y sobrevivir, posteriormente dejan de formar parte de esa simbiosis inicial por la que pasa todo hijo con su madre (o quien haga sus veces), pero si ese proceso no se ha resuelto adecuadamente, puede proyectarse de manera ilimitada en su vida y con graves consecuencias en lo que algunos de esos “amigos” decida dejar de serlo. Pudiendo quedar la persona en un vacío oceánico difícil de digerir.

Se habla del cambio de las relaciones actuales donde se ha sustituido el encuentro físico por encuentros on line. Ciertamente, no es comparable todo lo que puede ocurrir y las posibilidades que comprenden el encuentro real entre dos o varios sujetos y el ocurrido a través de un ordenador, ya que éste último está cargado con más facilidad que el primero de proyecciones, idealizaciones y fantasías que pueden fácilmente ser superiores que las expectativas iniciales en el encuentro presencial, lo cual no quiere decir que éstos carezcan de estas características, pero es cierto que es más difícil de sostener esas idealizaciones y fantasías (muchas veces inconscientes)  en un encuentro donde la otredad se manifiesta más prontamente, incluso en un simple abrir y cerrar de ojos del interlocutor.

Sin embargo, no todo son malas noticias. Los sujetos tienen la capacidad para bien o para mal del olvido, de la represión inconsciente. Pero eso en las grandes memorias de los ordenadores difícilmente se llega a perder. La posibilidad de volver a revisar esos escritos, semanas, meses o incluso años después se hacen posibles. Quizás con personas con las que aún se mantiene algún tipo de contacto, o no. Pero esa re-lectura puede hacer posible una elaboración que permite entender y cuestionar lo ocurrido entonces y el posicionamiento presente.

Hay que acotar que pasado un poco el entusiasmo inicial o la emoción con la que se puede escribir en un primer momento, tiempo después releer esas líneas puede funcionar a modo de encuentro con aquello que se creía fallido o ajeno, haciéndolo propio en esa relectura y permitiendo una elaboración que repercute en una recolocación de las emociones, los pensamientos y la propia identidad.

Cuántos de esos escritos no están llenos de palabras y más palabras que no buscan sino taponar esa hiancia ocurrida entre lo escrito por uno y lo leído por el otro. Pero transcurrido un tiempo, al primer interlocutor también le puede resultar obvio cosas de sí mismo que en ese instante no podía percibir.

¿Quizás era esperable que ese amigo real o cibernético pudiera en un momento tomar una actitud así de drástica?, ¿ha sido fortuito o sí se tiene algo que ver en esa decisión ajena pero cercana? Cuando erramos acerca de la percepción de otro, usualmente no es a causa de ese otro, sino de algo propio que confundió esa percepción.

Pero de igual manera y no casual, cada vez así como existen más redes sociales creadas para unir y hacer conocer a la gente, sea por razones sociales, profesionales, amorosas o sexuales…, también hay una tajante actitud de hostilidad y poca permisividad a la siempre extranjería del otro. Es decir, cada vez menos tolerancia a la alteridad de los otros y qué mejor castigo que quitarle “la palabra”, erradicarlo de cualquier posibilidad de diálogo.

En la película protagonizada por Ricardo Darín, titulada “El Secreto de sus ojos”, se puede apreciar con máxima sutileza ese saber inconsciente acerca de la fuerza y el poder que las palabras tienen en los humanos, separándonos así del resto de los animales y convirtiéndonos en “sujetos”.

Un breve resumen de la película es el siguiente:

Benjamín Espósito ha trabajado toda la vida como empleado en un Juzgado Penal. Ahora acaba de jubilarse, y para ocupar sus horas libres decide escribir una novela. No se propone imaginar una historia inventada. No la necesita. Dispone, en su propio pasado como funcionario judicial, de una historia real conmovedora y trágica de la que ha sido testigo privilegiado. Corre el año 1974, y a su juzgado se le encomienda la investigación sobre la violación y el asesinato de una mujer. Espósito asiste a la escena del crimen, es testigo del ultraje y la violencia sufrida por esa muchacha. Conoce a Ricardo Morales, quien se había casado con ella poco tiempo antes y la adora con toda su alma. (Mendoza, 2010).

