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¡MUJER QUE AMAS DEMASIADO! PERO SI... ¡YA TE LO DIJO!
Amar Sanamente, tiene como premisa básica amarse primero a una misma. Amarse Demasiado así misma, es narcisismo, pero Amar Demasiado a “otro”, es no valorarse una misma, y en esa no valía, se ama por demás a otro donde de manera ilusoria se quiere y se pretende que se de un lugar a una mujer, que debe darse ella a sí misma; así se convierte el otro y lo que sentimos en una proyección de nuestro deseo, el otro a la final es solo una ilusión, un juego de nuestra mente.
Las Mujeres en general siempre quieren hablar, y hablar y hablar, y solucionar muchas cosas hablando, y en la mujer que ama demasiado, se exacerba esta actitud. Se quiere hablar con la ilusión de oír algo diferente, y así sigue y sigue en un circulo vicioso, atrapada en la adicción de amar demasiado para no enfrentarse a la no valía que se da a si misma. Otras veces, oye lo mismo que el otro ya le ha dicho con sus actos, y se derrumba, pero tras un lapso de tiempo, quiere volver a hablar, a ver si ahora es diferente, si diciéndole y dándole al otro “tanto amor”, finalmente cambia su posición.
A veces se logra, y el otro cambia, pero temporalmente, porque se está obligando a otra persona a ser algo que no es, va en contra de su naturaleza, de si mismo, y aunque el otro realmente tenga un problema, solo podrá cambiarlo si quiere y por su propia cuenta, pero con un excesivo amor y una excesiva generosidad, solo se engendra a un otro excesivamente egoísta y que llenará de desamor a la mujer. Pero es un producto del exceso, produciendo otro exceso contrario. No se quiere ver lo más evidente, se busca una respuesta verbal de otro, de algo que...:¡ya lo dijo!, en la clínica y fuera de ella se escuchan cosas como: 1. Pero... ¿será que me quiere? 2. Es que... ¿por qué no me ha llamado? 3. ¿Por qué yo soy quien siempre le tiene que hablar primero? 4. ¿Por qué siempre le sale algo a último momento y no podemos vernos? 5. ¿Seré importante para ella él? 6. ¿Por qué cambia de planes tan fácilmente? 7. ¿Me amará como yo le amo? 8. ¿Y por qué a mí no me invita? 9. ¿Me querrá o solo me está utilizando?...
Y por querer encontrar la respuesta a estas preguntas, la mujer se dirige a este otro, para hablar, para que el otro encuentre en lo más profundo de la emociones y sentimientos la respuesta que queremos oír, para aclarar lo que salta a la vista, lo que los oídos deberían oír a través de los ojos, para que el otro no de más ese trato injusto al excesivo amor que se propina, en lugar de una irse de ese lugar donde no hay lugar para la mujer, pero es que..., eso significa quedarse consigo misma, y esa no valía personal nos hace creer que estar con el otro será mejor, y la ilusión de que el otro va a cambiar es mejor, y así se pasa tiempo donde solo se hace presente y visible mucho dolor. Porque a la final, el otro: ¡ya lo dijo! Ver la realidad resulta muy doloroso, darse cuenta de que amamos por demás a otro por falta de amor propio duele en lo más profundo. Esta no valía la arrastramos desde hace mucho, tanto tiempo que no se recuerda dónde comenzó, conscientemente no lo vemos, pero está ahí, también diciendo y diciendo que hay que elaborar sobre la raíz para aprender a amarse sanamente a sí misma para luego amar a otro. En este nuevo tipo de romance el amor no se va a basar en una búsqueda de otro que de lugar, no harán falta excesivas y largas conversaciones que llenan de cansancio, donde en el mejor de los casos se prometen cosas que nunca se cumplirán. En el amor sano, “se ve” sin hacer falta oír tanto, se comparte lo que una es, sin buscar que el otro “encuentre y nos devuelva” lo que somos.
