|
Comienza el nuevo año…, ¿apostamos por el amor?
Siempre se ha oído hablar del “amor platónico”, no resulta extraño, aún en nuestros días escuchar frases como: “sufre de mal de amores”. Aunque son expresiones que hablan de cosas distintas, una es el enamoramiento unilateral e imposible o bilateral pero nuevamente imposible porque alguna de las partes o ambas así lo deciden y otra es el mal de amores que este platonismo puede producir. Sin embargo también está el mal de amores después de un rompimiento de una relación, pero qué pasa cuando no se logra hacer el duelo de ese rompimiento, cuando ese mal de amores se ancla demasiado tiempo, cuando imposibilita la vida cotidiana de esa persona. ¿Sería correcto seguir hablando de amor, o estaría presente otra cosa?. Pareciera que se trata de ambas. Una lucha inconsciente por ganar una pelea que está perdida desde el mismo momento en que se enviste así una relación amorosa, y sí, se habla de amor, sólo que es un amor enfermo, es un mal querer, tanto para el que lo sufre como para el contenedor de ese enamoramiento que se irá convirtiendo en patológico e insano. Se trata entonces también de vanidad, de egocentrismo. Estos amores que no permiten la alteridad, la libertad de otro de poder decidir que no quiere continuar una relación, o la sumisión del enamorado que es capaz de sufrir todo tipo de vejaciones por parte del otro con tal de no terminar, “de no estar sólo”, habla de un amor extremadamente idealizado. Por supuesto que el amor es narcisista, por supuesto que se quiere a ese otro que te devuelve alagos, alabanzas y buenos momentos, lo peligroso estaría, no en la diferencia de que ese otro se vista de verde y morado y te gustaría que lo hiciera de marrones y azúles, sino cuando esos alagos vienen alternados por puños, por bofetones morales, por abusos de cualquier índole. Al permitir este tipo de relaciones se pretende casi un milagro, que se haga realidad un cuento de hadas en la vida real y que a través de un beso de ¿amor? el pobre sapo se convierta en príncipe. Se ha idealizado al amor, al amado, se ama desde una posición infantil sin resolver. Después en la consulta se demuestra como estas personas que se sienten víctimas de este mal de amores, en consecuencia también platónico, también son agresoras, también maltratan y mal dicen, a la final, no dan. Así, la llamada relación de amor en realidad habla de otra cosa, de una lucha de poder, de un egocentrismo equivocado. Ignace Leep, en su texto Psicoanálisis del Amor lo describe así: “…Estas personas aman, carnal y sentimentalmente, a otra, pero este amor no logra arrancarlas de su egocentrismo. Su amor no es objetivo, sino captativo; exigen pero se niegan a dar y, sobre todo a darse (…). Pero su narcisismo se explica por los residuos del infantilismo afectivo no liquidado por completo. De ello resultan penosos conflictos para el propio sujeto y un gran sufrimiento para la persona amada.” (Leep, 1960, P.95) A modo de ejemplo de lo expuesto, en el texto El banquete de Platón, Sócrates ante el enamoramiento que le profesa Alcibíades, llenándolo de alabanzas y alagos y proponiéndole sea su amante, contesta lo siguiente: “…si en efecto es verdad lo que dices de mí y hay en mí algún poder mediante el cual tú podrías hacerte mejor (…), estarías viendo en mí una belleza indescriptible (…). Por eso, si al contemplarla intentas compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es posible lo que piensa obtener de mí, sino que intentas adquirir, a cambio lo que es bello en apariencia, lo que es verdaderamente bello y en realidad pretendes trocar oro por bronce. Pero,(…) examínalo mejor, no sea que te pase inadvertido que no soy nada. Ten por seguro que vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando la de los ojos comienza a perder su pujanza, y tú estas aún lejos de eso.” (Platón, 2006, P. 136) [las negritas son mías]. Si está muy bien enamorarse y admirar a la persona que se ama, quererla, procurarle bien y tener muestras de afecto y “buen” aprecio por esa persona, pero cuidado con destituirse, con difuminarse en presencia del otro, cuando eso sucede, cuando sólo la lucha o el máximo silencio son las únicas vías que posibilitan esa relación, ¡cuidado!, se está en problemas. De todas las expresiones de amor que existen en todas las lenguas, la profesada en italiano pareciera la más exacta: “ti voglio bene”, te quiero bien, no es te quiero nada más, que pone de manifiesto el deseo del amante, sino te quiero bien, que pone de manifiesto el deseo del amante pero también el bienestar del amado. Trata del eslogan religioso tan oído y trabajado tanto en psicoanálisis como en otras teorías: “ama al prójimo como a ti mismo”, como a ti mismo, y cuando eso no es así, cuando se es capaz de: morir por amor, dar lo que sea, decir: no vivo sino está , hay un sentimiento que se ha enfermado y lo más recomendable es buscar ayuda. No existen ni sapos ni príncipes azúles, la mujer no tiene porque ser una mujer muerta encerrada en un castillo esperando un beso que la rescate y la haga persona, que le posibilite vivir, eso es colocar en el otro una responsabilidad que sólo es individual. Para que una relación sea real y duradera amerita mucha paciencia, trabajo y amor, pero eso no incluye lo que sea, el vale todo, el ni contigo ni sin ti. “…Cuando el amor platónico es fruto de la represión neurótica de la sexualidad, no hay ningún derecho a alentarlo. Podrían resultar de ello inhibiciones para el interesado y a menudo también mucho daño para los demás. Para remediar este tipo de amor hay que terminar con el infantilismo afectivo, tarea que sólo la psicoterapia está en condiciones de cumplir.” (Leep, 1960, P.95) Estamos comenzando un nuevo año, quizás es un buen momento para darnos y profesar a su vez, lo mejor que puede darnos la vida. Ese sí es un derecho y asumido con exactitud, un deber, una toma de responsabilidad de nuestra propia vida que puede procurarnos un destino diferente.
ELIZABETH CANTERO REVISTA ESPACIO HUMANO, MES ENERO 2009,No.126 |