La película tiene un alto contenido a mencionar en diversos temas, pero eso convertiría a este artículo en un ensayo y no procede. Pero ciñéndonos al tema de lo que puede provocar o no ese uso actual de echar a alguien de “su” red social, de retirarle la palabra, la película se ajusta a modo de explicación del gran dolor que puede causar.

En el texto de resumen de la película se nota que el autor menciona como el viudo “adoraba con toda su alma” a su mujer asesinada, pero “tanto la adoraba”, que es incapaz de hacer el duelo por esa pérdida poniendo en evidencia otra cosa que sólo la pérdida de un gran amor. Los excesos suelen ser material interesante a cuestionar, que abren nuevas interrogantes y posibles soluciones subjetivas. Pero Benjamín sólo al final de la película, después de muchos años, logra comprender que el gran amor de aquél viudo se trataba de un amor loco, que le llevó a dejar encarcelado en su propia casa al asesino de su mujer, imponiéndole como condena quitarle la palabra. Esa fue la cadena perpetua elegida para aquél hombre que le quitó la vida a su esposa. Era un amor tan idealizado, que rozaba con la perdida de la realidad. Pero la locura no es traducible en ser tonto, en lo absoluto. Este hombre utilizó lo que acertadamente consideró una de las cosas más crueles que le puede hacer un sujeto a otro: quitarle la palabra. Cuando Benjamín se encuentra con este sujeto y ve al condenado en un espacio mínimamente reducido, sin bañarse, casi sin espacio para moverse, éste último lo único que le pide es que aquél hombre que le tiene apresado, le hable.

Quizás en una época donde cada día se sigue vendiendo más un falso discurso de igualdad para todos, utópico por la propia condición humana, pero muy en boga en la actualidad, hace que a pesar de estas magníficas redes  (porque no se puede negar que a nivel tecnológico son un invento impresionante y bien utilizados puede proveer muchas cosas aprovechables y loables), también ponen en evidencia un problema social, mayormente occidental, acerca de la decadencia del vínculo otrora a la escasa capacidad de soporte de la alteridad humana.

Será importante recapacitar y cuestionar por individual dichas elecciones y las devoluciones que nos repercuten el pertenecer o no a un espacio, un grupo o una red, pero sobre todo, cómo se lleva el ya no formar parte de algo, sea por causa voluntaria o no. En una época que invita a no pensar, atacando así la subjetividad. Además de no obviar que nunca es ni casual, ni ajena, estar o no estar, ni nuestra reacción, totalmente ligada a nuestra propia posición en la vida e historia personal, a nuestra propia identidad, a nuestra propia red, que algún día se inició entre uno y Otro.- Y es que Uno y otro no suman dos.-

Bibliografía:

Campanella, J., (2009)  El secreto de sus ojos, Película de cine.

Mendoza, C.    El   secreto    de     sus    ojos,    En     The        internet      movie database.         Extraído         el           01           de          diciembre        de 2010,  desde http://www.imdb.es/title/tt1305806/plotsummary

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES Octubre 2011, No. 156

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ARTE TERAPIA: DESARROLLO PERSONAL Y CAMBIO

“LA CREACIÓN Y EL PSICOANÁLISIS SON IGUALES, VAN HASTA EL FONDO DE LOS DESCONOCIDO PARA ENCONTRAR ALGO DIFERENTE, UN NUEVO SIGNIFICANTE, UN NUEVO OBJETO DE CONTENCIÓN DE GOCE. HAY UN HALLAZGO, COMO DECÍA PICASSO” 

Esta todo ahí, solo hace falta que se produzca el acto de crear, el acto analítico, para que “aquello” surja.

En cierto punto de la vida, las personas pueden encontrarse abrumadas por la intensidad de sus emociones que son difíciles de enfrentar por sí mismos o con otros. La Terapia a través del Arte, ofrece una oportunidad de explorar estos pensamientos y sensaciones intensas y/o dolorosas en un ambiente de apoyo.