Antes las preguntas antes expuestas, la respuesta es clara: “Pero si ¡ya te lo dijo! ¿Qué más quieres saber si tus preguntas ha sido respondidas claramente desde antes de que las hubieras planteado? Si no fuera así, no tendrías la duda. No hay nada oculto, no hay más que preguntar, la respuesta se tienes delante y de manera abrumadora. Ya te lo dijo con sus evidentes actos. Lo que pasa es que quizá no guste la respuesta, aunque sea la verdadera. Emerson dijo: “Grita tan fuerte tu actitud que no escucho lo que me dices”. La mujer que ama demasiado prefiere escuchar una mentira que ver una verdad.
Cuando queremos demasiado a alguien y se lo demostramos con hechos y con palabras, y ese alguien no nos llama ni nos atiende en absoluto... ¿no está quedando claro ya el mensaje? Pero en la no valía de la mujer que ama demasiado, de inmediato surge la necesidad de hablarle a esa persona para preguntarle si la quiere o no, como si sólo las palabras comunicaran el mensaje. ¡Los actos comunican con más fuerza y con más veracidad! Pero no los queremos ver. Son muy dolorosos. Rompen nuestra expectativa y en lugar de sanar con la verdad, se elige seguir enfermando nuestra alma queriendo ver una ilusión de óptica fabricada por si mismas.
Si alguien a quien le brindas tu amor no te ha hablado en mucho tiempo y tu te preguntas si te quiere o no..., con sus actos ¡ya te lo dijo!, y quizá desde hace mucho tiempo. No hay mucho que investigar, pero no hay mucho que investigar tan solo si quieres vivir en la verdad. Vivir en la mentira, solo lleva a más dolor y a más desamor. Conversaciones tratando de aclarar lo evidente pueden prolongarse durante años. Una persona que no te ahorra ni un día de sufrimiento, No merece tu amor. El amor también es dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón, olvidamos la verguenza y entregamos nuestra confianza, al menos merecemos comprensión. Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia nuestro amor y nos lastima con su indiferencia, estamos con la persona equivocada. Esa persona no nos merece. Porque sabemos y queremos recibir la Felicidad real, no un empaño de la misma. Amar no es quedarse tratando de agradar y disculpándose por no ser como “el otro” le gustaría que fuera. En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame ni te comprenda, y menos aún, quién te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin mala intención, puede que te merezca, pero no te conviene... La pareja debe ser una especie de plataforma de lanzamiento hacia una vida plena, y no una penosa carga que te impide lograr lo que quieres. Cuando aunque ya te lo dijo, tú insistes en querer conversar con la persona para “aclarar las cosas” (aún cuando más claras ya no pueden estar), desarrollado un talento para encontrar los más afilados argumentos en pos de un acuerdo, y se logra, todo pareciera haber terminado en un final feliz con aparente paz. Y sí, puede ser un final feliz, pero... falso, y como todo lo falso, no dura.¿Qué caso tiene ese cambio si no es natural, si no surgió “auténticamente” de esa persona, si está haciendo un esfuerzo que va en contra de su naturaleza? No te está amando realmente y tú tampoco, a esa persona tal y como es, estás amando una proyección de ti misma.
El comportamiento más natural es aquel que se hace sin el más mínimo esfuerzo, ese es el veraz, el auténtico. Analiza si así como es la persona, se acopla a tus necesidades de afecto y amor. Si no, hay millones de seres humanos allá afuera donde esa posibilidad existe.
Amar sanamente a “otro”, es amarse sanamente a “sí misma”, permitimos a los demás ser ellos mismos sin reaccionar excesivamente y sin tomarnos cada reacción en forma personal. Nos adueñarnos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. Somos responsables de lo que nos pasa, y rechazamos el papel de víctima, nos acercamos y compartimos con la otra persona al tiempo que no nos descuidamos a nosotros mismos. Se tienen y se fijan límites sanos, se habla directamente y de asume la responsabilidad de lo que queremos y necesitamos.
“Das y recibes amor de forma equilibrada”, porque te sabes digna a lo mejor que puede dar la vida.
ELIZABETH CANTERO REVISTA VERDEMENTE, MES NOVIEMBRE 2005,No. 85. |



