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AMOR O... ¿ENTRETENIMIENTO? Diariamente, nos vemos bombardeados por programas televisivos, cuentos de amigos, conocidos, y, a veces, por nuestras propias vivencias, historias acerca del encuentro amoroso, y acto seguido..., el desencuentro amoroso. Sin embargo, las personas siguen en esa “lucha” por conseguir el amor verdadero, pasando por encuentros y más desencuentros, sin entender qué pasa y aunque a veces apenas comienzan una relación ya ven bastante seguro que el desencuentro va a llegar, continúan “intentándolo”, no voy a estar sola(o) ¿no?, “esperando”, y así el encuentro amoroso se convierte en algo que nos entretiene, ¿de qué?, de estar en casa, o en el campo, o en la playa, o... donde sea, pero “a solas” con uno mismo. Así se convierte el amor en un sentimiento que tenemos por otra persona cuya presencia nos provoca la sensación de paz y armonía necesarias para atenuar nuestro desamparo crónico.
Vivimos el encuentro amoroso como un factor anti – amor, el miedo a la felicidad gana importancia, y sin darnos cuenta, el miedo a la felicidad se hace responsable de nuestras tendencias auto destructivas. El fenómeno amoroso está directamente relacionado con el instinto de muerte que denominó Freud. Cuando observamos el encuentro animal, entre machos y hembras, remitiendo esta expresión a la naturaleza, a lo biológico, a los instintos, se explica perfectamente la atracción entre machos y hembras, cuya unión tiene como finalidad asegurar la continuidad de la especie. En este sentido la hembra es el complemento del macho y el macho el complemento de la hembra. Para una hembra da lo mismo cualquier macho y para el macho da lo mismo cualquier hembra (exceptuando el caso de los animales domésticos, que con el contacto humano y el lenguaje llegan a afectar y distorsionar sus mecanismos naturales). Pero cuando hablamos del encuentro amoroso entre las personas, esta regla básica en el aspecto netamente animal, deja de tener validez. No cualquier hombre por muy macho que sea puede compartir con cualquier mujer, ni ninguna mujer por muy hembra que sea podrá estar con cualquier hombre. El encuentro para algunas mujeres y para algunos varones, se convierte en un encuentro sexual, con el desencuentro como fondo siempre posible. Siempre hay algo que sobra o que falta, algún elemento tercero estorbando la unión. Preguntas como: ¿será igual de bueno la próxima vez?, se hacen presentes incluso en el más pleno y satisfactorio de los encuentros sexuales. La palabra haciendo sus fechorías, la expectativa envuelta de inseguridad. Pero en el encuentro animal, más que encuentro hay “complementariedad natural”, sostenida, asegurada, garantizada por los genes, las hormonas, los instintos. Esta falta de complementariedad es el eje que permite entender qué pasa en las relaciones entre hombres y mujeres.
La “no complementariedad” en la relación humana incomoda, desasosiega, da incluso ira. La falta de complementariedad naturalmente asegurada entre varones y mujeres es una idea difícil de sostener porque postula que los encuentros o desencuentros de la vida amorosa obedecen a una lógica. En la relación animal es como si dos piezas de un único rompecabezas encajaran a la perfección, en la relación humana esto “no es posible”. Admitir que la mujer no es el complemento del varón y el varón no es el complemento de la mujer, es algo que hay que elaborar, que esta complementariedad imposible en el área humana es producto de un componente habitual de los sueños, de las fantasías, de la imaginación, y también de la publicidad de “productos dirigidos a ser consumidos por la mujer”. El hacer de dos, uno, el convertirse en uno siendo dos, es la forma más común de un sueño del que viven autores e intérpretes de esa música exquisita que son los boleros, rancheras, y que por otro lado la publicidad trata de explotar, pero que justamente en su carácter de sueño define que es solamente eso, sueño, fantasía, ilusión. Estos y muchos más sueños, fantasías e ilusiones pueden ser necesarios y hasta imprescindibles para vivir, mientras no lo tomemos como realidades, porque la realidad pura y seca, mejor dicho, lo real, es que la mujer no complementa al varón y viceversa. Pareciera así, que la individualidad básica se opusiera al amor. Pero el individualismo no es egoísmo, forma parte de la inteligencia emocional. Si estás en un momento de “soledad” no permitas que la desolación se adueñe de ti, y haga que te relaciones con otra persona que te mantenga “entretenido”, convertir esos momentos en compasión hacia ti mismo, será una forma inteligente de empezar a amar, estarás empezando por ti, el entretenimiento, el amar demasiado, la excesiva generosidad hacia el otro podrás corregirla, porque una persona madura, bien constituida como individuo, puede estar tranquilamente solo. No tendrá miedo a la fusión romántica, ni se conformará con entretenimientos, porque el individualismo y la inteligencia emocional predominarán sobre el amor, ese nuevo concepto de amor, que no está basado ni en fantasías, ni en necesidades. Acabarás por establecer un nuevo tipo de alianza amorosa, más parecida con la amistad, menos posesiva y nada dominadora, en un sentimiento que es más que el amor. Un nuevo tipo de romance. Eliges esta nueva actitud de amor, porque te amas a ti, porque sabes y te sientes digno, ¡eliges lo mejor que puede darte la vida!
ELIZABETH CANTERO REVISTA VERDEMENTE, MES OCTUBRE 2004, No. 73 |