Consiste en la utilización de una variedad amplia de materiales  de arte, como por ejemplo, pintura, arcilla, colores, ceras, carboncillo, entre otras, para crear una representación visual del pensamiento y las sensaciones. La Terapia a través del Arte, puede ser una actividad individual, aunque muy a menudo se utiliza con gran éxito en situaciones de grupo.

Esta posibilidad de desarrollo personal y cambio a través del arte, es para Todos:

· Para todas las personas que trabajan bajo presión.

· Para la gente que generalmente se siente estresada y con exceso de trabajo.

· Para las personas con problema de salud mental.

· Para las personas con dificultades de aprendizaje severas.

· Para los niños y gente joven que se confronta con dificultades en la escuela y con dificultades personales.

· Para las personas que se sientes libre de problemas pero desean explorar y aprender más sobre sí mismos.

Las habilidades necesarias son Simplemente Ninguna, no se requiere de ninguna capacidad artística.

El Terapeuta del Arte, ofrece la dirección y ayuda suficiente a la persona, para brindarle la oportunidad de explorar las preocupaciones, usando una variedad de materiales de arte, sin que se requiera para ello una preparación previa de ningún tipo.

Las personas, pueden utilizar este medio para explorar su mundo interno. Es una manera segura y de expresión fuerte, de sensaciones a veces sensibles, y otras veces destructivas.

Se puede utilizar también para las personas con ansiedad o también para realzar la comunicación entre los individuos. Una forma de explorar “el cambio”.

Es una ventaja para quien experimenta dificultad con la comunicación verbal.

Bajo esta metodología, se conforma lo que llamamos el triángulo terapéutico, conformado por la persona, el terapeuta y la obra. Donde el terapeuta establece una relación suficientemente segura de manera que  la persona sienta que puede hablar abiertamente de sus conflictos. El objeto artístico sirve como canal entre la persona y el terapeuta. Durante el proceso de creación artística, “encontrar”, prevalece sobre buscar.

Donal Winnicott, un pediatra y psicoanalista británico que modificó substancialmente las ideas que el Psicoanálisis tenía sobre el Arte, decía que:  “el Arte era el juego de los adultos, un espacio a medio camino entre la realidad y la fantasía”.

Una paciente comentó después de una sesión de Arte Terapia:

“ La Terapia a través del Arte me permite tener acceso a imágenes que ninguna cantidad de expresión verbal puede traerme. Me ayuda a ganar una comprensión más profunda de mi y es una manera de expresar las sensaciones dolorosas que hasta este momento no han tenido ninguna voz.  Ilumina alguna de las sombras oscuras de mi mente y de mi alma, me ayuda a encontrar en ellas símbolos de gran alcance, naturaleza y protección. Da voz a esas partes de mí que estánmas allá del alcance de las palabras ”.

REVISTA RED ALTERNATIVA, MES NOVIEMBRE 2004, No. 62  

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ARTE TERAPIA para MUJERES QUE AMAN DEMASIADO

Sesiones donde la estética de la obra no tiene importancia. Sesiones de Análisis a través del Arte, donde No se necesita ninguna habilidad o capacidad artística por parte del interesado. Sesiones donde lo único imprescindible es el compromiso personal y real del interesado de querer comenzar un proceso terapéutico. De querer conocer más acerca de si mismo.

En las sesiones el Terapeuta del Arte expondrá distintos materiales artísticos, como lápices de colores, ceras, acrílicos, barro, mezcla para moldear, papel, cartulinas, recortes, a fin de que la persona escoja el que guste, y a través de las imágenes y objetos artísticos creados en un entorno seguro y en presencia de un Arte Terapeuta que hace posible la contención, y exploración, y las elaboraciones del paciente, conllevan a la resolución de emociones conflictivas.

Cuando hablamos de Mujeres que Aman Demasiado, hablamos de Mujeres que creen que la suerte no está de su lado, que se ha sentido atraída por hombres que no las aman, que permiten relaciones malas pero con buen sexo, que creen que sufriendo  las amarán, que necesitan que otros las necesiten, que creen que morir por amor es amor.

