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Sufro porque amo..., tiene sentido..., es por amor...
La mujer arrastra una carga cultural de soportar lo insoportable como símbolo de amor, las religiones más ortodoxas mal entendidas son una perfecta excusa para este tipo de personas que se apoyan en estos escritos aguantando cualquier clase de pesar. Si es cierto que la actual postmodernidad “vende” un stop a la frustración utópico, pues bien dijo Freud que en el paciente hay que eliminar la frustración innecesaria, más la frustración forma parte del vivir, soportar la diferencia entre la persona y la pareja es muy diferente a soportar relaciones disfuncionales. Sin embargo, lo más llamativo de esto no es lo disfuncional en sí mismo, o ese ser egoísta y avaro que abusa de su pareja, sino la mujer que lo permite y lo sostiene, basada en su amor hacia ese Otro. Cuando el amor en vez de causar alegría causa sufrimiento hay que detenerse a observar qué es lo que está ocurriendo y tomar cartas en el asunto, sin embargo, en la clínica observamos y no por casualidad en épocas actuales, mujeres que se sienten atraídas por hombres problemáticos y lo achacan a la mala suerte, en casos extremos de malos tratos no ponen fin al drama en que se encuentran prisioneras, y lo saben, saben que hay algo que no es natural, que las hace sufrir, sin embargo se quedan “enganchadas” a situaciones conflictivas y muchas veces la consulta se convierte en un lugar de queja por las acciones de sus ¿parejas? y no de cuestionamiento sobre ellas mismas. Buscan una receta que los cure a “Ellos”... Incluso en muchas ocasiones son mujeres responsables y emprendedoras, pero con un problema de autoestima, disculpan a sus parejas egoístas, incluso a veces se culpan ellas de no ser mejores para que su pareja no las humille, permanecen soñando con lo que un día fue o podría ser, apartadas de su real infelicidad. Creen que su equivocada generosidad forma parte de su demostración de afecto. Estas mujeres suelen sufrir ansiedad, lloran incansablemente y tiene ligado el sufrir al enamoramiento, tan distante en una relación sana, lo uno de lo otro. Ellas necesitan dar afecto y se olvidan de recibirlo, más al no tenerlo pueden incluso volverse violentas hacia su víctima/victimario, fortaleciendo así el circulo vicioso de las adicciones de irresponsabilidad/culpa, despojan de valor a sus parejas para sentirse superiores, pero muy especialmente más que amar o sentirme amadas, necesitan es sentirse útiles, es decir, necesitadas por ellos y “enganchan” en una lucha siempre fracasada de “curar” o “estabilizar” a su pareja en vez de cuestionarse a sí mismas. Son capaces de permanecer a vaces años si con ello creen que finalmente van a poder conseguir su cometido, se esfuerzan para que el Otro cambie, conservan las esperanzas a pesar de los insultos y vejaciones recibidos, aunque a veces sean muy evidentes o en otros casos apenas sutiles, no dejan de ser malos tratos. En realidad su autoestima no está bien y por ello funciona ese fantasma que las hace quedarse enganchadas a este tipo de relaciones, en alguna parte de ellas no se creen merecedoras de la felicidad o la tienen mal entendida. Sin embargo al leer estas líneas, algunas mujeres se sentirán identificadas con algunas cosas y no con otras, como ocurre en muchas ocasiones con la lectura del libro Mujeres que Aman Demasiado de Robin Norwood, sin embargo, ¿cómo saber si se está amando demasiado?: Cuando estar enamorada significa sufrir, cuando se ocupan más de los demás que de sí mismas, incluyendo olvidarse de sí mismas. Cuando no les gusta muchas características intrínsicas y básicas de la otra persona, pero las aguanta con el grave pensamiento de que si ellas fueran más hermosas, o cariñosas, o amigas, o profesionales, o, o, o..., entonces el otro cambiaría por ellas, ahí, se está amando demasiado.
No entro en esta ocasión en desmenuzar mejor este asunto acerca de “amar” “demasiado”, porque bien valdría la pena cuestionar el amor bajo estas premisas si nos basamos en el concepto de amor de Eric Fromm en su texto El Arte de Amar, donde considera al amor un arte, que se aprende, que conlleva compromiso, que conlleva amor a uno mismo y al otro, textualmente en uno de sus párrafos dice así: “Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si solo sabe amar a los demás, no sabe amar en absoluto”.
Sin embargo, existe la posibilidad de solucionar esa forma equivacada de amar que conlleva tanto sufrimiento, pero para ello es importante “reconocer” que se tiene un problema, y “querer” mejorar “ellas”, por sí mismas y para ellas mismas, ahí existe la “posibilidad” de cambio (usualmente estas relaciones funcionan de manera adictiva, siento el Otro una especie de tóxico a consumir), superarlo incluye “esfuerzo, responsabilidad y ética”.
Tomar conciencia de esta ¿enfermedad? es a veces bastante dificil y doloroso, pero más doloroso aún es permanecer en ello y desaprovechar una oportunidad de vida transformada en sufrimiento. Para dejar de amar demasiado no existen caminos cortos, lo que sí es seguro es que si elige recuperarse, dejará de ser una mujer que sufre por amor, para pasar a ser una mujer que se ama lo suficiente como para detener la adicción al dolor y disfrutar del amor. Es posible, en especial cuando comience a conocer que merece lo mejor que puede darse en esta vida. Darse, obervese bien, ella misma, no el destino o la casualidad, ella misma...
ELIZABETH CANTERO REVISTA ESPACIO HUMANO, MES FEBRERO 2008,No.116 |



