La/o AMO CON LOCURA

 

“La/o amo con locura”, “no sé estar sin él/ella”, “muero de amor”, “daría mi vida si...”. ¿Cuántas veces no hemos oído expresiones como esta?, parecieran la cúspide de una manifestación de amor “real”. Los poemas venden la tragedia del desamor, los amantes q se matan si el otro falta, como Romeo y Julieta, las canciones de moda que venden el desamor o el amor con dolor, que es lo mismo, como forma de amar, incluso como forma amorosa y aceptada de amar y cuando conocemos a alguien que ama sanamente, que respetan los espacios del uno y del otro, que tienen una buena pasión sin obsesión, entonces pensamos que ahí falta algo, que no hay amor o que falta deseo.

Eso no es más que falta de información y lo anterior es adicción a las relaciones, que aunque en un principio parezcan maravillosas, terminan siendo disfuncionales.

La persona se enamora de “una persona problema”, a quien pretende salvar de su conflicto y en consecuencia recibir su amor, pero la verdad es que incluso cuando esta barbarie sucede con final “positivo” (poquísimas veces ocurre), en realidad es negativo, es decir,  él o la salvadora incomprensiblemente incluso para sí misma/o, pierde interés en la persona que ha salvado. La salvadora o el salvador ya soportan más y simplemente se retiran en búsqueda (inconsciente claro está) de otra “persona problema” a quien salvar, y así se repite el ciclo. De pronto el excesivamente generoso le da una patada al egoísta, egoísmo del que han sido responsables manteniendo ese tipo de relación largo tiempo o reiteradamente.

En realidad esta persona lo que necesita es salvarse a sí misma del terrible auto-convencimiento de que no merece elverdadero” amor del Otro, que es muy distinto al agradecimiento o compañía del otro, aunque incluya, como en la mayoría de las veces, el encuentro erótico, que además es vivido como ideal e inigualable.

Probablemente la persona, mujer u hombre, aunque en al clínica lo vemos más reflejado del lado de la mujer, en algún momento de la vida ha perdido a su verdadero Yo, a ese Yo regulador de sus pulsiones y sus mandatos del pensamiento, hablando en términos coloquiales para que puedan entenderme la/os lectora/os que no estén familiarizados con los términos psicoanalíticos. Probablemente haya ocurrido en la infancia, época en que se forma la personalidad y lo que buscan en los demás solo podrán encontrarlo en sí mismos y así acabar el ciclo de la dependencia emocional, adicción amorosa o sexual, hacia el Otro.

 

Estas personas no le gustan estar consigo mismas e irónicamente buscan que alguien si quiera estar con ellas, utopía de la realidad, se avergüenzan de sí mismos, sienten su vida vacía, sin objetivos propios y sin valía personal. Buscan dignificarse a través del Otro (mujer, hombre, pareja, objeto del deseo, hijos, padres, jefes...).  A Veces coinciden con alguien que se encuentra en lo mismo pero desde la posición contraria y se sienten entusiasmados ante esa venta de amor sin medidas, pero llega un momento en que ese receptor de amor ya no soporta la situación, o no le sirve más, o no la desea más, acordémonos que en realidad aunque parezca otra cosa hablamos de una relación disfuncional y entonces decide retirarse.

 

La persona que amaba demasiado caerá en la desgracia absoluta, inconscientemente se da cuenta de la fragilidad de esa identidad que no le pertenece, que se la brindó el Otro, siente que le quitaron todo, el sentido de vida, el deseo, las ganas, que el Otro se llevó lo que era.

Realmente se creen que aman de una manera altruísta y no equivocada y así el o la adicta o co-dependiente (parejas de adictos al alcohol, drogas, sexo, amor, comida...) cae en un inmenso vacío. Se queda sola/o, desesperada/o y lleno de interrogantes que usualmente acusan al: ¿por qué se fue con todo lo que la/o quería yo?. Lo mejor de mi vida se fue, lo que importa ya no existe, dejan de saber quiénes son. También suelen repetir que ese Otro tiene el poder de bajarles o subirles el estado de ánimo, sin darse cuenta con son ella/os la/os que le han dado ese poder.

 

A través del análisis personal, de la responsabilidad que amerita ir a terapia y  enterarnos que de adultos ya somos seres causales o causantes de nuestras propias angustias o alegrías, es que la persona podrá resolver el conflicto que subyace bajo esta forma de relacionarse. Empieza sobre todo por reconocer que algo no funciona bien, no porque el Otro haga o deje de hacer, sino por sí mismo, así podrá empezar a detener la acción adictiva para promover y sostener la recuperación.

 

La recuperación que se busca es para siempre y el objetivo principal es mejorar la calidad de vida de la persona, reemplazando el vacío y la soledad implícito en toda relación disfuncional por muy acompañado físicamente que se esté, por acercamiento a sí mismo y posterior acompañamiento real de seres queridos y correspondidos sanamente. Y cuando no se sea correspondido, poder aceptarlo aunque implique una aflicción, muy distinta al vacío. Y en vez de perseguir al que decidió retirarse, poder reemplazar el objeto de amor (siempre que este reemplazo no se convierta en una adicción, porque entonces hablaríamos de lo mismo).

 

Para dicha recuperación, no existen curas mágicas, la prisa solo sostiene la adicción y el conflicto, la urgencia no es más que seguir en la posición de la no valía. La búsqueda obsesiva del pronto arreglo, la urgencia de estar bien “ya”, la embriaguez de “terapias rápidas”, la persona o lugar que en definitiva arreglará la vida del sujeto, solo grita el síntoma de la persona, sigue hablando de lo mismo, cuando existe ese término de la urgencia y del vendaval.

Muchas veces en el discurso del paciente en sesión se reconoce la repetición de generación en generación de esa posición, de esa manera de relacionarse y oímos decir: “pero mi madre hacía lo mismo, y mi abuela, y mi abuelo, y mi padre, y mi hijo o mi hija..., mi marido-como mi padre”. Hasta que la persona se atreva a analizar en profundidad su comportamiento y el de la generación inmediatamente anterior, ello no quiere decir que se dejará de querer a los mismos si se descubren cosas que no nos gusten de ellos o si descubrimos que no son tan ideales como creíamos, solo nos mostrará la vulnerabilidad humana y el desamor hacia nosotros mismos que por una errada lealtad al amor (o desamor) hacia el Otro, solo nos inclina a repetirlos.

 

Muchas veces nos encontraremos con mandatos como “tienes que ser bueno y sino: parecerlo”, “sufriendo se llega al paraíso”, “serás recompensado algún día”, “lo que pasa es que no has encontrado al amor de tu vida (en un mundo lleno de millones de personas)”, “te falta tu media naranja (como si fuéramos seres incompletos)”, etc.

Se busca que el otro la/o apruebe, la/o acepte, la/o guste.

Estas personas necesitan un análisis personal que conlleva a una vista atrás, no para encontrar culpables, sino para comprender y alejarse de la repetición inconsciente que solo conlleva a un encuentro mortífero desde el comienzo por muy erótico y vivo que parezca.

 

Amar con locura, es locura en vivo, muy distante del verdadero y sano amor. Estás a tiempo de comenzar, porque eres digna/o a lo mejor que puede darte la vida...

 

ELIZABETH CANTERO

REVISTA ESPACIO HUMANO, MES FEBRERO 2007,N 105