Esta demasía suele verse con mayor claridad en las relaciones de pareja, pero usualmente se presenta en sus relaciones en general.

Mujeres que sufren por las injusticias realizadas por otros tan distintas a su excesivo amor, a su excesiva generosidad. Sin darse cuenta, que para que el egoísta exista, hace falta un generoso que le de lugar.

Un deseo de complementariedad que resulta imposible en su objeto de amor.  

Mencionar Arte Terapia, es hablar de un método terapéutico utilizado con éxito por más de 50 años en Inglaterra y en los Estados Unidos, hace pocos años comenzó a extenderse por los países Europeos, como una respuesta a la solicitud inminente de dar más importancia a los aspectos emocionales y psicológicos. 

Arte Terapia es beneficioso en la demasía del amor, al igual que lo es en muchos sectores más, como por ejemplo, Psicosis, Minusvalía Psíquica y Psíquica, Oncología, Paliativos, Educación, Depresión, Stress, personas que simplemente desean comenzar un trabajo de Desarrollo y Crecimiento Personal, entre otras.

Pero al caso que nos referimos como es la demasía, Arte Terapia es beneficioso porque a través de las sesiones, interpretaciones y elaboraciones, del Análisis en sí mismo, la persona puede modificar su comportamiento y pensamientos, colocándose en una nueva posición ante si misma y ante los otros donde: se acepta, aún cuando quiera cambiar parte de si misma, acepta a los otros sin deseo de cambiarlos, esta en contacto con sus sentimientos y actitudes, se autoaprueba en lugar de buscar a alguien que le dé sensación de valor propio, su autoestima es lo suficientemente grande para no necesitar de otro que la haga sentir digna, cuando una relación es destructiva, es capaz de renunciar a ella sin sentirse deprimida, valora la serenidad, en lugar de la lucha, el drama y el caos, sabe que para que una relación funcione deben haber intereses y valores similares, sabe que es digna a lo mejor que pueda darles la vida. 

Porque el inconsciente se presenta en las obras de Arte de manera impresionante. Porque el acto de crear y el acto analítico se dan la mano, un acto que permite que “aquello” surja.

REVISTA RED ALTERNATIVA, MES ABRIL 2005, No. 1

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ARTE TERAPIA Y PSICOANALISIS EN LA MODERNIDAD
El trabajo analítico en la modernidad actual pareciera perder importancia tras el bombardeo publicitario de medios alternativos de duración breve que prometen soluciones casi mágicas a la frustración. En una época donde todo parece ir tan rápido y los lapsos de espera y compromisos naturales parecen una pérdida de tiempo, se conduce a un aumento de la frustración. El goce tonto de la modernidad, consecuencia de la frustración del goce humano.

Esto ocurre por un autoengaño apoyado por la modernidad de prometer lo imposible y el débil compromiso individual de buscar en un análisis, en lugar de por qué el otro dijo, o no dijo, o desapareció, enterarse de los resultados que su forma de relacionarse están teniendo sobre sí.

Deseamos un internet más rápido, trenes, aviones más rápidos: “velocidad”, olvidando que hay procesos que no se pueden presionar, la gestación de un bebé, por ejemplo, en cualquier lugar del mundo dura 9 meses de forma natural, el moverse de una posición equivocada en el vivir y relacionarse, lleva su tiempo y sobre todo, un importante compromiso individual, también carente de importancia en la modernidad.

Pareciera menos doloroso ese “entretenimiento” que aleja a las personas de sí mismas, buscando afuera las respuestas y posibilidades que tiene cada quien y la verdad es muy triste llegar al final de la vida para darnos cuenta que hemos estado repitiendo un patrón de pensamiento y conducta equivocado y ajeno que nos ha llevado de la frustración  al empobrecimiento subjetivo, al infortunio corriente. En la lucha equivocada y facilista de minimizar la frustración tenemos como consecuencia más frustración.

 

ELIZABETH CANTERO

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES FEBRERO 2006,No94

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